Antropología e inteligencia artificial
Pluriversalizar la tecnología. Arturo Escobar ante la inteligencia artificial
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Entre febrero y octubre de 2026, Arturo Escobar ha llevado la inteligencia artificial a la pregunta que atraviesa su obra, la de quién define el progreso y a costa de qué mundos. Una lectura de sus intervenciones en Cali, CLACSO, Helsinki y Cuenca y de sus textos recientes sobre tecnología, cuidado y pluriverso.
Entre febrero y octubre de 2026, Arturo Escobar ha llevado la inteligencia artificial a la pregunta que atraviesa su obra desde hace tres décadas, la de quién define el progreso, con qué conocimientos y a costa de qué mundos. La más reciente de esas intervenciones fue la conferencia «La revolución del cuidado como respuesta a la inteligencia artificial», con la que la Universidad de Cuenca le rindió homenaje el 21 de octubre.
De Cali a Cuenca
El 28 de febrero, en Cali, Escobar abrió el primer módulo de la Escuela Ecosomática de Lugar a Dudas. El espacio publicó el guion de la sesión, «Rehacer nuestro hacer. Las artes de codiseñar el mundo», que contiene una de las formulaciones más rotundas de su obra reciente, «Hoy la principal fuerza anti-relacional es la IA» (Escobar, 2026a). En abril, Bloomsbury Academic publicó en acceso abierto Incomputable Earth, el volumen editado por Antonia Majaca que incluye un capítulo de Escobar con Michal Osterweil y Kriti Sharma sobre la reorientación de la tecnología y que se presentó el 20 de octubre en e-flux, en Brooklyn (Escobar, Osterweil y Sharma, 2026; e-flux, 2026). El 1 de julio, en el conversatorio virtual «Sentipensar las transiciones», organizado por la Cátedra Jorge Alonso y el grupo de trabajo de CLACSO Cuerpos, Territorios y Resistencias y moderado por Xochitl Leyva Solano, la inteligencia artificial ocupó ya un lugar central en su exposición (Escobar, 2026b). En septiembre llegaron la conferencia «The Revolution of Care: A Response to the AI Revolution» en la Universidad de Helsinki, el día 23, en un seminario presidido por Florencia Quesada Avendaño y Anja Nygren (Universidad de Helsinki, 2026), y una contribución al foro «Toward an Ecocivilization» de la Great Transition Campaign (Escobar, 2026c).
En Cuenca, la conferencia formó parte del encuentro anual del Pacto Ecosocial e Intercultural del Sur, red latinoamericana de intelectuales, movimientos sociales y personas investigadoras de la que Escobar es miembro, y la siguieron los reconocimientos del municipio, del Cabildo Popular por el Agua y de la universidad. Para la víspera se había anunciado una mesa con Maristella Svampa, Edgardo Lander, Miriam Lang y Gabriela Cabaña sobre geopolítica, inteligencia artificial, capitalismo de datos y transición energética (El Mercurio, 2026). En su propia intervención, Escobar presentó su análisis como «una hipótesis provisional, cuestionable» sobre una coyuntura dominada por la inteligencia artificial y el entramado de poder que la impulsa (Escobar, 2026d, 7:04).
El progreso como problema
En 1994 Escobar publicó en Current Anthropology «Welcome to Cyberia», uno de los primeros programas para una antropología de la cibercultura (Escobar, 1994). Un año después, La invención del Tercer Mundo analizó el desarrollo como un discurso que convirtió a buena parte del Sur global en objeto de intervención (Escobar, 1995). En esa lectura, el progreso funciona como una política del tiempo. Clasifica unas trayectorias como avanzadas y otras como atrasadas y convierte una forma particular de producir, conocer y habitar en horizonte general de la humanidad.
La conferencia de Cuenca reconstruyó esa genealogía a través de la historia de la técnica. Escobar situó en el trasfondo de la IA el «paradigma mecanicista del progreso» (Escobar, 2026d, 29:12) y recordó cómo las exposiciones universales, del Palacio de Cristal en 1851 a los zoológicos humanos de San Luis en 1904, ordenaron a los pueblos según su nivel tecnológico, y citó el estudio de Michael Adas sobre el modo en que el colonialismo hizo de las máquinas la medida de las sociedades (Adas, 1989). El vocabulario con el que hoy se describe la inteligencia artificial reactiva esa política del tiempo. Se habla de carrera, aceleración, liderazgo o riesgo de quedarse atrás, y esas palabras presentan una trayectoria técnica concreta como la única dirección posible.
