Este Radar observa la inteligencia artificial junto con las infraestructuras sociales que producen sus datos, categorías y representaciones. Algunos de los casos tratan directamente sobre sistemas de IA. Otros muestran el trabajo previo mediante el que una lengua o una práctica cultural se convierte en un material registrable, comparable y reutilizable.

Hacer visible puede significar reconocer una lengua, ampliar la circulación de una tradición o mejorar el acceso público a un conocimiento. También implica seleccionar. Hay que decidir quién puede registrar, qué versión se conserva, en qué formato circula y bajo qué condiciones otra institución podrá utilizarla.

Tres iniciativas recientes permiten seguir ese proceso. UNESCO ha abierto una incubadora para proyectos indígenas de gobernanza de datos lingüísticos y culturales. En Indonesia y Timor-Leste, una actualización de ichLinks presenta los resultados de un programa de 2024 que convirtió prácticas de patrimonio vivo en cortometrajes. En África Oriental, las Resoluciones de Buyumbura sitúan el kiswahili como infraestructura estratégica para la IA y anuncian el desarrollo de un sistema regional de certificación.

En los tres casos, la visibilidad aparece menos como un estado que como una relación de poder.

Los datos no son comunes solo porque estén abiertos

El 27 de julio, UNESCO abrió la convocatoria del Indigenous Language Data Commons Incubator, una iniciativa destinada a equipos liderados por pueblos indígenas que quieran desarrollar sistemas comunitarios para gobernar datos lingüísticos y culturales en la era de la IA. Las propuestas iniciales pueden presentarse hasta el 14 de agosto de 2026.

La convocatoria fue codiseñada con un comité global de 19 especialistas indígenas en datos lingüísticos y se implementará junto con The GovLab y Microsoft. Los equipos seleccionados recibirán mentoría, orientación técnica y apoyo para desarrollar sus iniciativas. Por ahora, se trata de una incubadora y no de una infraestructura ya evaluada en funcionamiento. La información disponible describe sus objetivos, pero todavía no permite conocer qué comunidades participarán, qué proyectos serán financiados ni cómo se resolverán desacuerdos concretos sobre el control de los datos.

La formulación de UNESCO resulta significativa. El problema no se presenta únicamente como falta de datos para entrenar modelos. La página identifica riesgos de extracción, uso indebido y pérdida de control sobre conocimientos culturales. Un data commons aparece así como un marco de decisión colectiva sobre cómo se recopilan, consultan y utilizan los materiales, y sobre cómo los beneficios pueden regresar a las comunidades.

Esta idea se aproxima a los principios CARE para la gobernanza de datos indígenas: beneficio colectivo, autoridad para controlar, responsabilidad y ética. CARE surgió como contrapeso a modelos de datos abiertos centrados principalmente en que la información sea localizable, accesible, interoperable y reutilizable. La apertura técnica no resuelve por sí sola las desigualdades históricas entre quienes producen conocimiento, quienes lo almacenan y quienes pueden transformarlo en productos científicos o comerciales.

La diferencia es importante para la IA. Un corpus puede ser accesible y, al mismo tiempo, haber sido reunido sin un consentimiento adecuado. Puede estar bien estructurado y excluir conocimientos que una comunidad no considera públicos. Puede ayudar a construir un traductor o un modelo de voz mientras desplaza la autoridad sobre la lengua hacia la institución que mantiene los servidores, las licencias o las herramientas.

La expresión “bien común” tampoco elimina los conflictos internos. Las comunidades no son actores homogéneos. Pueden existir desacuerdos entre generaciones, territorios, organizaciones, familias o autoridades sobre qué debe compartirse, quién puede representar al colectivo y durante cuánto tiempo es válido un consentimiento.

La asociación con Microsoft introduce otra tensión. El acceso a capacidades técnicas y financiación puede hacer posibles proyectos que de otro modo no avanzarían. A la vez, una infraestructura declarada comunitaria puede depender de estándares, servicios y conocimientos especializados controlados fuera de la comunidad. La convocatoria no demuestra apropiación corporativa, pero tampoco permite dar por resuelta esa asimetría.

Compartir datos no equivale a renunciar a decidir sobre ellos.

El criterio relevante no será cuántos materiales entren en un repositorio, sino qué capacidad conservarán los pueblos implicados para establecer permisos, limitar reutilizaciones, corregir representaciones, retirar contenidos y participar en el valor que esos datos produzcan.

Una práctica entra en el cuadro

El 29 de julio, con una actualización al día siguiente, UNESCO publicó una ficha detallada sobre la competición audiovisual ichLinks en Indonesia y Timor-Leste. La fecha de publicación puede hacerla parecer una iniciativa nueva, pero la propia página indica que el proyecto se desarrolló durante 2024. Debe leerse como una actualización retrospectiva de sus resultados, no como un programa iniciado esta semana.

