Ecología política e inteligencia artificial
Cuando el bosque entra en el modelo
La inteligencia artificial puede mejorar la detección y la respuesta ante los incendios, pero no sustituye la transformación climática, territorial y social que exige una Europa cada vez más inflamable.

Inteligencia artificial, incendios y políticas del paisaje en una Europa que arde
Imagen de archivo — incendio forestal al este de Split, Croacia, observado por Sentinel-2 el 17 de julio de 2017. Visualización QuickFire de Pierre Markuse para Sentinel Hub, reutilizada bajo licencia CC BY-SA 4.0.
A finales de julio de 2026, una sucesión de grandes incendios transformó territorios, movilidades y formas de vida en la península ibérica y Francia. En España, la rápida propagación y la simultaneidad de los fuegos de Villa del Prado, San Martín de Valdeiglesias y Burgohondo llevaron al Ministerio del Interior a declarar el 23 de julio una emergencia de interés nacional en la Comunidad de Madrid y la provincia de Ávila. Dos días después, la declaración se amplió a Toledo debido al carácter interterritorial de la emergencia y a la necesidad de coordinar los recursos de distintas administraciones.[1][2]
La crisis activó también mecanismos europeos. Hasta el 27 de julio, los incendios habían provocado el desplazamiento de más de 300.000 personas en España y Francia. La Unión Europea movilizó aeronaves, helicópteros, vehículos y personal de distintos países, además de cartografía rápida de Copernicus.[3] Portugal y Francia ya habían solicitado apoyo europeo a comienzos de julio ante la coincidencia de varios incendios activos. Portugal recibió personal y vehículos procedentes de España, además de aeronaves de la reserva europea enviadas desde Italia y España.[4]
El Ministerio del Interior francés actualizó su balance el 31 de julio. Para entonces, 119.000 hectáreas habían ardido en Francia desde comienzos del año y el incendio de Gironda había recorrido 42.000 hectáreas.[5] Son cifras situadas en una fecha concreta, no el cierre definitivo de la temporada.
Antes de aquella oleada, el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales había contabilizado 254.388 hectáreas quemadas y 1.254 incendios de más de treinta hectáreas en la Unión Europea. El balance estaba actualizado al 22 de julio. La página se renueva semanalmente durante el verano y EFFIS advierte de que sus cifras pueden diferir de los inventarios nacionales debido a los distintos umbrales y metodologías utilizados. También explica que las superficies quemadas son delimitadas por personal especializado mediante imágenes satelitales y fuentes auxiliares. El resultado combina observación remota e interpretación humana.[6]
Estas cifras describen una emergencia, pero también una transformación ecológica de mayor alcance. Europa es el continente que se calienta con mayor rapidez. Su temperatura ha aumentado alrededor de 2,5 grados respecto a los niveles preindustriales y el ritmo de calentamiento supera el doble de la media mundial.[7]
El fuego no puede entenderse únicamente como un accidente meteorológico. El calentamiento climático favorece temperaturas extremas, sequías prolongadas y condiciones de propagación más peligrosas. Esas condiciones actúan sobre territorios transformados por el abandono agrario, la expansión de la interfaz entre monte y zonas urbanizadas, la acumulación de material combustible y determinadas plantaciones homogéneas.
La Agencia Europea de Medio Ambiente distingue el abandono rural de una restauración ecológica planificada. También señala que los bosques diversos y las estructuras paisajísticas heterogéneas pueden reducir la continuidad del combustible y aumentar la resiliencia. La agroforestería, el pastoreo adaptado, los mosaicos agrarios y la conversión de monocultivos en masas mixtas forman parte de las medidas estudiadas.[8]
En este escenario, la inteligencia artificial ocupa un espacio cada vez más visible. Cámaras, sensores, drones, imágenes satelitales y modelos predictivos prometen detectar humo, delimitar perímetros, localizar puntos calientes, anticipar riesgos o distribuir recursos.
Sin embargo, no todos estos instrumentos incorporan inteligencia artificial.
Una cámara térmica puede captar diferencias de temperatura sin utilizar aprendizaje automático. Un dron puede transmitir imágenes sin interpretarlas algorítmicamente. Un satélite puede proporcionar información decisiva sin que su funcionamiento dependa de una red neuronal. Confundir sensorización, automatización e inteligencia artificial produce una inflación discursiva que presenta cualquier modernización como IA y dificulta evaluar qué aporta realmente cada tecnología.
