Notas
El derecho a no aparecer

Del safari humano a la mirada algorítmica: cuando el aislamiento indígena se convierte en contenido y la negativa al contacto adquiere valor.
Cuando el aislamiento indígena se convierte en contenido, el viejo human safari encuentra una nueva infraestructura: cámaras, plataformas, métricas y sistemas de recomendación.
El 29 de marzo de 2025, Mykhailo Viktorovych Polyakov llegó en una pequeña embarcación a Sentinel del Norte, una isla del archipiélago de Andamán y Nicobar cuyo acceso está prohibido. Había estudiado las mareas y los posibles accesos. Durante aproximadamente una hora hizo sonar un silbato desde el agua. Después desembarcó durante unos minutos con una GoPro, un coco y una lata de Diet Coke, grabó imágenes y recogió arena antes de marcharse. Fue detenido dos días más tarde.
No logró establecer contacto con el pueblo sentinelés. Sí consiguió otra cosa: imágenes.
La legislación y las medidas de protección indias impiden el acceso a la isla y a los cinco kilómetros de mar que la rodean. En 2019, el Gobierno de India volvió a describir su política hacia el pueblo sentinelés mediante una fórmula utilizada desde años antes: eyes-on and hands-off. Observar para impedir intrusiones, pero no intervenir en su forma de vida. Toda Sentinel del Norte, junto con esos cinco kilómetros de mar costero medidos desde la línea de pleamar, está notificada como reserva tribal; la Guardia Costera y la policía marítima realizan tareas de vigilancia (Government of India, 2019; Roy, 2025).
Polyakov acabó declarándose culpable. Fue condenado a 25 días de prisión y a una multa de 15.000 rupias. El riesgo que había introducido, sin embargo, no se mide bien en días de cárcel. El contacto con poblaciones en aislamiento puede introducir enfermedades frente a las que existe una enorme vulnerabilidad y, sobre todo, rompe una decisión que no necesita ser explicada para ser respetada: no mantener contacto.
Año y medio después, el episodio adquiere otro significado.
Una investigación publicada por Elle Hunt en The Guardian el 5 de septiembre de 2026 describe una amenaza que organizaciones dedicadas a la protección de pueblos indígenas en aislamiento consideran emergente: personas creadoras de contenido que buscan acercarse, localizar o filmar comunidades cuya separación del exterior forma parte precisamente de aquello que debería ser protegido.
Survival International monitoriza alrededor de una docena de cuentas de YouTube, TikTok e Instagram relacionadas con contenidos sobre pueblos en aislamiento. En conjunto suman más de 40 millones de seguidores. Eso no significa que todas intenten realizar contactos ilegales ni que toda representación de comunidades indígenas sea explotación. El propio reportaje recoge prácticas, posiciones y relaciones muy diferentes.
La frontera ética aparece en otro lugar: no es lo mismo documentar una comunidad que participa en esa relación que intentar localizar a quienes no han consentido ser encontrados.
Del safari humano al feed
El caso de Sentinel del Norte no debe confundirse con el del pueblo jarawa.
El aislamiento sentinelés es extremo y el acceso a su territorio está estrictamente prohibido. El pueblo jarawa, también en las islas Andamán, ha sufrido en cambio una larga historia de contacto forzado, circulación por su territorio y explotación turística alrededor de la Andaman Trunk Road. Durante años se denunciaron allí los llamados human safaris, recorridos en los que personas jarawa eran tratadas como una atracción.
Precisamente por esa diferencia resulta útil la investigación publicada en abril de 2026 por Amitabh Vikram Dwivedi en eTropic, Jarawa as Spectacle 2.0: Tropical Tourism’s Algorithmic “Human Safari” in the Andaman Islands.
Las prohibiciones físicas y las zonas de protección intentaron reducir aquellos safaris. Pero prohibir el recorrido no hizo desaparecer necesariamente la demanda que lo producía.
Dwivedi observa su migración al entorno digital mediante una etnografía de plataformas, documentos legales, investigaciones periodísticas y una auditoría de resultados de búsqueda, vídeos, publicaciones e indicaciones de viaje. Su concepto central es la mirada algorítmica.
En el safari convencional, alguien mira y alguien es convertido en objeto de esa mirada. En su versión digital aparece además una infraestructura capaz de registrar qué despierta atención, ordenar los contenidos, recomendar otros semejantes y convertir algunas formas de curiosidad en itinerarios reproducibles.
La plataforma no inventó el exotismo colonial. Tampoco inventó el deseo de observar a quienes han sido construidos históricamente como remotos, primitivos o fuera del tiempo. Pero puede organizar esa mirada, amplificarla y premiarla.
