Colombia quiere construir inteligencia artificial propia. En mayo de 2026 activó la gobernanza de dos Modelos Fundacionales Soberanos: Bachué, orientado a salud y bienestar, y Chiminigagua, enfocado en sostenibilidad, territorio y medio ambiente.
La noticia permite formular una pregunta anterior al modelo. ¿Quién decide qué es salud, qué es territorio, qué conocimientos cuentan y qué vidas deben convertirse en datos para que una máquina pueda reconocerlas?
La pregunta no es abstracta.
En la frontera entre Colombia y Venezuela, DignifAI ofrece servicios de anotación de datos para inteligencia artificial mediante una iniciativa de inclusión laboral dirigida a población migrante venezolana. Allí hay personas que preparan, anotan y verifican información utilizada en procesos de entrenamiento de IA. Carlos Andrés Arroyave Bernal y Oscar Javier Maldonado Castañeda estudiaron precisamente esa relación entre trabajo, migración, dignidad e inteligencia artificial.
Entre ambas escenas —los modelos soberanos y quienes realizan trabajo de datos— aparece una de las preguntas que queremos seguir en AIthropology:
no solamente qué puede hacer una inteligencia artificial, sino qué mundo necesita para existir y qué mundo contribuye a producir.
En Colombia esa pregunta tiene una genealogía particularmente fértil.
Una intuición que empezó en Cyberia
En 1994, el antropólogo colombiano Arturo Escobar publicó Welcome to Cyberia: Notes on the Anthropology of Cyberculture en Current Anthropology. Mucho antes de que los sistemas generativos ocuparan nuestra vida cotidiana, propuso estudiar las tecnologías informáticas y biológicas como fenómenos culturales y no simplemente como herramientas externas que llegan a transformar la sociedad.
La intuición es decisiva.
Una tecnología no aparece después de que una sociedad haya decidido qué es una persona, un territorio, una enfermedad o un trabajo. También interviene en la producción de esas categorías.
La obra posterior de Escobar llevó esta idea hacia el pluriverso y el diseño ontológico. En Designs for the Pluriverse plantea que diseñar no consiste solamente en fabricar objetos o resolver problemas. El diseño participa en la creación de determinadas formas de existencia.
Aplicada a la inteligencia artificial, la propuesta adquiere una fuerza particular.
Un modelo selecciona variables, clasifica fenómenos, establece relaciones, optimiza objetivos y permite unas acciones mientras dificulta otras. Para poder calcular necesita decidir primero qué resulta calculable.
Todo sistema de IA contiene, por tanto, una teoría del mundo.
La cuestión política no empieza después, cuando intentamos regular el algoritmo. Está ya dentro de su arquitectura.
¿Qué significa bienestar para Bachué?
¿Qué cuenta como territorio para Chiminigagua?
¿Qué conocimientos serán incorporados a sus conjuntos de datos?
¿Quién podrá intervenir en esas definiciones?
El Ministerio TIC presenta la gobernanza de estos modelos como un proceso que articula al Estado, la academia, el sector salud, empresas y otros actores, con participación en casos de uso y conocimiento especializado. La pregunta escobariana permite ir un poco más lejos: ¿puede una IA ser realmente soberana si reproduce una única manera de convertir el mundo en datos?
No una escuela, sino una constelación
No existe una “escuela Escobar” en sentido estricto.
Myriam Jimeno, Diana Obregón, Derly Sánchez Vargas y Carlos Andrés Arroyave Bernal han desarrollado trayectorias propias desde la antropología, la historia, la sociología y los estudios sociales de ciencia y tecnología.
Pero sus trabajos permiten construir una constelación colombiana especialmente útil para pensar la inteligencia artificial.
Escobar pregunta qué mundos produce una tecnología.
Jimeno permite preguntar qué se pierde cuando una experiencia se convierte en dato.
Obregón investiga cómo una forma de conocimiento adquiere autoridad para definir la realidad.
Sánchez Vargas muestra cómo una infraestructura digital puede convertirse en una forma de regulación laboral.
Arroyave hace visible el trabajo humano que la narrativa de la automatización tiende a esconder.
No son variantes de una misma teoría. Son distintas lentes sobre un mismo ensamblaje sociotécnico.
Myriam Jimeno y aquello que no cabe en una variable
Myriam Jimeno, profesora emérita de la Universidad Nacional de Colombia, doctora por la Universidad de Brasília y exdirectora del Instituto Colombiano de Antropología e Historia en dos periodos, ha dedicado buena parte de su trayectoria a estudiar violencia, emociones, reconocimiento y recomposición social.
En Cultura y violencia: hacia una ética social del reconocimiento, Jimeno articula el análisis de estructuras históricas de violencia con las experiencias subjetivas de quienes las viven.
Su obra no estudia inteligencia artificial.
Precisamente por eso resulta útil.