Lo que la inteligencia artificial puede aportar
La Comisión Europea ha situado los modelos asistidos por IA entre las prioridades de su nueva estrategia de gestión integral de incendios. La propuesta combina prevención, preparación, respuesta y recuperación. También contempla ampliar EFFIS y construir capacidades europeas de modelización del riesgo, con prioridad para herramientas de modelización de incendios asistidas por IA.[9]
En Francia existen experiencias que emplean inteligencia artificial de manera explícita. MULTIFIRESCAN utiliza sensores multiespectrales instalados en aeronaves ligeras. Un motor de IA procesa las imágenes, localiza perímetros y puntos calientes y genera cartografía operativa con actualizaciones aproximadas cada quince o treinta minutos. Durante su experimentación en Hérault se vigilaron más de un millón de hectáreas, se acumularon 125 horas de vuelo y se detectaron diez conatos antes de una propagación importante.[10]
CONDOR combina un dron solar de larga autonomía con sensores ópticos y análisis automatizado de imágenes. Las pruebas realizadas en los Pirineos Orientales confirmaron su capacidad para detectar inicios de fuego en menos de cinco minutos. También mostraron sensibilidad ante vientos fuertes y una tasa de falsos positivos superior a la esperada. El proyecto recomienda seguir afinando el algoritmo, los procedimientos operativos y el marco regulatorio.[11]
España ha reforzado sus dispositivos de vigilancia con drones de alta capacidad, cámaras térmicas y sistemas digitales de seguimiento. La documentación oficial no afirma que todos esos equipos incorporen IA. Resulta más preciso hablar de una infraestructura técnica dentro de la cual pueden integrarse sistemas de clasificación, predicción o apoyo a la decisión.[12]
En el ámbito de la investigación, IberFire ofrece una base espaciotemporal diaria con una resolución de un kilómetro. Comprende el periodo entre diciembre de 2007 y diciembre de 2024 e integra información sobre incendios, meteorología, topografía, vegetación, usos del suelo, actividad humana y localización. Su elaboración con fuentes abiertas facilita investigaciones reproducibles sobre aprendizaje automático y riesgo forestal.[13]
CFMap utiliza información de IberFire para generar mapas mensuales de riesgo mediante una red neuronal convolucional. Sus resultados experimentales superaron los de varios modelos clásicos y otras arquitecturas de aprendizaje profundo. El estudio mide el rendimiento estadístico del modelo, pero no demuestra todavía su eficacia dentro de un operativo real de extinción o evacuación.[14]
Otro trabajo reciente combina IA explicable y optimización multiobjetivo para estudiar la distribución de recursos con plantillas limitadas. Su caso de estudio se sitúa en Taiwán y no constituye una validación para los territorios europeos. Su interés reside en mostrar que una recomendación varía según se prioricen la rapidez, el equilibrio territorial o la reducción esperada del daño. La asignación de recursos incorpora siempre decisiones sobre qué riesgos y necesidades reciben mayor peso.[15]
Estas tecnologías pueden aportar información relevante. Ganar algunos minutos durante una ignición, localizar un punto caliente oculto por el humo o compartir rápidamente un perímetro actualizado puede ayudar a proteger vidas.
La documentación pública consultada no permite atribuir el control de los incendios de julio a ningún sistema autónomo de inteligencia artificial. Los proyectos mejor descritos continúan actuando como herramientas experimentales o complementarias. La respuesta efectiva sigue dependiendo del personal de extinción, los servicios forestales, las comunicaciones, los caminos, los medios disponibles y el conocimiento práctico de cada territorio.[3][10][11]
Dos temporalidades que deben convivir
La eficacia durante una emergencia y la suficiencia ecológica a largo plazo responden a temporalidades diferentes.
Durante un incendio, unos minutos pueden resultar decisivos. En ese momento se necesita información rápida, comprensible y suficientemente fiable. La evaluación debe atender a la velocidad de detección, los falsos positivos, los incendios no reconocidos, el tiempo de verificación y la capacidad material para responder.
La prevención opera durante años o décadas. Depende de los usos del suelo, el mantenimiento de caminos y puntos de agua, la gestión de la vegetación, las economías rurales, la planificación urbanística, las políticas climáticas y la estabilidad de los servicios públicos.
