La expansión reciente de la inteligencia artificial suele medirse por capacidad. Cuánto código puede escribir un modelo, cuánto contexto puede procesar, durante cuánto tiempo puede mantener una tarea o qué problemas puede resolver con una intervención humana cada vez más distante.
Gemini 4 Argon, presentado por Google el 30 de septiembre, lleva explícitamente esa lógica hacia trabajos profesionales prolongados. Al mismo tiempo, en Ciudad del Cabo, una cumbre universitaria internacional celebrada por primera vez en África ha situado la inteligencia artificial dentro de una discusión más amplia sobre conocimiento, justicia y futuro. Desde la Amazonia brasileña, Aparecida Vilaça introduce una dificultad diferente: incluso las categorías concebidas para reconocer otras formas de existencia pueden transformarlas al hacerlas legibles para instituciones construidas sobre clasificaciones estables.
Son tres escenas alejadas entre sí. Una pertenece a la frontera industrial de la IA, otra a la política universitaria y otra a la antropología amazónica. Juntas permiten observar algo menos visible que el avance de los modelos. Toda infraestructura de conocimiento establece también las condiciones bajo las que una forma de inteligencia puede ser reconocida, utilizada o traducida.
Cuando la respuesta se convierte en trabajo
Google presentó el 30 de septiembre Gemini 4 Argon, un modelo de frontera orientado hacia ingeniería de software, investigación y escritura especializada, trabajo jurídico y financiero y ciberseguridad.[1] Su característica más significativa no está necesariamente en un benchmark concreto, sino en la insistencia de Google en los long-horizon workflows: procesos formados por secuencias prolongadas de operaciones que exigen mantener contexto, revisar resultados y tomar decisiones intermedias.
La compañía afirma que miles de integrantes de sus equipos ya utilizan Argon y describe usos internos que incluyen migraciones extensas de C y C++ a Rust y optimización de memoria en centros de datos. En uno de esos casos, agentes basados en Argon analizaron telemetría de la propia infraestructura de Google, localizaron posibles mejoras y aplicaron de forma autónoma cambios que, según la empresa, liberaron más de 300 TiB de memoria.[1]
El despliegue exterior comienza de forma restringida. Un grupo seleccionado de profesionales de ciberseguridad tiene acceso mediante el programa Fairwind, mientras Google evalúa el sistema antes de una apertura más amplia y participa, según afirma, en el proceso voluntario mediante el cual el Gobierno de Estados Unidos accede a los modelos antes de su lanzamiento. La compañía indica además que, para este grupo y para sus propios equipos internos, el modelo se entrega sin salvaguardas de ciberseguridad, para que puedan aprovechar al máximo sus capacidades de ciberdefensa.[1]
Parte de las pruebas citadas por Google proceden de organizaciones externas como Vals, Harvey, Zapier o Gray Swan. Conviene, sin embargo, mantener cautela. Son resultados seleccionados y difundidos por la propia compañía y, mientras el acceso permanezca restringido, la comunidad externa no puede todavía reproducir de forma amplia el conjunto de afirmaciones sobre el modelo.
Lo más interesante está en el tipo de relación con la máquina que estas evaluaciones intentan medir. Durante años, la interfaz dominante de la IA generativa ha organizado la interacción alrededor de una unidad relativamente pequeña. Una persona formula una petición y recibe una respuesta. Los sistemas diseñados para mantener tareas durante mucho más tiempo introducen otra arquitectura. Entre el encargo inicial y el resultado final aparecen cientos o miles de operaciones que difícilmente pueden someterse a aprobación humana individual.
La unidad de delegación empieza así a desplazarse desde la respuesta hacia el trabajo. Una persona puede revisar un párrafo antes de utilizarlo. Resulta mucho más difícil reconstruir todas las decisiones tomadas durante una migración de cientos de miles de líneas de código, una investigación prolongada o el análisis continuo de una infraestructura.
La autonomía puede emerger menos como una propiedad excepcional del modelo que como resultado de combinar duración, herramientas y distancia entre las decisiones intermedias y la supervisión humana.
Ciudad del Cabo negocia los términos de la adopción
Entre el 29 de septiembre y el 1 de octubre, la University of Cape Town acogió el Times Higher Education World Academic Summit 2026, la primera edición de esta cumbre celebrada en África. La organización informó de más de 500 asistentes, más de 100 ponentes y más de 250 organizaciones participantes.[2]
El lema, Knowledge, justice and futures: Universities in the age of intelligence, situó la IA dentro de una conversación que incluía inteligencia humana y colectiva, desigualdad, cooperación académica, confianza pública y futuro de la universidad. UCT había señalado ya en julio que las perspectivas africanas y del Sur Global se integrarían de forma estructural en el programa.[3] Uno de los ejes planteó además que las universidades del Sur Global deberían poder liderar alianzas basadas en reciprocidad y cocreación frente a extracción.[4]
La intervención del rector de UCT, Mosa Moshabela, permite bajar esa formulación al terreno institucional. En la primera jornada, el 29 de septiembre, explicó que la universidad ha decidido formar en IA a todo su estudiantado y recordó que desactivó los detectores automáticos de uso de IA, una decisión que calificó de difícil y que presentó como una forma de retirar barreras a la IA. Reconoció los riesgos, pero pidió no centrarse en ellos y describió la tecnología como socia del aprendizaje.[5] La decisión sigue siendo institucional, aunque su dirección sea abrir más que acotar.
