Relaciones, aprendizaje, juicio
Tres lugares donde la IA deja de ser una herramienta
Radar · 7 de septiembre de 2026
Esta semana, tres señales aparentemente distintas permiten mirar la inteligencia artificial desde otro lugar. Una relación puede desaparecer después de una actualización. Una escuela puede decidir que aprender exige tiempo sin IA mientras otra la incorpora desde primaria. Y una persona que ha dedicado años a adquirir conocimiento especializado puede recibir una oferta para enseñar ese conocimiento a un sistema capaz de realizar después parte de su trabajo.
Los casos llegan desde China, Corea del Sur, India, Estados Unidos y Sudáfrica. No forman un mapa completo ni pretenden representar experiencias nacionales homogéneas. Sí ayudan a evitar otro mapa mucho más habitual, aquel en el que Silicon Valley produce la tecnología y el resto del mundo aparece después como mercado, víctima o escenario de aplicación.
En los tres casos aparece una cuestión de control. Quién puede alterar la continuidad de una relación, quién decide cuándo y cómo introducir una tecnología en el aprendizaje y bajo qué condiciones puede convertirse el juicio de una persona en material para entrenar una máquina.
1. Cuando una actualización se parece a una pérdida
Una actualización de software suele narrarse como progreso. Una versión sustituye a otra, aparecen nuevas funciones y la anterior desaparece. Esa temporalidad técnica se vuelve menos sencilla cuando aquello que se modifica es también una relación.
Un artículo publicado el 3 de septiembre en Nature Human Behaviour estudia precisamente ese problema. Julian De Freitas, Noah Castelo, Ahmet Kaan Uğuralp y Zeliha Oğuz-Uğuralp analizan dos cambios empresariales separados por más de dos años: la retirada del erotic role play de Replika en febrero de 2023 y el despliegue de GPT-5 en ChatGPT en agosto de 2025. El trabajo combina 54.861 publicaciones de comunidades de Reddit con datos de 1.452 participantes repartidos en siete encuestas. Después de ambos cambios aumentaron las expresiones de pérdida, negatividad y deseo de recuperar la versión anterior. Entre quienes utilizaban Replika, algunas personas describían una cercanía con el sistema superior incluso a la que atribuían a amistades humanas. [1]
Conviene no universalizar el hallazgo. La investigación observa comunidades concretas vinculadas a dos plataformas; no describe una reacción humana universal ante la IA.
Otro estudio difundido en agosto por Stanford, centrado en 1.131 personas usuarias de Character.AI, encontró una asociación entre el uso de estos sistemas para satisfacer necesidades sociales, redes offline más limitadas y menor bienestar psicológico. Tampoco demuestra que los chatbots produzcan por sí mismos aislamiento. Sí muestra que la compañía artificial empieza a formar parte de ecologías sociales que no pueden comprenderse mirando únicamente el producto. [2]
China está ensayando otra respuesta al mismo fenómeno. Desde el 15 de julio están vigentes las Interim Measures for the Administration of Anthropomorphic AI Interaction Services, emitidas conjuntamente por la Cyberspace Administration of China y otros cuatro organismos gubernamentales. Las medidas distinguen los servicios destinados a la interacción emocional sostenida de aplicaciones orientadas al trabajo, la educación o la investigación. [3] [4]
El marco exige detectar angustia emocional, intervenir ante crisis y limitar usos adictivos. También establece recordatorios después de más de dos horas continuadas de interacción, obligaciones de dejar claro que el interlocutor es una IA y derechos para copiar o borrar historiales. [3] [4]
El marco oficial chino presta especial atención a menores y a situaciones susceptibles de generar dependencia. Xinhua citó, al presentar las medidas, una encuesta realizada en 2025 por el China Youth and Children Research Center entre más de 8.500 menores. Más del 60 % había utilizado IA y más del 20 % afirmó preferir hablar solo con IA y no con personas. [4]
Es una cifra difundida por una fuente institucional china y debe leerse como tal. También obliga a ampliar el marco. El debate sobre los companions no pertenece únicamente a Replika, ChatGPT ni a la experiencia estadounidense.
