Esta semana el Radar se detiene en tres puntos del continente. No forman una fotografía de «África» como un único espacio tecnológico. Son tres escenas distintas que, colocadas juntas, permiten observar algo que suele desaparecer cuando hablamos de inteligencia artificial como si habitara únicamente en una pantalla.

En Ciudad del Cabo se discuten el suelo, la electricidad y el agua que exige la infraestructura. En Egipto, un memorando con Intel propone llevar la alfabetización en IA a un millón de personas cada año. En Ghana, el debate sobre soberanía tecnológica se traduce en una cifra concreta de inversión en capacidad de cómputo.

Infraestructura, aprendizaje y soberanía. Tres maneras de observar cómo la IA adquiere territorio.

Ciudad del Cabo · La infraestructura antes que la nube

El 14 de julio, el Municipal Planning Tribunal de Ciudad del Cabo aprobó por cuatro votos frente a uno una solicitud de usos del suelo que permite avanzar hacia uno o dos grandes centros de datos en King Air Industria, junto al aeropuerto. La operación implica recalificación, subdivisión y consolidación de terrenos. Wally Johnstone, único integrante del tribunal que votó en contra, argumentó que no podía respaldar una solicitud de esta escala sin conocer la demanda de agua y electricidad y advirtió sobre las presiones que la infraestructura podía añadir a unos servicios ya sometidos a tensiones. [1]

A mediados de septiembre, Housing Assembly y la organización británica de justicia tecnológica Foxglove, representadas por Legal Resources Centre, presentaron un recurso contra la decisión. Sostienen que la documentación disponible no permite evaluar adecuadamente el consumo de electricidad y agua, las emisiones, el ruido, los generadores de respaldo ni las consecuencias acumuladas para las comunidades próximas. [2]

La suspensión no constituye una nueva decisión política del Ayuntamiento. La aprobación permanece suspendida mientras se tramita la apelación y no puede ejecutarse hasta que haya una resolución final. El municipio trabaja además en directrices específicas para futuras solicitudes de grandes centros de datos. [3]

El agua se ha convertido en la cifra más visible del conflicto y también en la que más cautela exige. Ante el tribunal, Legal Resources Centre calculó que unas instalaciones con una demanda eléctrica próxima a 174 MW podrían utilizar unos 4.400 millones de litros anuales si se aplicara el consumo atribuido a sistemas convencionales de refrigeración evaporativa. La documentación de la solicitud no especificaba cuánto agua requerirían las instalaciones ni detallaba suficientemente su demanda y suministro eléctricos. [1]

La mayoría del tribunal adoptó otra posición. Sus otros cuatro integrantes, incluido el presidente Sydney Holden, consideraron que la demanda de agua y electricidad y las demás cuestiones pendientes podían abordarse posteriormente, durante la elaboración del Site Development Plan. [1]

Ese desacuerdo desplaza el conflicto más allá de una cifra. Importa cuánto consumirá finalmente una instalación, pero también en qué momento de una autorización urbana deben conocerse su sistema de refrigeración, su demanda energética y sus efectos materiales. Cuando esos datos se aplazan para fases posteriores, el propio proceso de producir —o no producir— información se convierte en parte de la infraestructura.

Los 4.400 millones de litros no son una previsión de Equinix. La compañía ha confirmado que las instalaciones utilizarían refrigeración seca por aire, una tecnología que prácticamente elimina el agua utilizada directamente para refrigerar las salas de servidores. [4]

La alternativa tampoco elimina la dimensión material. La refrigeración seca consume más electricidad y puede trasladar parte del uso de agua hacia la fuente donde se genera esa energía. La controversia deja así de concentrarse en una sola cifra y se desplaza hacia una cadena de recursos interdependientes. [4]

Hay un contrapeso necesario. Obinna Isiadinso, responsable global de centros de datos y nube de la International Finance Corporation, sostiene que las protestas no deberían frenar la expansión de estas infraestructuras en el continente. África dispone de unos 409 MW de capacidad operativa, menos del 1 % de la capacidad mundial pese a reunir aproximadamente una quinta parte de la población. [5]

La necesidad de infraestructura y la exigencia de conocer sus costes no se anulan mutuamente.

Antina von Schnitzler, profesora asociada de Asuntos Internacionales y Antropología en The New School, mostró en Democracy’s Infrastructure (2016) cómo tecnologías aparentemente ordinarias —en su caso, los contadores de agua de prepago en Sudáfrica— pueden convertirse en lugares donde se negocian ciudadanía, derechos y relaciones con el Estado. Brian Larkin, profesor de Antropología en Barnard College, Columbia University, propuso en 2013 estudiar las infraestructuras no como fondos neutros de la vida social, sino como formas materiales que organizan circulación, poder y posibilidades de acción. [6][7]

Un centro de datos puede leerse de esa manera. No es la nube. Es una forma concreta de distribuir recursos, accesos y costes.