Moshabela vinculó además la adopción de IA con desigualdad. Muchas herramientas desarrolladas por la industria tienen costes inaccesibles para una parte importante de la población del continente, por lo que defendió que la universidad actúe como institución capaz de reducir esa brecha.[5]
En 2025, UCT aprobó un marco educativo de IA que Sukaina Walji, directora del Centre for Innovation in Learning and Teaching, describió como fruto de más de un año de consulta. Desde el 1 de octubre de aquel año dejó de utilizar la puntuación de detección de IA de Turnitin por sus problemas de fiabilidad y por el riesgo de falsos positivos y negativos.[6][7]
El mismo proceso muestra una tensión más material. UCT ofrecía a su alumnado acceso gratuito a algunas plataformas de IA mediante acuerdos con Microsoft y Google.[7] La institución que intenta definir autónomamente cómo entra la IA en sus prácticas educativas depende al mismo tiempo de herramientas producidas por las grandes compañías que dominan esa infraestructura.
No hace falta leerlo como una contradicción. Es una negociación de dependencia.
La capacidad institucional aparece precisamente ahí: no en construir desde cero cada modelo o cada plataforma, sino en conservar margen para decidir qué se adopta, cómo se evalúa, qué prácticas deben transformarse y bajo qué condiciones esas tecnologías adquieren autoridad dentro del aprendizaje y la investigación. Una universidad africana no aparece entonces solo como destinataria de tecnologías creadas en otros lugares: participa también en la definición de sus términos.
Cuando una categoría estable intenta alojar un mundo relacional
El 30 de septiembre, Aparecida Vilaça, profesora de Antropología Social del Museu Nacional de la Universidade Federal do Rio de Janeiro, impartió en King’s College London la Henry Myers Lecture del Royal Anthropological Institute (RAI), con apoyo del King’s Brazil Institute.[8]
Según el resumen publicado por el RAI, la conferencia —Conflicting perspectives on other-than-human beings: Amazonian predatory animism encounters the ‘Rights of Nature’— partía de una crítica: en las últimas décadas, una especie de «purificación» de los aspectos predatorios del animismo amazónico lo ha ido sustituyendo por la imagen de un animismo benigno y colaborativo, compatible con los modelos holísticos de muchos movimientos ambientales y, en especial, con las iniciativas de derechos de la naturaleza. Vilaça se proponía discutir las equivocaciones que produce ese eclipse de la predación en el trato con agentes ambientales y con quienes legislan.[8]
Vilaça trabaja con el pueblo wari’ de Rondônia desde 1986. El tema prolonga una investigación publicada este año en el Journal of the Royal Anthropological Institute sobre el río Laje —Komi Memem para los wari’—, reconocido legalmente en 2023 como entidad viva con derechos.[9][10] Fue el primer río de la Amazonia brasileña en recibir ese reconocimiento.[9]
El caso podría parecer un encuentro particularmente exitoso entre derecho ambiental y ontologías indígenas. El análisis de Vilaça muestra una situación más compleja.
Su argumento se apoya en la noción de equivocación de Eduardo Viveiros de Castro, antropólogo del Museu Nacional: distintas partes pueden utilizar una misma palabra o categoría sin estar hablando desde el mismo mundo relacional. En el caso del Laje, las leyes necesitan establecer clasificaciones suficientemente estables para determinar qué entidad posee derechos, quién puede representarla y qué obligaciones se derivan de ese reconocimiento. El perspectivismo wari’, en cambio, trabaja con posiciones que pueden alternar según la relación y las circunstancias.[9]
Vilaça relata una conversación con Francisco OroWaram, concejal wari’ elegido en Guajará-Mirim en 2020 y autor del proyecto de ley que reconoció al río. Francisco fue también el primer estudiante wari’ en obtener un máster por la Universidad Federal de Rondônia, en Geografía, en 2019. Cuando ella le preguntó directamente si el Laje era wari’, persona, respondió que sí. La conversación llevó además hacia una escatología tradicional según la cual en el fondo del río habitan quienes han muerto.[9]
La paradoja es importante. Según Vilaça, no fue la cosmología tradicional la que inspiró la ley, sino al revés: al equiparar el río con una persona, la ley hizo posible, e incluso necesario, que resurgiera la escatología wari’, que ahora convive con la cristiana, englobada por ella. Francisco, como muchos wari’, es evangélico.[9] La traducción institucional produjo así algo más ambiguo que una equivalencia directa.