Quizá la cuestión antropológica más fértil no sea determinar si esos vínculos son «reales» o «falsos». Las personas han otorgado realidad social a entidades extraordinariamente diversas. Resulta más interesante preguntar quién controla las condiciones de continuidad de una relación.
Una amistad no suele cambiar de personalidad porque una empresa despliegue una nueva versión. Un vínculo mediado por IA sí puede hacerlo. Memoria, voz, disponibilidad, límites sexuales o afectivos, tono e incluso la continuidad del interlocutor quedan sometidos a decisiones técnicas y comerciales tomadas fuera de la relación.
El duelo por una IA introduce así una asimetría particular. La relación puede ser experimentada como propia, mientras que la infraestructura que permite que exista pertenece a otra.
2. Aprender es también decidir cuándo no usar la IA
El debate educativo suele organizarse alrededor de una falsa alternativa. Introducir IA sería modernizar la escuela; limitarla equivaldría a resistirse al futuro. Lo que está ocurriendo en distintos sistemas educativos muestra un panorama bastante menos lineal.
India inició el curso académico 2026-2027 con un nuevo currículo de Pensamiento Computacional e Inteligencia Artificial de la Central Board of Secondary Education (CBSE) para alumnado de tercero a octavo. Presentado por el Ministerio de Educación el 1 de abril, el programa no se plantea únicamente como aprendizaje de herramientas. Incluye pensamiento lógico, resolución de problemas, reconocimiento de patrones, alfabetización digital, uso responsable, creatividad y toma de decisiones éticas. [5]
La implantación ocurre sobre infraestructuras educativas y condiciones institucionales muy distintas. Según Moneycontrol, que informa sobre una encuesta de JanAI —iniciativa de Head Held High Foundation— entre 797 docentes de escuelas públicas de Karnataka, Uttar Pradesh, Jharkhand y Maharashtra, el 72 % manifestó una valoración positiva de la IA en educación, pero solo el 26 % dijo utilizarla regularmente. [6]
El uso ya se está produciendo, en ocasiones desde teléfonos personales y en escuelas sin salas de informática. También aparecen problemas menos visibles. Más de la mitad de quienes utilizaban IA reconoció haber introducido alguna vez el nombre, las calificaciones o una fotografía de alumnado en estas herramientas. Cerca del 38 % de las personas encuestadas afirmó además no haber recibido formación específica en IA. [6]
La cuestión educativa no pasa entonces únicamente por decidir qué currículo enseñar. También importa quién dispone de conectividad, dispositivos, formación, reglas para proteger datos y capacidad institucional para decidir cómo emplear estas tecnologías.
Corea del Sur avanza en una dirección distinta pero igualmente expansiva. El plan del Ministry of Science and ICT para la segunda mitad de 2026 incluye como objetivos convertirse en «el país con mayor alfabetización en IA» y construir una Universal Basic AI Society. La alfabetización se integra así en una política nacional mucho más amplia de infraestructura, servicios públicos, industria y formación. El Gobierno prevé ofrecer oportunidades de aprendizaje de IA a 5,14 millones de personas durante 2026. [7]
En ese contexto aparece RUMI, un programa privado de Akeo Edu para educación primaria. Según The Dong-A Ilbo, su propuesta utiliza historias y misiones para organizar una secuencia de concepto, práctica y evaluación. El alumnado aprende un concepto relacionado con la IA, utiliza inmediatamente funciones vinculadas a él y después comprueba su comprensión y los resultados obtenidos. [8]
La propia información disponible exige un límite importante. Que una herramienta incorpore historias, misiones y evaluación no demuestra que mejore por sí misma la alfabetización en IA ni el pensamiento crítico. Es un producto privado presentado como ejemplo de una determinada dirección educativa, no evidencia independiente sobre sus resultados pedagógicos.