La convocatoria recibió 59 propuestas: 37 de Indonesia y 22 de Timor-Leste. Un jurado conjunto seleccionó diez equipos finalistas, que participaron en talleres, recibieron microayudas y acompañamiento técnico, produjeron cortometrajes y presentaron sus trabajos en proyecciones públicas en Yogyakarta y Dili.

El programa partía de una desigualdad de reconocimiento. En Yogyakarta, las prácticas vivas asociadas al patrimonio suelen quedar eclipsadas por la visibilidad monumental del Eje Cosmológico. En Timor-Leste, el tejido tais concentra buena parte de la atención internacional, mientras otras expresiones culturales tienen una presencia pública menor.

La respuesta de ichLinks fue formar a personas jóvenes, estudiantes, practicantes culturales y creadoras de contenido para documentar ese patrimonio mediante vídeo. El proyecto presenta la narración digital como una forma de salvaguarda y transmisión intergeneracional. Sin embargo, una práctica no permanece intacta cuando entra en una cámara.

Para producir un cortometraje hay que delimitar un comienzo y un final, elegir protagonistas, ordenar acciones, seleccionar sonidos y explicar la práctica a una audiencia que puede desconocer su contexto. Una relación ritual, un oficio o una celebración se transforma en una unidad narrativa con una duración y un punto de vista.

Ese proceso puede abrir un espacio de autorrepresentación. Las personas jóvenes dejan de aparecer únicamente como receptoras de una tradición y se convierten en editoras y mediadoras de su circulación pública. Pero la visibilidad obtenida depende también de aprender qué imágenes, ritmos y relatos reconoce el formato audiovisual.

Ganar visibilidad también significa aprender a ser visible dentro de un formato.

La ficha de UNESCO explica la selección, la formación, las mentorías y la difusión final. No detalla, sin embargo, quién conserva los derechos sobre cada grabación, cómo se documentó el consentimiento de todas las personas filmadas o qué capacidad mantienen las comunidades para limitar reutilizaciones posteriores. La ausencia de esa información en la página no prueba que no existan protocolos; señala un aspecto que la presentación institucional deja fuera de campo.

Este caso no trata directamente sobre inteligencia artificial. Su relevancia para el Radar se encuentra en la infraestructura audiovisual que precede a muchos sistemas digitales. Antes de que un modelo pueda clasificar, recomendar o generar imágenes de patrimonio, alguien ha debido producir archivos, descripciones y selecciones. El conjunto visible no representa todo lo existente. Representa aquello que fue elegido, grabado, editado y puesto en circulación.

La cámara amplía el archivo, pero también participa en su forma.

Una lengua se convierte en infraestructura estratégica

Entre el 5 y el 7 de julio, responsables públicos, especialistas, personal académico, profesionales de la tecnología, jóvenes, editoriales y organizaciones regionales se reunieron en Buyumbura para la tercera Conferencia Internacional de Kiswahili y la quinta celebración del Día Mundial del Kiswahili de la Comunidad de África Oriental. La Comunidad de África Oriental publicó los resultados el 17 de julio bajo un título explícito: situar el kiswahili en el centro de la era de la inteligencia artificial.

Las Resoluciones de Buyumbura sobre kiswahili, multilingüismo e IA plantean tratar la lengua como infraestructura digital estratégica. Los Estados miembros proponen una hoja de ruta regional para digitalizar lenguas de África Oriental, crear corpus y conjuntos de datos compartidos, mantener mecanismos de normalización terminológica, ampliar becas y colaboración universitaria y promover la propiedad africana de los datos lingüísticos que alimentan los sistemas de IA.

La institución estima que el kiswahili es hablado por más de 250 millones de personas. Esa amplitud no elimina la desigualdad digital. Una lengua puede tener una gran circulación oral, educativa y política y seguir estando insuficientemente representada en herramientas de voz, traducción, búsqueda o generación de texto.

Uno de los anuncios más concretos fue el inicio del trabajo sobre el Kiswahili Trust Mark, o Alama ya Uthibitisho wa Kiswahili. La certificación pretende evaluar de forma independiente cómo los modelos de lenguaje comprenden, hablan y prestan servicios en kiswahili. Según la Comunidad de África Oriental, los criterios incluirán calidad lingüística, precisión terminológica, contexto cultural y seguridad. También se prevé un registro público de sistemas certificados.

El sello todavía no existe como mecanismo operativo. Las consultas con instituciones regionales, consejos de kiswahili y empresas tecnológicas deben definir el marco durante el próximo año. Presentarlo como un estándar ya consolidado confundiría un compromiso político con un resultado técnico.

La propuesta desplaza la evaluación de los modelos. No bastaría con que una herramienta produzca frases gramaticales o alcance una puntuación agregada. También debería responder ante criterios regionales sobre terminología, contexto y utilidad social.