Los sistemas algorítmicos necesitan traducir el mundo para poder procesarlo. Una historia clínica se convierte en campos. Una situación de pobreza, en indicadores. Un recorrido laboral, en variables. Una persona considerada vulnerable, en una categoría.
Esa traducción puede ser necesaria.
Pero nunca es neutra.
Cuantificar una experiencia no equivale a comprenderla.
Jimeno permite introducir en la discusión sobre IA aquello que queda fuera de la datificación: emociones, memoria, reconocimiento, relaciones sociales e historias que continúan existiendo aunque no puedan convertirse fácilmente en una variable.
La cuestión ya no es únicamente qué datos necesita un modelo.
Es también qué debe desaparecer de una experiencia para que esa experiencia pueda convertirse en dato.
Ese problema será especialmente importante si Colombia desarrolla modelos propios destinados a salud, servicios públicos o territorio.
De lo que el dato borra a quien decide qué dato vale
Pero hay una segunda pregunta.
Alguien tiene que determinar qué información constituye conocimiento legítimo.
Aquí aparece Diana Obregón Torres, historiadora de la ciencia colombiana y doctora en Science and Technology Studies por Virginia Tech.
En Batallas contra la lepra: Estado, medicina y ciencia en Colombia, Obregón reconstruyó cómo la medicina, la bacteriología, las estadísticas sanitarias y las instituciones públicas fueron configurando simultáneamente una enfermedad y las formas consideradas legítimas de intervenir sobre quienes la padecían.
La ciencia aparece aquí como práctica histórica.
Sus categorías se estabilizan mediante instituciones, controversias, profesiones, tecnologías y relaciones de poder.
Esta perspectiva resulta especialmente potente ahora que Colombia desarrolla Bachué como modelo fundacional relacionado con salud y bienestar.
Un sistema médico de IA no obtiene autoridad únicamente porque alcance un determinado nivel de precisión.
Antes han tenido que ocurrir muchas otras cosas.
Alguien decidió qué constituye una enfermedad.
Alguien determinó qué observaciones se registran.
Un sistema sanitario acumuló determinados datos y no otros.
Instituciones concretas legitimaron unos conocimientos.
Otros quedaron fuera.
La pregunta de Obregón aplicada a la IA es sencilla y profundamente política:
¿cómo consigue un algoritmo adquirir autoridad para decidir?
Carlos Andrés Arroyave y Oscar Javier Maldonado han llevado esta cuestión hacia la inteligencia artificial contemporánea. En Promesas algorítmicas estudian los imaginarios sociotécnicos alrededor de la IA en el cuidado de la salud, desplazando la atención desde las prestaciones de una herramienta hacia las expectativas, discursos e instituciones que participan en su legitimación.
La autoridad algorítmica también necesita ser construida.
Cuando el código se convierte en regulación
La tercera lente nos lleva desde el conocimiento hacia el trabajo.
Derly Yohanna Sánchez Vargas, de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario, ha investigado la economía de plataformas y las relaciones sociotécnicas del trabajo digital en Colombia.
Junto con Oscar Javier Maldonado Castañeda y Mabel Rocío Hernández Díaz, estudió las condiciones regulatorias de las plataformas digitales de reparto en Technolegal Expulsions: Platform Food Delivery Workers and Work Regulations in Colombia.
Su concepto de “expulsiones tecnolegales” describe un desplazamiento fundamental.
Las plataformas no existen fuera de la regulación.
Construyen una determinada arquitectura técnica, contractual y jurídica que puede trasladar relaciones laborales hacia espacios donde los derechos de quienes trabajan resultan más difíciles de reconocer.
El software participa así en la organización del trabajo.
Una aplicación distribuye tareas.
Registra tiempos.
Produce puntuaciones.
Puede condicionar el acceso futuro al trabajo.
Lo relevante para una antropología de la IA es que estas decisiones pueden aparecer ante quien las recibe como el funcionamiento impersonal de un sistema.
“No lo decidió nadie.”
“Lo decidió el algoritmo.”
Pero esa separación es ficticia.
El código no elimina la regulación. Puede convertirse en una de sus formas.
Lo que aparece en pantalla como una decisión técnica puede ser, al mismo tiempo, una decisión económica y política.
La frontera donde la IA vuelve a tener cuerpo
Y entonces llegamos a Carlos Andrés Arroyave Bernal.
Sociólogo, doctor en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad Nacional de Colombia y vinculado a la Universidad Externado de Colombia, trabaja sobre ciencia, medicina e inteligencia artificial.
Su investigación junto con Oscar Javier Maldonado sobre DignifAI convierte toda esta discusión en un caso material.