El capítulo de Incomputable Earth parte del mismo diagnóstico. Su preludio describe un presente en el que la IA y otras tecnologías de vanguardia reducen dimensiones crecientes de la vida al cálculo bajo una espesa apariencia de progreso incuestionable (Escobar, Osterweil y Sharma, 2026, p. 128), y más adelante recoge una fórmula de Bayo Akomolafe, «The way isn’t forward, it’s awkward», para cuestionar los relatos patriarcales del progreso lineal, el crecimiento perpetuo y la predicción (p. 143). En Cuenca, Escobar lo formuló de manera directa. Caracterizó la IA como expresión de una ontología «instrumentalizadora y calculadora», próxima a lo que Heidegger llamó el encuadre técnico, que produce «narrativas del progreso infinito, de la abundancia infinita», y la comparó con el mundo feliz de Aldous Huxley (Escobar, 2026d, 1:02:24). En CLACSO vinculó la IA con una ontología instrumental y calculadora y con las narrativas modernas de crecimiento y consumo ilimitados, según la relatoría publicada del encuentro (Plascencia Barrera, 2026).
En el guion de Cali esa crítica adquiere un territorio. Escobar escribe que en el valle geográfico del río Cauca, transformado a lo largo del último siglo por la agroindustria azucarera, terricidio y progreso coinciden. La noción de terricidio es una elaboración colectiva del Movimiento de Mujeres y Diversidades Indígenas por el Buen Vivir, impulsada por la pensadora mapuche Moira Millán, su fundadora (Millán, 2024). Designa el asesinato de los ecosistemas tangibles, del ecosistema espiritual, de los pueblos y de todas las formas de vida, según la declaración que recoge el capítulo de Incomputable Earth, y así la presentó Escobar en Cuenca (Escobar, 2026d, 21:36). La pregunta que traslada a la inteligencia artificial tiene la forma de ese conflicto territorial, la de qué cuenta como progreso, desde qué posición se mide y quién soporta sus costes.
La inteligencia artificial como consumación de la separación
Escobar habla de la IA en singular, como nombre de un complejo sociotécnico que reúne algoritmos, infraestructuras, capital e imaginarios de automatización, y cuando se refiere a la racionalidad algorítmica su referente son las grandes plataformas corporativas. Con esa precisión presente, uno de los epígrafes del guion de Cali presenta la inteligencia artificial como consumación de la ontología de la separación, una forma históricamente construida de organizar la realidad mediante divisiones entre naturaleza y cultura, cuerpo y mente, individuo y comunidad, humanidad y resto de lo viviente. Esos dualismos se materializan en instituciones, economías, infraestructuras y artefactos que permiten tratar el territorio como recurso y el conocimiento como información separable de sus condiciones de producción.
El guion describe la IA como resultado de un entramado de cosmovisiones, narrativas, infraestructuras, diseños y prácticas tejido durante cinco siglos, una periodización que inscribe la técnica contemporánea en la larga duración de la expansión colonial, en sintonía con el programa de modernidad/colonialidad en el que Escobar participó junto a Aníbal Quijano, María Lugones o Edgardo Lander (Quijano, 2000; Lugones, 2008). En Cuenca leyó un pasaje de Lander según el cual el sentido común de los sectores hegemónicos del sistema mundo, con su caracterización colonial de la realidad, se convierte en el suelo sobre el que se construyen las respuestas que pueden dar los programas de IA (Escobar, 2026d, 31:20). El guion de Cali retoma además de Yanis Varoufakis la tesis del tecnofeudalismo, cuyo pilar sería la racionalidad algorítmica (Varoufakis, 2023).
El diagnóstico de economía política es prestado. La aportación de Escobar consiste en añadirle una capa ontológica que procede de su trabajo sobre el diseño (Escobar, 2016, 2018). Si diseñar herramientas equivale a diseñar modos de ser, una infraestructura de IA establece categorías, decide qué aspectos de la vida deben convertirse en datos, vuelve visibles unas relaciones e irrelevantes otras y distribuye la autoridad entre conocimientos. En la lectura que propone esta nota, la IA participa así en la fabricación del mundo en el que después parece limitarse a operar.