Dwivedi encuentra imágenes y vídeos que circulan junto a pistas prácticas de viaje mientras el contexto jurídico y ético pierde visibilidad. YouTube y redes de mensajería pueden contribuir así a transformar la curiosidad en planificación.
La frontera protegida sobre el terreno se vuelve permeable en la información.
La antropología llevaba tiempo interrogando esa relación. Orobitg Canal (2008) entiende la mirada como una relación entre quien observa y la realidad observada; Hirai (2002) mostró cómo imágenes producidas desde fuera pueden reordenar lugares y culturas según expectativas ajenas, y cómo algunas comunidades resisten a quedar codificadas por esa mirada. La mirada algorítmica no inaugura el problema. Cambia su escala y convierte representación en recomendación.
Cuando la negativa también produce valor
Las economías coloniales aprendieron a convertir territorios, minerales, plantas, cuerpos y conocimientos en recursos. La economía de la atención puede realizar una operación adicional: convertir la inaccesibilidad misma en valor.
Cuanto más difícil resulta llegar a alguien, mayor puede ser la exclusividad de conseguir sus imágenes.
Cuanto más explícita es una negativa al contacto, mayor puede ser la promesa narrativa del supuesto primer encuentro.
Cuanto menos se sabe de una comunidad, más espacio queda para presentarla como “lost tribes” (“pueblos perdidos”), “secreta”, “salvaje” o situada fuera de la modernidad.
The Guardian muestra la gramática de ese mercado. Algunos contenidos sobre comunidades indígenas se anuncian mediante esas denominaciones o categorías deliberadamente extremas. Vídeos de ese tipo pueden alcanzar millones de visualizaciones. La espectacularización no comienza necesariamente en el encuentro. Puede comenzar mucho antes, en el título, la miniatura y la promesa de acceso a aquello que otras personas no pueden ver.
Por eso el consentimiento no puede reducirse a pedir permiso una vez que la cámara ya ha atravesado el territorio.
Valladares de la Cruz (2014) recuerda que la ética antropológica alcanza también la imagen que se construye de otras personas y comunidades, además del consentimiento, el anonimato y la transparencia. En la economía de las plataformas, esa responsabilidad alcanza también a quien graba, publica, recomienda y monetiza.
No contacto también significa autodeterminación
El 29 de enero de 2026, organizaciones y representantes indígenas y de la sociedad civil reunidos en Yakarta aprobaron una declaración internacional para la protección de los pueblos indígenas en aislamiento.
Su formulación es importante porque desplaza la imagen de comunidades “no descubiertas”. Habla de pueblos que viven con contacto limitado o que eligen no mantener contacto y sitúa esa elección dentro de sus derechos colectivos.
La Declaración de Yakarta reclama el cese del contacto forzado, la protección absoluta de los territorios y la creación de zonas de exclusión. Entre quienes pueden vulnerar esos principios menciona expresamente a Estados y empresas, pero también a “misioneros, turistas de aventura e influencers” —traducción propia— (Jakarta Declaration, 2026).
El documento da además una interpretación especialmente significativa al consentimiento libre, previo e informado cuando se trata de pueblos en aislamiento: debe traducirse en no intervención.
No estamos, por tanto, ante una simple reivindicación de privacidad.
El aislamiento puede constituir una estrategia de supervivencia frente a historias de violencia, epidemias, desposesión y contacto forzado. Naciones Unidas vincula el respeto a la autodeterminación con la capacidad de los pueblos indígenas para decidir libremente su condición política y su desarrollo, y reconoce derechos específicos sobre sus tierras y territorios (United Nations, 2007, arts. 3 y 32). Las directrices de OHCHR para pueblos en aislamiento trasladan esos principios al no contacto y subrayan la protección de la vida, la integridad física y cultural, la autodeterminación y los territorios (OHCHR, 2012).
Un pueblo que permanece fuera de nuestras redes no está necesariamente esperando ser descubierto.
Su ausencia de nuestras pantallas no constituye un vacío informativo pendiente de ser rellenado.
El derecho a no aparecer
Podríamos llamarlo el derecho a no aparecer.
No como una nueva categoría jurídica que ya exista con ese nombre, sino como una manera de reunir principios reconocidos —autodeterminación, no contacto, integridad territorial y consentimiento— y trasladarlos a un problema específicamente digital.
Tampoco es exactamente el derecho al olvido. El derecho al olvido actúa sobre información que ya ha sido capturada y difundida. El derecho a no aparecer plantea una pregunta anterior: ¿había derecho a realizar esa captura?