Pero certificar una lengua exige decidir quién puede hablar en su nombre. El kiswahili reúne variedades, historias territoriales, registros urbanos y usos transfronterizos. La normalización puede facilitar la educación, los servicios públicos y el desarrollo tecnológico. También puede convertir determinadas instituciones o variedades en medida de corrección para todas las demás.

El dilema no invalida la certificación. Muestra su dimensión política. Un sello de confianza no solo mide a la máquina; distribuye autoridad entre organismos regionales, universidades, consejos lingüísticos, empresas y comunidades de hablantes.

La iniciativa anunció además un nuevo compendio de terminología de IA en kiswahili y una revista académica revisada por pares, Jarida la KAKAMA. Producir vocabulario técnico y conocimiento científico en la propia lengua evita que el debate sobre IA dependa enteramente de traducciones posteriores desde el inglés. Al mismo tiempo, cada término fijado participa en la construcción de aquello que la tecnología llegará a significar en la región.

Una lengua no entra en la IA únicamente como dato. Entra también como institución, norma y proyecto político.

La apuesta regional es relevante porque no se limita a pedir inclusión en modelos desarrollados en otros lugares. Intenta construir criterios propios de calidad y control. Su alcance real dependerá de la financiación, de la participación efectiva de hablantes diversos, de la apertura de los procesos de certificación y de quién conserve la infraestructura técnica.

Gobernar la visibilidad

Los tres casos pertenecen a escalas distintas. La incubadora de datos es una convocatoria global todavía sin resultados. ichLinks presenta ahora un proyecto audiovisual realizado en 2024. Las Resoluciones de Buyumbura anuncian una agenda regional y un sello que aún debe desarrollarse.

Su relación no consiste en que los tres utilicen inteligencia artificial. Consiste en que muestran las infraestructuras mediante las que algo llega a ser visible y utilizable para sistemas digitales.

En el primer caso, los datos lingüísticos se convierten en un bien gobernado mediante permisos, responsabilidades y expectativas de beneficio colectivo. En el segundo, una práctica cultural se convierte en una secuencia audiovisual preparada para circular. En el tercero, una lengua se convierte en infraestructura estratégica y en objeto de evaluación tecnológica.

La visibilidad puede corregir exclusiones históricas. También puede producir otras nuevas. Un conocimiento no digitalizado puede quedar fuera de un modelo, pero un conocimiento digitalizado sin autoridad comunitaria puede quedar disponible para usos no deseados. Una práctica poco conocida puede alcanzar nuevas audiencias, pero su versión filmada puede imponerse sobre variaciones menos espectaculares. Una lengua puede ganar herramientas y reconocimiento mientras una norma técnica reduce su diversidad interna.

Por eso gobernar lo visible implica más que decidir qué se muestra. Incluye establecer:

  • quién autoriza el registro;
  • quién controla el acceso;
  • qué formatos organizan la representación;
  • qué criterios determinan su calidad;
  • quién puede corregirla;
  • qué beneficios y responsabilidades produce su reutilización.

La inteligencia artificial aparece al final de algunas de estas cadenas y en medio de otras. Utiliza materiales previamente organizados, pero sus resultados regresan después al mundo social. Un modelo certificado puede reforzar una norma lingüística. Un sistema de recomendación puede hacer más visibles determinados vídeos. Una base de datos puede orientar financiación y políticas de revitalización.

¿Quién establece las condiciones bajo las que una lengua o una práctica puede ser vista, utilizada y reconocida como válida?

Pistas para seguir

  • Qué equipos serán seleccionados por la incubadora y qué poderes concretos conservarán sobre licencias, acceso y retirada de datos.
  • Cómo se regulan los derechos, el consentimiento y la reutilización de los vídeos producidos por iniciativas de patrimonio digital.
  • Quién participará en el diseño del Kiswahili Trust Mark y cómo representará variedades, registros y contextos lingüísticos distintos.

Referencias

Carroll, S. R., Garba, I., Figueroa-Rodríguez, O. L., Holbrook, J., Lovett, R., Materechera, S., Parsons, M., Raseroka, K., Rodriguez-Lonebear, D., Rowe, R., Sara, R., Walker, J. D., Anderson, J. y Hudson, M. (2020). The CARE Principles for Indigenous Data Governance. Data Science Journal, 19, 43.

East African Community. (2026, 17 de julio). East Africa Puts Kiswahili at the Heart of the Artificial Intelligence Era as Bujumbura Hosts the 5th EAC World Kiswahili Language Day Celebrations.

Global Indigenous Data Alliance. (s. f.). CARE Principles for Indigenous Data Governance.

UNESCO. (2026, 27 de julio). Call for Applications: Indigenous Language Data Commons Incubator.

UNESCO. (2026, 29 de julio; actualización del 30 de julio). ichLinks Video Competition: Capturing the Intangible Cultural Heritage.