Alineación, poder y cuidado
En Cuenca, Escobar eligió como puerta de entrada al debate técnico el problema de la alineación, la cuestión de si los sistemas de IA pueden ajustarse a valores humanos. Su respuesta es escéptica. Esos sistemas tienen sus valores predeterminados por una ontología de la instrumentalización y de «la optimización compulsiva de la productividad» (Escobar, 2026d, 49:47), que describe como una ontología del descuido. Para sostenerlo recurrió a la tradición fenomenológica de la filosofía de la tecnología, de la conocida frase de John Haugeland según la cual a los ordenadores todo les da igual (Haugeland, 1979) a la crítica de Terry Winograd y Fernando Flores (1986), con quienes el capítulo de Incomputable Earth sitúa hoy a Escobar en un pequeño grupo de trabajo, y al trabajo de Francisco Varela. Cuidar exige un cuerpo que siente, y sin esa encarnación las máquinas pueden integrarse en prácticas de cuidado sin llegar a cuidar.
El problema técnico se inscribe en lo que llamó un campo de fuerzas, compuesto por la Ilustración oscura, para la que el problema es «la democracia misma» (Escobar, 2026d, 32:56), los aceleracionismos, un complejo industrial-militar de la IA cuya figura paradigmática es Palantir, cofundada por Peter Thiel y Alex Karp, y los gobiernos de extrema derecha. Ese entramado se asienta en territorios concretos, porque «la nube es un territorio también» (Escobar, 2026d, 36:18). El texto para la Great Transition Campaign reconoce al aceleracionismo de izquierda el mérito de preguntar si la IA podría dejar de ser un medio de producción optimizado para el beneficio, y concluye que «las tecnologías de IA llevan el trato descuidado de la Tierra a sus últimas consecuencias» (Escobar, 2026c; traducción propia).
Esta crítica plantea también un problema de gobernanza: quién tiene autoridad para diseñar los sistemas de IA y bajo qué criterios pueden controlarse sus efectos. La crítica convive con una apertura. El capítulo de Incomputable Earth reconoce un papel a la ciencia y la tecnología en las transiciones y menciona formas de inteligencia colectiva que lo digital hace posibles, una doble posición próxima a las herramientas convivenciales de Ivan Illich (1973).
Pluriversalizar el futuro
El capítulo llama monotecnologismo, en diálogo con la crítica de Yuk Hui a una única trayectoria técnica para todo el planeta, a la pretensión de universalidad de una lógica técnica organizada en torno al cálculo, el control y la extracción. Sus autoras y su autor describen una cibereconomía regida por lo que Safiya Umoja Noble llamó algoritmos de opresión (Noble, 2018) y sitúan la raíz del monotecnologismo en el monohumanismo descrito por Sylvia Wynter (2003) y en el patriarcado como fundamento de lo que Rita Segato denomina el proyecto histórico de las cosas, opuesto al proyecto histórico de los vínculos (Segato, 2018). En el mismo volumen escriben Yuk Hui, cuya noción de tecnodiversidad defiende la pluralidad de cosmotécnicas (Hui, 2020), Kate Crawford y Vladan Joler, que han documentado la cadena material y laboral de los sistemas de IA (Crawford y Joler, 2018; Crawford, 2021), y Katherine McKittrick, lectora central de Wynter (e-flux, 2026).
La respuesta se condensa en la pluriversalización de la tecnología. El pluriverso designa la coexistencia de maneras distintas de producir realidad, establecer relaciones y organizar la vida, y su traducción técnica exige más que la diversidad interna de un sistema. Una plataforma puede incorporar más idiomas y culturas sin modificar quién controla los modelos, qué cuenta como dato o qué objetivos se optimizan. Pluriversalizar supone que distintas colectividades intervengan en la definición de los fines, los criterios, las formas de propiedad y las condiciones materiales de las técnicas que afectan a sus vidas. En CLACSO, Escobar planteó esa tarea a la gente joven como la de lograr que la IA sirva para construir muchos mundos, más allá del que imaginan los tecnomillonarios de las grandes corporaciones (Escobar, 2026b). El capítulo lo concreta en dieciocho proposiciones, adaptadas de un trabajo previo de Escobar con Marisol de la Cadena sobre el diseño pluriversal (de la Cadena y Escobar, 2023), entre ellas tecnologías que reparen la trama de relaciones de cuerpos, lugares y paisajes, la recuperación de la capacidad de hacer la vida de forma colectiva y autónoma y una ética de la IA que favorezca los comunes digitales (Escobar, Osterweil y Sharma, 2026, pp. 144–146).