También conviene mirar el resultado material. En el último trabajo de campo de Vilaça, en febrero de 2025, los efectos prácticos de la ley seguían siendo limitados. La producción de soja próxima al río continuaba y la contaminación seguía provocando espuma blanca e irritaciones cutáneas, especialmente entre niñas y niños. Francisco había recibido amenazas después de promover acciones contra las fumigaciones y abandonó su intento de reelección. En 2024 no resultó elegida ninguna otra persona indígena para el concejo municipal.[9]
El reconocimiento jurídico, por tanto, no equivale automáticamente a capacidad efectiva para proteger el río.
La conexión con inteligencia artificial no pertenece al argumento de Vilaça y conviene no atribuírsela. Su trabajo ofrece, sin embargo, una herramienta útil para pensar las infraestructuras contemporáneas de clasificación.
Una lengua se convierte en tokens. Una colección museística en metadatos. Una imagen en vectores. Una práctica científica en un procedimiento ejecutable. Cada operación permite relacionar y procesar conocimiento a una escala antes imposible, pero también necesita estabilizar aquello que representa.
El problema aparece cuando una infraestructura construida sobre categorías computables intenta alojar entidades cuya posición depende precisamente de relaciones cambiantes.
La pregunta deja entonces de ser únicamente cuánto puede traducirse. Importa también qué formas de diferencia pueden conservarse después de haber sido convertidas en algo que el sistema sabe representar.
Tres formas de establecer una frontera
Gemini 4 Argon amplía el espacio en el que una máquina puede actuar sin supervisión inmediata. Ciudad del Cabo recuerda que incorporar esa capacidad sigue siendo una decisión institucional. Vilaça muestra un problema anterior: para entrar en una infraestructura, algo debe primero hacerse reconocible para sus categorías.
Tecnología, institución y ontología aparecen así como tres capas de una misma infraestructura.
La capacidad de una tecnología no depende únicamente de lo que puede ejecutar. También depende de aquello que su arquitectura consigue representar.
Y algunas diferencias empiezan a perderse antes incluso de que la máquina actúe.
Referencias
[1] Kavukcuoglu, Koray. “Gemini 4 Argon: our next era of frontier intelligence”. Blog de Google, 30 de septiembre de 2026.
https://blog.google/innovation-and-ai/models-and-research/gemini-models/gemini-4-argon/
[2] University of Cape Town. “THE World Academic Summit 2026”.
https://uct.ac.za/research/the-world-academic-summit
[3] University of Cape Town. “World Academic Summit 2026: An update”. 30 de julio de 2026.
https://www.news.uct.ac.za/article/-2026-07-30-world-academic-summit-2026-an-update
[4] Times Higher Education. “World Academic Summit 2026 — Agenda themes”.
https://www.timeshighered-events.com/world-academic-summit-2026/page/5240265/agenda-themes
[5] University of Cape Town. “VC shares insights on UCT’s adoption of AI”. 1 de octubre de 2026.
https://www.news.uct.ac.za/article/-2026-10-01-vc-shares-insights-on-ucts-adoption-of-ai
[6] University of Cape Town. “Introducing UCT’s AI in Education Framework”. 15 de julio de 2025.
https://www.news.uct.ac.za/article/-2025-07-15-introducing-ucts-ai-in-education-framework
[7] Mashinini, Gugulethu. “UCT scraps flawed AI detectors”. Sunday Times; reproducido en UCT News el 24 de julio de 2025.
https://www.news.uct.ac.za/article/-2025-07-24-uct-scraps-flawed-ai-detectors
[8] Royal Anthropological Institute. “Henry Myers Lecture 2026 — Aparecida Vilaça”. 30 de septiembre de 2026.
https://therai.org.uk/events/myers-lecture-2026/
[9] Vilaça, Aparecida. “The birth of an earth being: ‘Rights of nature’ in Brazilian Amazonia and elsewhere”. Journal of the Royal Anthropological Institute, 32(3), 833–851. Publicado online el 18 de marzo de 2026.
https://doi.org/10.1111/1467-9655.70087
[10] Bacellar, Clarissa. “Rio Laje, em Rondônia, é o primeiro a ter direitos reconhecidos por lei”. Portal Amazônia, 24 de junio de 2023.
https://portalamazonia.com/meio-ambiente/rio-de-rondonia-e-o-primeiro-a-ter-direitos-reconhecidos-por-lei-entenda/