Nueva York, sin embargo, acaba de elegir otro camino. El 2 de septiembre, el alcalde Zohran Mamdani y el canciller escolar Kamar H. Samuels anunciaron una moratoria de un año sobre la IA generativa dirigida directamente al alumnado desde 2-K —programas para menores de dos años— hasta octavo grado. La medida alcanzará a cerca de 600.000 estudiantes, aproximadamente dos tercios del sistema público de la ciudad. [9]
En la secundaria superior se permitirán cinco programas piloto limitados y supervisados por docentes, alcanzando a un máximo de 50.000 estudiantes. Todo el alumnado de secundaria superior tendrá además dos módulos anuales de alfabetización crítica en IA. Los chatbots diseñados para compañía estarán prohibidos en todos los niveles. [9]
Leídas juntas, India, Corea del Sur y Nueva York resultan más interesantes que cualquiera de ellas convertida en modelo universal. India incorpora competencias de IA desde la educación primaria mientras el propio profesorado ya experimenta con estas tecnologías en condiciones materiales muy dispares. Corea del Sur sitúa la alfabetización en IA dentro de un proyecto tecnológico de escala nacional. Nueva York decide preservar temporalmente determinados procesos de la infancia de la intermediación de la IA generativa.
No estamos ante sociedades que hayan «entendido» y sociedades que todavía no hayan entendido la IA. Expresan concepciones diferentes de qué debe ser una infancia, qué significa aprender y qué lugar corresponde a la dificultad dentro del aprendizaje.
Del 8 al 11 de septiembre, la Semana del Aprendizaje Digital de UNESCO llevará parte de estas tensiones a París bajo el lema Education in the age of AI: Facts | Frictions | Frontiers. Entre los asuntos anunciados aparecen la soberanía digital, la IA de interés público y también estrategias analógicas y dirigidas desde las comunidades. [10]
Pero el debate no empieza ni termina en París. Ya está ocurriendo en escuelas de India, Corea del Sur, Nueva York y muchos otros lugares, donde profesorado, alumnado, familias e instituciones toman decisiones cotidianas mucho menos espectaculares que la carrera por construir modelos cada vez mayores.
¿Qué queremos que una persona aprenda haciendo por sí misma, incluso cuando una máquina pueda hacerlo más deprisa?
3. Cuando el juicio se convierte en materia prima
James Maisiri terminó este año un doctorado en sociología industrial en la University of Johannesburg. Su investigación había estudiado cómo tecnologías como la inteligencia artificial están transformando el trabajo agrícola en Sudáfrica. Esperaba iniciar una carrera académica.
Su primera oferta laboral relevante no llegó de una universidad.
Quien le reclutó le propuso entrenar un sistema de IA para diseñar evaluaciones, enseñar a alumnado universitario y corregir ensayos. El 3 de septiembre, Maisiri contó en primera persona en Rest of World por qué terminó alejándose de la oferta. [11]
La historia permite ampliar la imagen habitual del trabajo humano que sostiene la IA. Durante años se ha documentado la dependencia de la industria respecto del etiquetado, la moderación y la clasificación realizados en lugares como Kenia, Nigeria, India o Filipinas. El caso de Maisiri muestra otra frontera de esa economía. Lo que ahora puede convertirse en material de entrenamiento es también el criterio especializado.
No le pedían simplemente información sobre sociología. Maisiri describe el trabajo como una transferencia de aquello que había aprendido durante una década. Diseñar una evaluación. Enseñar. Corregir un ensayo. Reconocer qué demuestra comprensión y qué no. Convertir ese conocimiento en respuestas suficientemente estructuradas para que un sistema aprenda a reproducir parte del juicio que lo sustenta.
El dilema adquiere otra dimensión al situarse en la economía sudafricana. La oferta era de 600 rands por hora en un país donde el salario mínimo nacional se situaba en 30,23 rands por hora. El propio Maisiri señala además una tasa oficial de desempleo juvenil del 47,4 % durante el segundo trimestre de 2026. [11] [12]
Preguntar simplemente por qué alguien aceptaría entrenar una tecnología que podría competir después con su propio trabajo oculta una parte fundamental de la relación.
¿En qué condiciones económicas se produce ese consentimiento?