Reconocer esta diferencia evita una oposición artificial. La eficiencia inmediata puede proteger vidas y la suficiencia ecológica puede reducir la producción continuada del riesgo. El problema aparece cuando la inversión en respuesta tecnológica desplaza la prevención o se presenta como sustituto de una transformación territorial.
Un bosque legible para la máquina
Todo modelo necesita seleccionar variables. Para calcular el riesgo puede clasificar la vegetación como combustible, el relieve como pendiente, una vivienda como elemento expuesto y una población como índice de vulnerabilidad.
Estas categorías son operativamente útiles, pero no agotan aquello que representan.
El bosque también contiene relaciones de propiedad, memorias familiares, aprovechamientos comunales, recorridos ganaderos, trabajos forestales, animales y conocimientos aprendidos durante generaciones. Un robledal, un pinar de repoblación y un antiguo mosaico agrario pueden mostrar valores semejantes en algunas variables y expresar historias sociales y ecológicas muy diferentes.
Beatriz Santamarina ha reconstruido las tradiciones ecológicas, simbólicas y políticas mediante las que la antropología ha estudiado el medio ambiente. Su trabajo muestra que la separación entre naturaleza y cultura no es una evidencia universal, sino una forma histórica de ordenar el mundo.[16]
Vanessa Monfrinotti analiza ese dualismo como parte de la ontología política de la modernidad occidental. La naturaleza aparece así como una entidad exterior, disponible para la observación, la contabilidad y la administración.[17]
Trasladada al ámbito computacional, esta crítica permite observar que un modelo no se limita a representar un bosque previamente existente. También participa en la producción de una versión concreta del bosque. Determina qué puede convertirse en dato, qué relaciones reciben relevancia y qué conocimientos permanecen fuera del sistema.
Un mapa puede mostrar humedad, biomasa, viento y distancia a las viviendas. No explica por sí solo por qué desapareció el pastoreo, cómo se fragmentó la propiedad, qué conflictos atraviesan los usos del suelo o por qué una comarca perdió servicios públicos.
Fuego entre las ruinas del progreso
Anna Lowenhaupt Tsing permite comprender los incendios dentro de paisajes producidos por historias de extracción, abandono y transformación capitalista. En La seta del fin del mundo, las ruinas no son espacios vacíos posteriores al desastre. Son lugares en los que continúan apareciendo relaciones ecológicas, trabajos precarios y formas inesperadas de colaboración y supervivencia.[18]
Los bosques que arden en España, Portugal y Francia tampoco son espacios exteriores a la actividad humana. Han sido transformados por repoblaciones, monocultivos, abandono agrario, urbanización dispersa, turismo, aprovechamientos ganaderos, políticas de conservación y mercados de la madera.
Cuando un modelo calcula el riesgo sobre estos paisajes, procesa el resultado acumulado de decisiones históricas. Sin embargo, esas decisiones suelen reaparecer como condiciones presentes y aparentemente neutrales.
El abandono agrario se convierte en carga de combustible.
La despoblación se convierte en falta de vigilancia.
La expansión inmobiliaria se convierte en exposición.
La precariedad se convierte en vulnerabilidad.
Jason W. Moore propone hablar de Capitaloceno para desplazar la responsabilidad desde una humanidad abstracta hacia las formas históricas de organización del capital, el trabajo, la energía y la naturaleza. La crisis ecológica no ha sido producida de igual manera por todas las personas, empresas, instituciones o territorios, ni sus consecuencias se distribuyen de forma equivalente.[19]
Una aplicación puede identificar la parcela con menor humedad, pero no explica las condiciones económicas que hicieron desaparecer las prácticas que mantenían abierto el monte. Puede reconocer viviendas expuestas, pero no muestra necesariamente quién dispone de vehículo, seguro, cobertura telefónica o una alternativa habitacional.
La máquina antipolítica
James Ferguson mostró cómo determinadas intervenciones transforman conflictos históricos y relaciones de poder en problemas aparentemente técnicos. Su concepto de máquina antipolítica describe la manera en que una actuación administrativa puede ocultar las dimensiones políticas de una situación mientras amplía formas de gestión burocrática.[20]
La inteligencia artificial puede desempeñar una función semejante cuando traduce el abandono rural en una capa de combustible, la falta de personal en un problema de optimización o la desigualdad social en una puntuación de vulnerabilidad.
Las variables pueden estar correctamente calculadas y la representación seguir siendo insuficiente.