Las tecnologías contemporáneas están construidas alrededor de una aspiración casi opuesta. Cartografiar. Fotografiar. Indexar. Geolocalizar. Convertir en datos. Recomendar lo parecido a aquello que consiguió nuestra atención.
Incluso muchas conversaciones sobre inclusión digital parten de una presunción bienintencionada: estar conectado equivale a estar incluido.
Los pueblos en aislamiento introducen una anomalía radical en ese relato. Recuerdan que también puede existir soberanía en permanecer fuera.
Y esa cuestión desborda Sentinel del Norte.
En un mundo de reconocimiento facial, extracción masiva de datos, modelos entrenados con materiales obtenidos sin consentimiento y sistemas donde desaparecer de un índice resulta extraordinariamente difícil, el caso extremo de los pueblos en aislamiento permite formular una pregunta más general: ¿hasta dónde llega el derecho de una infraestructura digital a convertir en información aquello que técnicamente puede observar?
Una frontera también digital
La investigación de Dwivedi no termina en la denuncia. Su conclusión reclama combinar la aplicación efectiva de las protecciones territoriales con responsabilidad de las plataformas y regímenes de consentimiento dirigidos por las propias comunidades.
Traducido al problema que observamos aquí, eso obliga al menos a discutir qué ocurre cuando un sistema de recomendación amplifica intentos de contacto, cuando una plataforma permite monetizarlos o cuando una búsqueda convierte coordenadas, rutas y pistas en instrucciones prácticas.
Desmonetizar contenidos que incentiven el contacto, evitar recomendaciones que transformen la curiosidad en un “cómo llegar”, contextualizar las prohibiciones legales o impedir que localizaciones sensibles circulen como información turística no solucionaría por sí solo un problema histórico mucho mayor. Pero reconocería algo elemental: una frontera destinada a proteger a una comunidad pierde parte de su eficacia si la infraestructura digital enseña cómo atravesarla.
Quizá por eso el gesto de Polyakov resulta tan representativo de este momento.
No llegó a Sentinel del Norte buscando caucho, oro o madera.
Llegó con una GoPro.
En la playa había muy poco que pudiera llevarse.
Salvo imágenes.
Nota editorial: AIthropology Lab no reproduce en esta pieza imágenes de pueblos indígenas en aislamiento ni proporciona rutas, coordenadas o instrucciones para acercarse a sus territorios.
Referencias
Dwivedi, A. V. (2026). Jarawa as Spectacle 2.0: Tropical Tourism’s Algorithmic “Human Safari” in the Andaman Islands. eTropic: Electronic Journal of Studies in the Tropics, 25(2), 65–96. https://doi.org/10.25120/etropic.25.2.2026.4267
Hirai, S. (2002). Viajes nostálgicos al terruño imaginario: La reconstrucción de lugar y cultura local en la comunidad transnacional a través de las contiendas de imágenes [Tesis de maestría, Universidad Autónoma Metropolitana]. BINDANI.
Orobitg Canal, G. (2008). Miradas antropológicas: Relaciones, representaciones y racionalidades. Fotografía, cine y texto en el contexto de la historia de la antropología. Documentos CIDOB. Dinámicas interculturales, (12), 51–84.
Valladares de la Cruz, L. R. (2014). La ética del quehacer antropológico en tiempos globales. En C. A. Denman Champion & M. del C. Castro Vásquez (Coords.), Ética en la investigación social: Experiencias y reflexiones (pp. 199–228). El Colegio de Sonora.
Government of India, Press Information Bureau. (2019, 5 de febrero). Sentinelese Tribe. Ministry of Home Affairs. https://www.pib.gov.in/PressReleasePage.aspx?PRID=1562728&lang=2®=48
Hunt, E. (2026, 5 de septiembre). ‘This is colonialism for clicks’: the influencers attempting to meet and film the world’s most isolated tribes. The Guardian. https://www.theguardian.com/world/2026/sep/05/colonialism-for-clicks-influencers-attempting-meet-film-worlds-most-isolated-tribes
Indigenous Peoples and Civil Society Organizations. (2026, 29 de enero). Jakarta Declaration: Indigenous Peoples and Civil Society Organizations for the Protection of Indigenous Peoples in Isolation.
Office of the United Nations High Commissioner for Human Rights. (2012). Guidelines for the protection of Indigenous Peoples in voluntary isolation and initial contact of the Amazon region, Gran Chaco and Eastern Paraguay.
Roy, R. (2025, 17 de abril). US YouTuber remains in custody in India after visiting restricted island with a Diet Coke can. Associated Press. https://apnews.com/article/b241500229a3e95a2c4bf51cae104bcf
United Nations. (2007). United Nations Declaration on the Rights of Indigenous Peoples, arts. 3 and 32.