Egipto · Alfabetizar a un millón de personas

El 16 de septiembre, el Ministerio de Comunicaciones y Tecnología de la Información de Egipto e Intel firmaron un memorando de entendimiento con un objetivo poco habitual por su escala. Pretenden formar a un millón de personas al año durante tres años en conceptos de inteligencia artificial, utilización segura y responsable de la tecnología y confianza digital. [8]

El acuerdo prevé además preparar a 1.500 personas certificadas como formadoras, quinientas cada año. Los programas alcanzarán a infancia y juventud, estudiantes de formación técnica y universitaria, personas empleadas o en búsqueda de empleo y responsables de la administración pública. [8][9]

Conviene no confundir el anuncio con un programa ya desplegado para tres millones de personas. Las partes todavía deben elaborar un plan de implementación por fases. La primera iniciativa será AI for Citizens, un programa de la propia Intel. La colaboración incorpora también talleres sobre tecnologías de infraestructura y cómputo de la compañía, un hackathon anual y la preparación de proyectos para su presentación en el Intel AI Global Impact Festival. [8][9]

Ese detalle modifica la lectura del acuerdo. Intel no aparece únicamente como socio externo. Parte de la arquitectura pedagógica procede de sus propios programas y tecnologías. Los términos económicos de la colaboración no aparecen detallados en las fuentes públicas consultadas.

Alfabetizar tecnológicamente nunca consiste solo en transmitir técnica. También se seleccionan prácticas, vocabularios y criterios de uso. Se aprende dónde preguntar, qué delegar, qué resultados considerar fiables y qué comportamiento se presenta como responsable.

La escala anunciada permite mirar más allá de la habitual discusión sobre sustitución laboral. Egipto ha firmado un memorando que fija la aspiración de convertir cierto conocimiento de la IA en una competencia distribuida masivamente. Queda por saber qué profundidad tendrá esa formación, cómo se materializará y si aprender a utilizar estos sistemas incluirá también aprender a interrogarlos.

Hay una continuidad con Ciudad del Cabo. Millones de personas pueden adquirir competencias digitales, pero esas competencias necesitan dispositivos, conectividad, centros de datos y capacidad de cálculo.

La alfabetización también tiene infraestructura.

Ghana · Tener voz requiere capacidad de cálculo

En septiembre, Riad acogió el cuarto Global Forum on the Ethics of Artificial Intelligence de UNESCO. El encuentro abordó gobernanza, capacidades institucionales, infraestructura, diversidad cultural y lingüística y participación de países situados en posiciones muy distintas dentro del ecosistema tecnológico mundial. [10]

Allí, el ministro ghanés de Comunicación, Tecnología Digital e Innovación, Samuel Nartey George, defendió una mayor presencia de datos, capacidad humana, infraestructura y perspectivas culturales africanas en los sistemas de IA y en las normas internacionales que los regulan. [11]

George vinculó esa reivindicación con una infraestructura concreta. Ghana compromete 250 millones de dólares durante dos años para desarrollar capacidad de cómputo de IA. La intención declarada es que la infraestructura no sirva únicamente al país. El ministro mencionó expresamente el acceso para universidades, investigación, empresas emergentes y países vecinos y defendió centros regionales que eviten que cada Estado deba construir por separado instalaciones extremadamente costosas. [11]

En otra intervención durante el mismo foro, George señaló que el Gabinete había aprobado esos 250 millones para un centro nacional de IA y cómputo destinado a proporcionar acceso soberano y asequible a personal investigador, universidades, empresas emergentes y otras iniciativas tecnológicas. [12]

La cifra tampoco apareció por primera vez en Riad. En el lanzamiento de la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial, el 24 de abril, el Gobierno ya había anunciado una inversión de 250 millones de dólares en un centro de cómputo y había vinculado la infraestructura con investigación, innovación y acceso local a herramientas de IA. [13]

La infraestructura no aparece aislada de la formación. En la misma intervención, George señaló el programa One Million Coders, con el que Ghana pretende formar a un millón de personas en competencias digitales que incluyen programación, inteligencia artificial, seguridad de datos y ciberseguridad. El programa se está extendiendo además a universidades y centros de educación secundaria. La separación entre el caso egipcio y el ghanés se vuelve así menos nítida: alfabetización y capacidad de cálculo empiezan a construirse simultáneamente. [11]

La soberanía que plantea el ministro tampoco significa autosuficiencia. George citó expresamente a Nvidia y Huawei para argumentar que un país africano por separado dispone de poca capacidad negociadora frente a grandes proveedores tecnológicos, mientras que una posición coordinada podría modificar esa relación. La infraestructura «soberana», por tanto, seguirá construyéndose en una red de dependencias empresariales y geopolíticas que también habrá que observar. [11]

El ministro utilizó además un ejemplo revelador. Planteó que un sistema de IA entrenado sin suficiente contexto local podría reconocer de una manera a una mujer occidental en bikini y clasificar como desnudez a una mujer africana participando en un rito tradicional. Se trataba de un ejemplo hipotético para mostrar cómo los sistemas automatizados de clasificación incorporan los datos, convenciones y valores con los que han sido construidos. George enlazó después esta reflexión con la gobernanza de las redes sociales y con la definición de estándares globales. [11]

El ejemplo merece una segunda lectura. Hablar de «valores africanos» en singular puede sustituir un sesgo por otra simplificación. Las sociedades del continente no constituyen una unidad moral o cultural, y decidir qué prácticas deben representar esos valores también forma parte de una disputa política.