Invertir en sensores ofrece una imagen visible de innovación. Sostener durante años trabajos forestales, ganadería extensiva, mantenimiento de caminos, mosaicos agrarios y servicios rurales produce menos espectacularidad tecnológica, aunque pueda modificar de forma más profunda la inflamabilidad del paisaje.
La tecnología puede mejorar la extinción y reforzar la prevención. También puede legitimar un modelo centrado casi exclusivamente en reaccionar cuando el territorio ya está ardiendo.
Un ensamblaje territorial
La teoría del actor-red permite abandonar la imagen del algoritmo como una entidad autónoma. Las tecnologías funcionan mediante asociaciones entre personas, conocimientos, instituciones, normas, infraestructuras y objetos.[21]
Un sistema de prevención y respuesta está formado por satélites, sensores, modelos meteorológicos, empresas proveedoras, centros de coordinación, redes de telecomunicaciones, equipos de extinción, carreteras, presupuestos, vegetación, agua y condiciones atmosféricas.
Cuando una alerta no genera una respuesta adecuada, el fallo puede encontrarse en el sensor, la cobertura, la clasificación automática, la interfaz, el protocolo de verificación o la ausencia de medios disponibles. También puede existir una predicción correcta y resultar imposible evacuar por la congestión de las carreteras o por la falta de transporte adaptado.
Evaluar la IA exige estudiar el ensamblaje completo. Importan la calidad del modelo y la capacidad de actuar después. También importan la propiedad de los datos, la contratación pública, la posibilidad de realizar auditorías y la distribución de responsabilidades cuando una recomendación resulta equivocada.
Los cuidados que no aparecen en el tablero
Durante una evacuación, gran parte del trabajo imprescindible ocurre fuera de los centros tecnológicos. Hay personas que trasladan animales, reciben a quienes han perdido temporalmente su vivienda, preparan alimentos, comparten medicamentos y acompañan situaciones de miedo e incertidumbre.
Susana Narotzky ha mostrado cómo el cuidado y la reproducción social se sostienen mediante obligaciones, afectos y trabajos que suelen permanecer ocultos como actividades económicas. Su enfoque ayuda a comprender que la respuesta ante una emergencia depende también de infraestructuras familiares y comunitarias distribuidas de manera desigual.[22]
Un modelo puede calcular cuántas personas viven en una zona de riesgo. Resulta más difícil representar quién cuida de quién, qué hogares pueden desplazarse, quién depende de medicación o qué personas asumirán después la limpieza, el cuidado de los animales y la reconstrucción de la vida cotidiana.
Estas redes no sustituyen la responsabilidad pública. Necesitan servicios, recursos y protección institucional. Su invisibilidad en los cuadros de mando tampoco las convierte en secundarias. Constituyen una parte esencial de la capacidad colectiva para atravesar una emergencia.
Autocontención frente al solucionismo tecnológico
Jorge Riechmann añade una orientación ética y política decisiva. Su propuesta de simbioética sitúa la vida humana dentro de redes de dependencia y transformación mutua. Las personas no habitamos frente a una naturaleza exterior. Existimos dentro de comunidades de vida que hacen posible nuestra propia continuidad.[23]
Esta perspectiva introduce el principio de autocontención. Una tecnología ecológicamente responsable no puede evaluarse únicamente por su velocidad o eficiencia. También debe examinarse según sus fines, su escala, sus requerimientos materiales, su consumo energético y las relaciones ecológicas que ayuda a sostener o deteriorar.
La IA puede mejorar una parte de la respuesta ante un incendio. No compensa una economía que intensifica el calentamiento, fragmenta los territorios y mantiene niveles de consumo incompatibles con los límites biofísicos.
Riechmann plantea la autolimitación como una condición para que puedan existir otras personas y otros seres. No propone rechazar toda innovación, sino discutir colectivamente qué tecnologías son necesarias, con qué objetivos, en qué escala y bajo qué control.[24]
Este criterio desplaza el debate desde la eficiencia aislada hacia la suficiencia. Una tecnología puede consumir menos recursos que otra y continuar formando parte de una expansión material insostenible. Puede mejorar la detección mientras las políticas económicas y territoriales siguen produciendo condiciones cada vez más peligrosas.
La autocontención establece una jerarquía política.
La mitigación climática debe reducir las causas estructurales del calentamiento.
La gestión territorial debe recuperar paisajes diversos y habitables.
Los servicios públicos, los trabajos forestales y las redes de cuidados necesitan continuidad.