Maisiri sitúa su experiencia junto a otras formas de transferencia de conocimiento hacia las máquinas. Menciona a personas especializadas contratadas para editar o «humanizar» textos generados por IA y a personas que realizan trabajos manuales en India mientras portan teléfonos o cámaras que registran sus movimientos. Esos datos se utilizan después para entrenar sistemas robóticos. Las tareas y las remuneraciones son distintas, pero comparten una operación: convertir capacidades humanas en material legible para una máquina. [11]
La extracción ya no consiste únicamente en obtener minerales, tierras, imágenes, textos o clics. Puede consistir también en transformar años de aprendizaje en ejemplos, correcciones y evaluaciones capaces de reproducir una parte del juicio que los produjo.
Sudáfrica no aparece aquí como periferia que espera la llegada de una tecnología concebida en otro lugar. El relato de Maisiri invierte esa dirección. Su conocimiento, su formación y su capacidad de juzgar son precisamente aquello que la infraestructura global necesita incorporar para seguir desarrollándose.
La IA ya está allí, entre otras cosas, buscando qué puede aprender de quienes viven y trabajan allí.
Referencias
[1] De Freitas, Julian; Castelo, Noah; Uğuralp, Ahmet Kaan; Oğuz-Uğuralp, Zeliha. Mourning the loss of AI companions. Nature Human Behaviour, 3 de septiembre de 2026.
https://www.nature.com/articles/s41562-026-02569-3
[2] Stanford Report. AI companions may worsen loneliness for vulnerable users. 4 de agosto de 2026.
https://news.stanford.edu/stories/2026/08/ai-companions-chatbots-loneliness-research
[3] Duball, Joe. China’s regulation on AI companions takes force. IAPP, 15 de julio de 2026.
https://iapp.org/news/a/chinas-regulation-on-ai-companions-takes-force
[4] Xinhua. China introduces rules to rein in AI companion bots amid emotional dependency concerns. 16 de julio de 2026. Cita una encuesta de 2025 del China Youth and Children Research Center.
https://english.news.cn/20260716/c67b6e387596402699498de19536de68/c.html
[5] Press Information Bureau, Ministry of Education, Government of India. Union Education Minister launches CBSE’s new curriculum on Computational Thinking and Artificial Intelligence for Classes III–VIII. 1 de abril de 2026.
https://www.pib.gov.in/PressReleasePage.aspx?PRID=2247963&lang=2®=48
[6] Moneycontrol News. Karnataka government-school teachers turn to AI, but training and data privacy gaps persist. 4 de septiembre de 2026. Cobertura de la encuesta JanAI, iniciativa de Head Held High Foundation.
https://www.moneycontrol.com/news/india/karnataka-government-school-teachers-turn-to-ai-but-training-and-data-privacy-gaps-persist-14022291.html
[7] Ministry of Science and ICT, Republic of Korea. An Unrivaled Korea, Happy Together Through AI and Science and Technology — Work Plan for the Second Half of 2026. 16 de julio de 2026.
https://english.msit.go.kr/eng/bbs/view.do?bbsSeqNo=42&mId=4&mPid=2&nttSeqNo=1284&sCode=eng
[8] The Dong-A Ilbo. From “Knowing” to “Directly Handling”… The Transformation of Elementary AI Education Led by “RUMI”. 31 de agosto de 2026.
https://www.donga.com/en/article/all/20260831/6367867/1
[9] New York City Mayor’s Office. Mayor Mamdani and Chancellor Samuels Put Students First with Nation’s Broadest Generative AI Moratorium in Schools. 2 de septiembre de 2026.
https://www.nyc.gov/mayors-office/news/2026/09/mayor-mamdani-and-chancellor-samuels-put-students-first-with-nat
[10] UNESCO. Digital Learning Week 2026 — Education in the age of AI: Facts | Frictions | Frontiers. 8–11 de septiembre de 2026.
https://www.unesco.org/en/weeks/digital-learning
[11] Maisiri, James. I refused to train the AI that could replace me. Rest of World, 3 de septiembre de 2026.
https://restofworld.org/2026/ai-training-jobs-expert-replacement/
[12] Statistics South Africa. Quarterly Labour Force Survey, Q2 2026.
https://www.statssa.gov.za/?p=19804