Dignity as a commodity? Labour dynamics and partial inclusion among data annotators in artificial intelligence in Colombia, publicado en Globalizations en 2025, estudia DignifAI, un proveedor de servicios de anotación de IA situado en la frontera colombo-venezolana cuya iniciativa busca ofrecer oportunidades de empleo digno a población migrante venezolana.
La investigación se basa en entrevistas con personas trabajadoras, responsables y agentes institucionales vinculados al programa.
Aquí desaparece la ficción de una inteligencia artificial inmaterial.
Para que determinados sistemas puedan clasificar imágenes, interpretar lenguaje o reconocer patrones existen personas que preparan y anotan datos.
Hay aprendizaje automático porque antes hubo trabajo humano.
Pero Arroyave y Maldonado evitan reducir esa relación a una oposición simple entre explotación y emancipación.
Estudian la inclusión parcial y la manera en que la noción de dignidad interviene en la transformación de la capacidad de trabajo en mercancía. Su análisis incorpora las tensiones entre inclusión humanitaria y vulnerabilidad, pero también autonomía, control y consentimiento.
Esto importa porque permite escapar de dos relatos igualmente pobres.
Uno afirma que la IA eliminará el trabajo humano.
El otro responde que toda anotación de datos constituye necesariamente una forma idéntica de explotación.
La investigación introduce algo más incómodo: relaciones laborales concretas, atravesadas simultáneamente por necesidad, oportunidad, dependencia, aspiraciones y capacidad de acción.
La inteligencia artificial vuelve así a tener cuerpo.
Y territorio.
Y frontera.
La pregunta ya no es únicamente qué empleos sustituirá la IA, sino qué trabajo humano necesita hacer invisible para parecer inteligente.
Dos significados de soberanía
Aquí es donde la constelación colombiana conecta directamente con el presente.
Colombia cuenta desde febrero de 2025 con una Política Nacional de Inteligencia Artificial, el CONPES 4144. Su hoja de ruta establece más de cien acciones hasta 2030 y una inversión prevista de 479.000 millones de pesos. Sus seis ejes incluyen gobernanza y ética, infraestructura y datos, investigación e innovación, talento, prevención de riesgos y adopción de IA en instituciones, empresas y territorios.
A finales de diciembre de 2025 el Gobierno presentó la Guía Ética para la Implementación, Desarrollo y Uso de Sistemas de Inteligencia Artificial en Entidades Públicas de Colombia. MinTIC la difundió de nuevo a comienzos de enero de 2026 dentro del despliegue del CONPES.
El 22 de abril de 2026, MinTIC publicó además lineamientos específicos de seguridad y privacidad para sistemas de IA en entidades públicas.
Y el 22 de mayo de 2026 presentó la gobernanza de los Modelos Fundacionales Soberanos Bachué y Chiminigagua.
La secuencia importa.
Colombia ya no discute únicamente cómo utilizar modelos construidos en otros lugares. Está empezando a plantearse cómo construirlos y gobernarlos.
Pero precisamente por eso la antropología se vuelve más necesaria, no menos.
Porque existen al menos dos maneras de entender la soberanía tecnológica.
Una es disponer de infraestructura, capacidad de cómputo, datos, talento y modelos propios.
La otra es poder decidir colectivamente qué conocimientos incorpora una tecnología, qué categorías utiliza, qué relaciones laborales sostiene y qué mundos permite imaginar.
La primera puede medirse en centros de datos, parámetros o capacidad computacional.
La segunda exige política, antropología y participación social.
Cinco lentes para mirar una misma máquina
La constelación que hemos recorrido permite observar diferentes capas de un mismo sistema.
Escobar nos obliga a mirar la ontología que contiene el diseño.
Jimeno, aquello que desaparece durante la conversión de una experiencia en dato.
Obregón, las instituciones que convierten ciertos conocimientos en autoridad.
Sánchez Vargas, la regulación que puede esconderse dentro de una infraestructura digital.
Arroyave, el trabajo humano y las relaciones sociales que hacen materialmente posible la inteligencia artificial.
La secuencia permite desplazar el debate:
de modelo a mundo; de dato a experiencia; de precisión a autoridad; de software a gobernanza; de automatización a trabajo.
Ese desplazamiento es una de las contribuciones más fértiles que puede hacer la antropología al debate contemporáneo sobre IA.
Lo que este Radar deja abierto
Bachué y Chiminigagua ofrecen ahora un laboratorio especialmente interesante.
No solo habrá que observar sus capacidades técnicas.
Habrá que seguir quién participa en su gobernanza, qué conjuntos de datos utilizan, cómo representan la diversidad territorial del país, qué conocimientos incorporan, qué formas de trabajo sostienen su desarrollo y de qué manera las personas y comunidades podrán disputar sus decisiones.
También habrá que preguntar qué significa realmente que un modelo sea colombiano.
¿Que haya sido entrenado en Colombia?
¿Que utilice datos colombianos?
¿Que su infraestructura esté bajo control nacional?