La tecnología puede apoyar estas tareas, pero no sustituirlas ni fijar sus fines.
La simbioética amplía además aquello que entendemos por población protegida. Los incendios no destruyen únicamente propiedades e infraestructuras humanas. Dañan suelos, refugios, áreas de reproducción, microorganismos, vegetación y relaciones ecológicas cuya recuperación puede necesitar décadas.
Dar forma institucional a la inteligencia territorial
Una inteligencia territorial común necesita algo más que principios generales. Requiere instituciones, procedimientos, recursos y capacidad para resolver conflictos.
Las administraciones responsables de protección civil y gestión forestal podrían crear órganos territoriales permanentes en los que participen servicios de emergencias, ayuntamientos, personal forestal, comunidades rurales, organizaciones ecologistas, centros de investigación y representantes de actividades agrarias y ganaderas.
Estos espacios no deberían limitarse a validar sistemas ya comprados. Tendrían que intervenir antes de la contratación, durante la selección de variables y en la evaluación posterior.
Los contratos públicos podrían exigir modelos documentados, registros de versiones, información sobre los datos de entrenamiento, pruebas territoriales y publicación periódica de falsos positivos, omisiones y tiempos de respuesta. La protección de datos sensibles no debería utilizarse como justificación para mantener opacos los criterios que distribuyen recursos públicos.
La validación local tendría que realizarse mediante simulacros y ejercicios de campo. Los resultados del modelo deberían compararse con la experiencia del personal de extinción y con el conocimiento de quienes trabajan en el territorio. Las discrepancias tendrían que registrarse, discutirse y utilizarse para modificar el sistema.
La participación tampoco elimina los conflictos. Quienes poseen terrenos forestales, quienes desarrollan actividades ganaderas, las administraciones, las empresas tecnológicas y los movimientos ecologistas pueden defender intereses distintos. La inteligencia territorial no consiste en fingir consenso, sino en crear procedimientos democráticos para hacer visibles esos desacuerdos y decidir públicamente.
Las alertas deben mantener redundancia. Las aplicaciones móviles y los mensajes automatizados tienen que convivir con radio, medios locales, sistemas acústicos, puntos presenciales y redes vecinales organizadas. Una infraestructura de seguridad que depende de un único canal digital puede excluir a personas sin cobertura, batería, competencias digitales o acceso constante a un dispositivo.
La evaluación de los sistemas debería incluir tanto eficacia como equidad. No bastaría con medir cuántos incendios fueron detectados. También habría que analizar qué territorios concentran errores, qué poblaciones reciben avisos más tarde, qué recursos existen para actuar después y quién soporta los costes de una decisión equivocada.
Permanecer en el problema
Donna Haraway propone permanecer en los problemas de una Tierra dañada en lugar de buscar una posición exterior desde la que ofrecer soluciones totales. Su trabajo entiende la naturaleza como una articulación biocultural y reclama respuestas situadas entre especies y comunidades interdependientes.[25]
Desde esta posición, la IA deja de aparecer como una inteligencia exterior que llega a salvar el bosque. Se convierte en una herramienta situada dentro de relaciones ecológicas, económicas y políticas que deben ser cuidadas y transformadas.
Los incendios de este verano muestran tanto la utilidad como los límites de las tecnologías de predicción. Detectar antes una columna de humo, delimitar un perímetro y compartir información puede proteger vidas.
También sería irresponsable confiar en que mejores modelos compensarán paisajes abandonados, condiciones climáticas más extremas, desigualdades territoriales y servicios públicos sometidos a presión.
La inteligencia más necesaria quizá sea aquella capaz de combinar conocimientos diferentes sin subordinar unos a otros.
Una inteligencia pública y territorial que conecte satélites con pastoreo, cámaras térmicas con memoria local, predicciones meteorológicas con redes vecinales, restauración ecológica con justicia climática y capacidad técnica con autocontención.
La IA puede ayudarnos a ver antes el fuego.
Evitar que Europa se convierta en un territorio cada vez más inflamable exige transformar aquello que el modelo apenas alcanza a representar.
Fuentes institucionales y científicas
[1] Ministerio del Interior. 2026. Orden INT/748/2026, de 23 de julio. Boletín Oficial del Estado, 24 de julio de 2026.
[2] Ministerio del Interior. 2026. Orden INT/762/2026, de 25 de julio. Boletín Oficial del Estado, 26 de julio de 2026.