Ese matiz no debilita la crítica al sesgo de los datos. La vuelve más exigente.

Abeba Birhane, profesora asistente de IA y fundadora del AI Accountability Lab en Trinity College Dublin, describió en 2020 como colonización algorítmica la importación de tecnologías construidas desde prioridades externas y presentadas después como soluciones universales. Su propuesta reclama sistemas arraigados en necesidades e intereses locales. [14]

Sabelo Mhlambi abordó otro ángulo en From Rationality to Relationality (2020), escrito cuando era Technology and Human Rights Fellow del Carr Center for Human Rights Policy y fellow del Berkman Klein Center de Harvard. A partir de ubuntu, propuso una ética relacional de la inteligencia artificial que desplaza la atención desde la autonomía individual hacia la dignidad, la interdependencia y los efectos de las decisiones automatizadas sobre las relaciones sociales. [15]

Son perspectivas diferentes. Precisamente por eso resultan más útiles que la idea de una única respuesta cultural africana a la IA.

La soberanía tecnológica aparece entonces menos como una declaración que como una cadena de capacidades. Datos, lenguas, conocimiento, electricidad, centros de datos, personal formado y acceso al cómputo.

Tres lugares, una tensión

Ciudad del Cabo y Ghana permiten observar dos extremos de una misma cadena. En uno, comunidades organizadas exigen conocer los costes materiales antes de que determinados derechos de uso del suelo queden consolidados. En el otro, un Gobierno sostiene que la falta de infraestructura limita la posibilidad de participar en la economía de la IA desde una posición menos dependiente.

No son posiciones incompatibles. Los aproximadamente 409 MW operativos muestran una carencia real. El conflicto sudafricano recuerda, al mismo tiempo, que corregirla distribuye territorio, electricidad, agua, inversión y poder.

Egipto y el programa ghanés One Million Coders añaden otra capa. Construir capacidad tecnológica no consiste solamente en instalar servidores. También supone decidir quién aprende a utilizar esos sistemas, con qué herramientas, bajo qué currículos y con qué posibilidades de cuestionarlos.

Por eso las preguntas que ya se formulan en Ciudad del Cabo pueden acompañar también la expansión prevista en Ghana. Cuánta energía necesitará. Qué sistemas de refrigeración utilizará. Qué datos sobre consumo serán públicos. Quién podrá acceder al cómputo. De qué proveedores dependerá. Qué beneficios permanecerán en el territorio y quién asumirá sus costes.

No hay una respuesta continental única para esas preguntas. Hay negociaciones distintas que comienzan a cruzarse.

En varios puntos del continente, la inteligencia artificial está dejando de discutirse únicamente como software.

Empieza a negociarse como infraestructura social.

Referencias

  1. Kretzmann, S. (2026, 14 de julio). Two giant data centres secure initial green light from Cape Town municipal tribunal. Daily Maverick / GroundUp.
  2. Foxglove. (2026, septiembre). Civil society appeal against Cape Town hyperscale data centre over critical planning information gaps.
  3. Van Rooyen, F. (2026, septiembre). Cape Town to write new rules for big data centre applications. TechCentral.
  4. MyBroadband. (2026, 8 de agosto). False information about new Cape Town data centre’s 4.4-billion litre water usage.
  5. Kupemba, D. N. (2026, 17 de septiembre). South Africa joins the global resistance against American data centers. Rest of World.
  6. von Schnitzler, A. (2016). Democracy’s Infrastructure: Techno-Politics and Protest after Apartheid. Princeton University Press.
  7. Larkin, B. (2013). “The Politics and Poetics of Infrastructure”. Annual Review of Anthropology, 42, 327–343.
  8. State Information Service of Egypt. (2026, 16 de septiembre). Egypt, Intel sign MoU to train one million citizens annually in AI.
  9. Ahram Online. (2026, 16 de septiembre). Egypt, Intel to train 1 million citizens annually in AI under three-year deal.
  10. UNESCO. (2026). 4th Global Forum on the Ethics of Artificial Intelligence. Riad.
  11. 3News. (2026, 15 de septiembre). Ghana pushes for African approach to AI ethics and infrastructure.
  12. 3News. (2026, 15 de septiembre). We are closing all gaps in our AI and digital infrastructure – Sam George.
  13. Ghana News Agency. (2026, 25 de abril). Ghana to invest $250m in AI Centre, launch national strategy.
  14. Birhane, A. (2020). “Algorithmic Colonization of Africa”. SCRIPTed, 17(2), 389–409.
  15. Mhlambi, S. (2020). From Rationality to Relationality: Ubuntu as an Ethical & Human Rights Framework for Artificial Intelligence Governance. Carr Center Discussion Paper 2020-009, Harvard Kennedy School.