¿O que las comunidades cuyos mundos pretende representar puedan intervenir en las categorías con las que el sistema las convierte en datos?
La obra que hemos recorrido no ofrece una receta.
Ofrece algo quizá más útil: un conjunto de herramientas para no confundir soberanía tecnológica con soberanía computacional.
De Cyberia al presente
En 1994 Escobar pedía a la antropología que tomara en serio las tecnologías digitales como espacios de producción cultural.
Treinta y dos años después, la escala ha cambiado.
Los sistemas algorítmicos participan en la medicina, el trabajo, la administración pública, la comunicación y la producción de conocimiento. Colombia comienza además a construir modelos que aspiran explícitamente a responder a su salud, su territorio y sus necesidades.
La pregunta de Cyberia ya no pertenece únicamente a la antropología de la tecnología.
Se ha convertido en una pregunta política.
La inteligencia artificial que Colombia construya no será soberana solamente porque el modelo sea propio. Lo será en la medida en que las personas, territorios y conocimientos que pretende representar puedan participar también en la definición del mundo que ese modelo hace computable.
Y ahí aparece la hipótesis que este Radar propone seguir:
la disputa decisiva de la inteligencia artificial no será únicamente por quién posee los modelos, sino por quién tiene derecho a definir los mundos que esos modelos aprenden a reconocer.
Referencias
- Arroyave Bernal, Carlos Andrés y Oscar Javier Maldonado Castañeda. 2025. “Dignity as a Commodity? Labour Dynamics and Partial Inclusion among Data Annotators in Artificial Intelligence in Colombia”. Globalizations. https://doi.org/10.1080/14747731.2025.2484894
- Departamento Nacional de Planeación. 2025. “CONPES 4144: La hoja de ruta de Colombia en Inteligencia Artificial para los retos actuales y la transformación futura”. https://dnp.gov.co/publicaciones/Planeacion/Paginas/conpes-4144-hoja-de-ruta-colombia-inteligencia-artificial-retos-actuales-transformacion-futura.aspx
- Escobar, Arturo. 1994. “Welcome to Cyberia: Notes on the Anthropology of Cyberculture”. Current Anthropology 35(3), 211–231. https://doi.org/10.1086/204266
- Escobar, Arturo. 2018. Designs for the Pluriverse: Radical Interdependence, Autonomy, and the Making of Worlds. Duke University Press.
- Gobierno de Colombia. 2025. Guía Ética para la Implementación, Desarrollo y Uso de Sistemas de Inteligencia Artificial en Entidades Públicas de Colombia. https://www.dnp.gov.co/Prensa_/Noticias/Paginas/gobierno-impulsa-guia-etica-de-inteligencia-artificial.aspx
- Jimeno, Myriam. 2019. Cultura y violencia: hacia una ética social del reconocimiento. Universidad Nacional de Colombia.
- Maldonado Castañeda, Oscar Javier y Carlos Andrés Arroyave Bernal. 2024. “Promesas algorítmicas: una exploración a los imaginarios sociotécnicos de la Inteligencia Artificial en el cuidado de la salud”. En Derecho, poder y datos. Aproximaciones críticas al derecho y las nuevas tecnologías. Universidad de los Andes. https://ediciones.uniandes.edu.co/gpd-derecho-poder-y-datos-9789587986907-67f06cc41d6fc.html
- Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones. 2026. “Ministerio TIC publica lineamientos de seguridad y privacidad de la información para sistemas de inteligencia artificial”. 22 de abril de 2026. https://www.mintic.gov.co/portal/715/w3-article-437197.html
- Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones. 2026. “Colombia activa modelo de gobernanza de IA y avanza en soberanía tecnológica”. 22 de mayo de 2026. https://www.mintic.gov.co/portal/715/w3-article-438177.html
- Obregón Torres, Diana. 2002. Batallas contra la lepra: Estado, medicina y ciencia en Colombia. Banco de la República / Universidad EAFIT.
- Sánchez Vargas, Derly Yohanna, Oscar Javier Maldonado Castañeda y Mabel Rocío Hernández Díaz. 2022. “Technolegal Expulsions: Platform Food Delivery Workers and Work Regulations in Colombia”. Journal of Labor and Society 25(1), 33–59. https://doi.org/10.1163/24714607-bja10009
Nota sobre fuentes
Los hitos de política pública de 2025–2026 se han verificado contra fuentes oficiales del DNP y del Ministerio TIC. Las conexiones entre Jimeno u Obregón y la inteligencia artificial son una lectura analítica de AIthropology Lab: sus obras citadas no estudian directamente sistemas de IA. En DignifAI se mantienen las categorías utilizadas por Arroyave y Maldonado —inclusión parcial, dignidad, autonomía, control y consentimiento— sin añadir cifras o condiciones laborales no documentadas por el artículo.