La revolución del cuidado aporta el criterio que orienta esa pluralización. Su fundamento es el principio relacional que Relationality desarrolló como política de la vida (Escobar, Osterweil y Sharma, 2024) y que el foro resume al afirmar que todo interexiste. En Cuenca lo apoyó en voces muy distintas, como la escritora michi saagiig nishnaabeg Leanne Betasamosake Simpson, para quien la forma en que vivimos hace el mundo (Simpson, 2025), Leonardo Boff, que entiende el cuidado como un modo de ser esencial, y la biología del amor de Humberto Maturana y Gerda Verden-Zöller, que sitúa la cooperación en el fundamento de lo humano frente a los relatos evolutivos centrados en la competencia y la agresión (Maturana y Verden-Zöller, 1993). Si la vida es constitutivamente relacional, evaluar una tecnología supone preguntar qué relaciones hace funcionar, y una herramienta muy eficiente puede erosionar la autonomía de una comunidad que otra más modesta ampliaría.
Preguntas abiertas
La propuesta deja varias cuestiones que la antropología está en condiciones de trabajar. La primera atañe a la escala de la categoría. En Cuenca, Escobar enumeró bajo un mismo encabezado los microprocesadores, los grandes modelos de lenguaje, el aprendizaje automático y los robots que matan. Esa agregación sostiene la crítica civilizatoria, aunque dificulta precisar dónde reside la separación que denuncia, si en los procedimientos de cálculo, en la propiedad, en las infraestructuras extractivas o en los usos institucionales, y deja fuera herramientas comunitarias como una aplicación de traducción para una lengua indígena. Las etnografías de Lucy Suchman (2007) o Nick Seaver (2017) muestran que esos efectos dependen de prácticas situadas.
La segunda se refiere a la traducción institucional. La pregunta de Escobar por quién regula a los reguladores señala el vacío sin resolverlo. Las dieciocho proposiciones ofrecen principios y dejan sin desarrollar quién posee el cómputo, cómo se gobiernan los datos, qué jurisdicción rige un sistema transnacional o qué ocurre cuando dos proyectos reclaman el mismo territorio, la misma agua o la misma energía. Los principios CARE para la gobernanza de datos indígenas ofrecen el ejemplo más acabado de traducción operativa (Carroll et al., 2020). Sus cuatro componentes, beneficio colectivo, autoridad para controlar, responsabilidad y ética, ofrecen criterios concretos para trasladar la relacionalidad a las políticas de gobernanza de datos indígenas, aunque su aplicación efectiva depende de las instituciones y los mecanismos que los incorporen.
La tercera concierne a las infraestructuras. La autonomía que Escobar defiende tiene un anclaje territorial, mientras que semiconductores, centros de datos y modelos fundacionales dependen de redes translocales de capital, energía, minerales y agua. Los trabajos de Maristella Svampa sobre el consenso de los commodities (Svampa, 2013) y de Miriam Lang sobre el colonialismo verde (Lang, Manahan y Bringel, 2024) ofrecen herramientas para pensar esa mediación, un cruce en el que ya trabajaba el programa de Cuenca.
La cuarta procede de lecturas que discuten el marco desde fuera. Shakir Mohamed, Marie-Therese Png y William Isaac proponen la teoría decolonial como prospectiva sociotécnica para reorientar la investigación en IA desde sus propias comunidades de práctica (Mohamed, Png e Isaac, 2020), una apuesta por transformar la disciplina desde dentro que convive con dificultad con la distancia ontológica de Escobar. Matteo Pasquinelli, que escribe en el mismo volumen, sostiene desde una perspectiva materialista que la historia de la IA es la de la automatización de la división del trabajo (Pasquinelli, 2023). La lectura de Escobar no excluye la materialidad: en CLACSO presentó un entramado de ontologías, narrativas, diseños, infraestructuras y prácticas que incluye también las infraestructuras de IA (Plascencia Barrera, 2026). El contraste con Pasquinelli no consiste, por tanto, en atender o no a lo material, sino en la prioridad explicativa que se otorga a las relaciones de producción y a las formas de producir realidad.
Hacia el final de su conferencia en Cuenca, Escobar recogió una frase que, según su relato, pronunció un mamo, autoridad espiritual de la Sierra Nevada de Santa Marta, «El peligro es un pueblo sin conciencia con un gran poder en las manos» (Escobar, 2026d, 1:05:22). Sus intervenciones llegan cuando la inteligencia artificial se describe con el vocabulario de la carrera, la aceleración y el liderazgo, y permiten examinar esa gramática antes de aceptarla como descripción neutral, preguntando qué relaciones sostiene una tecnología, qué territorios consume y a quién vuelve capaz de decidir. La revolución del cuidado sigue en construcción, y por ahora funciona como un criterio para disputar qué significa avanzar.
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