[3] Comisión Europea. 2026. The EU sends planes and firefighters as wildfires ravage France and Spain. 27 de julio de 2026.
[4] Comisión Europea. 2026. EU deploys wildfire support to face multiple fires across Portugal and France. 6 de julio de 2026.
[5] Ministère de l’Intérieur. 2026. Sur terre et dans les airs — combattre le feu sur tous les fronts. Actualización del 31 de julio de 2026.
[6] Joint Research Centre. 2026. Current wildfire situation in Europe. Datos actualizados al 22 de julio de 2026.
[7] Copernicus Climate Change Service y Organización Meteorológica Mundial. 2026. Why is Europe warming so quickly?. European State of the Climate 2025.
[8] Agencia Europea de Medio Ambiente. 2025. Nature-based solutions for fire-resilient European forests. DOI 10.2800/8810870.
[9] Comisión Europea. 2026. Modernising our approach to tackling the rising wildfire threat. 25 de marzo de 2026.
[10] Direction générale de la Sécurité civile et de la gestion des crises. 2026. MULTIFIRESCAN.
[11] Direction générale de la Sécurité civile et de la gestion des crises. 2026. CONDOR.
[12] Gobierno de España. 2026. Campaña de lucha contra los incendios forestales 2026. 21 de mayo de 2026.
[13] Ercibengoa, Julen, Meritxell Gómez-Omella e Izaro Goienetxea. 2025. IberFire — a spatio-temporal dataset for wildfire risk assessment in Spain. Versión 0.2.
[14] Lopes, Lucas, Rafik Ghali y Moulay A. Akhloufi. 2026. CFMap — A Deep Convolutional Neural Network for Predicting Wildfire Risk Maps. ISPRS Annals of the Photogrammetry, Remote Sensing and Spatial Information Sciences XI-3-2026, 173–178.
[15] Hsu, Bin-Wei. 2026. Integrating explainable AI and multi-objective optimization for wildfire resource allocation under fixed staffing constraints. Scientific Reports 16, 20059.
Referencias teóricas
[16] Santamarina Campos, Beatriz. 2008. Antropología y medio ambiente. Revisión de una tradición y nuevas perspectivas de análisis en la problemática ecológica. AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana 3, 2, 144–184.
[17] Monfrinotti Lescura, Vanessa Ivana. 2021. El trasfondo ontológico de la modernidad occidental. Revisión crítica de la escisión naturaleza/cultura. En-Claves del Pensamiento 30, e422.
[18] Tsing, Anna Lowenhaupt. 2021. La seta del fin del mundo. Sobre la posibilidad de vida en las ruinas capitalistas. Traducción de Francisco J. Ramos Mena. Capitán Swing.
[19] Moore, Jason W. 2020. El capitalismo en la trama de la vida. Ecología y acumulación de capital. Traducción de María José Castro Lage. Traficantes de Sueños.
[20] Ferguson, James. 1994. The Anti-Politics Machine. Development, Depoliticization, and Bureaucratic Power in Lesotho. University of Minnesota Press.
[21] Tirado, Francisco J. y Daniel López Gómez. 2012. Teoría del actor-red. Un pragmatismo contemporáneo. En Teoría del actor-red. Más allá de los estudios de ciencia y tecnología, 1–17. Amentia.
[22] Narotzky, Susana. 2008. La renta del afecto. Ideología y reproducción social en el cuidado de los viejos. En Paz Moreno Feliu, coord., Entre las gracias y el molino satánico. Lecturas de antropología económica, 321–336. UNED.
[23] Riechmann, Jorge. 2022. Simbioética. Homo sapiens en el entramado de la vida. Plaza y Valdés.
[24] Riechmann, Jorge. 2022. Autolimitarnos para que pueda existir el otro. Sobre energía y transiciones ecosociales. Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global 156, 11–25.
[25] Haraway, Donna J. 2016. Staying with the Trouble. Making Kin in the Chthulucene. Duke University Press. DOI 10.1215/9780822373780.
Crédito de la imagen
Pierre Markuse. 2022. Wildfire visualization. Imagen representativa del incendio al este de Split, Croacia, adquirida por Sentinel-2 el 17 de julio de 2017. Visualización QuickFire para Sentinel Hub, reutilizada bajo licencia CC BY-SA 4.0. Contiene datos modificados de Copernicus Sentinel [2017].