La inteligencia artificial suele presentarse como una tecnología que interviene sobre un mundo ya dado: cartografía territorios, procesa datos, produce imágenes, predice desplazamientos y pone mensajes en circulación. Tres desarrollos recientes de la antropología complican esa imagen. Anna Lowenhaupt Tsing participa en un proyecto que desplaza la atención de la tierra como superficie a las relaciones que componen un paisaje; Sherry B. Ortner vuelve al documental político para explorar cómo una verdad adquiere capacidad de actuar; y un nuevo manual de geografía de los medios reúne el trabajo de Tim Ingold con debates sobre Internet, geodatos, vida sensorizada e inteligencia artificial.

No hay una teoría compartida entre los tres autores, sino una lectura editorial posible entre materiales distintos. Juntos permiten observar la tecnología no como algo que llega desde fuera, sino como parte de las relaciones que hacen que un mundo sea visible, creíble y habitable.

Anna Tsing en Barcelona · De la reforma de la tierra a la reforma del paisaje

El 30 de junio, durante Pollen2026 en Barcelona, Anna Lowenhaupt Tsing presentó junto con Jun Borras, Esteve Corbera e Ian Scoones el proyecto LAND — Land and Life in the Anthropocene: Landscape Reform.

La pregunta que articula el proyecto es deliberadamente amplia: ¿cómo podemos aprender a vivir sobre la Tierra de nuevas maneras?

LAND comenzó el 1 de mayo de 2026 y se extenderá hasta abril de 2031. La ficha oficial de CORDIS registra una contribución europea de 8,33 millones de euros y un equipo principal formado por Borras, Corbera, Scoones y Tsing.

El desplazamiento conceptual aparece ya en el nombre: no land reform, sino landscape reform. Una parcela nunca es solo una superficie que puede poseerse, explotarse o redistribuirse; la atraviesan relaciones entre seres humanos y no humanos, formas de propiedad, regímenes económicos y sistemas climáticos. LAND ordena esa complejidad mediante cuatro P: Partners (relaciones humano-no-humanas), Property (producción de propiedad), Profit (regímenes de tierra) y Planet (sistemas tierra-clima).

Estas dimensiones se cruzan con cuatro desafíos del Antropoceno —clima, biodiversidad, alimentación e infraestructura/inversión— en cuatro paisajes de referencia: la Amazonia colombiana, las sabanas del sur de África, las llanuras mediterráneas españolas y las costas del sudeste asiático. El proyecto, además, prevé trabajar con instituciones públicas, movimientos sociales y comunidades locales para convertir la investigación en aproximaciones prácticas a una posible reforma del paisaje.

El giro resulta especialmente fértil para pensar una época que promete observar, sensorizar, clasificar y optimizar territorios. Allí donde esa promesa tiende a reducirlos a superficies disponibles, LAND devuelve al primer plano las vidas, economías, historias y relaciones que hacen de un territorio un mundo.

La ficha completa del proyecto puede consultarse en CORDIS.

Sherry B. Ortner · Decir la verdad no basta para cambiar el mundo

El 17 de agosto, CaMP Anthropology publicó una entrevista de Kenzell Huggins con Sherry B. Ortner sobre Screening Social Justice: Brave New Films and Documentary Activism.

El libro apareció en 2023. La novedad está en la conversación de 2026 y en la manera en que Ortner vuelve sobre su investigación desde un escenario mediático diferente. Su proyecto comenzó en Participant Media, una productora que decía hacer películas destinadas a “cambiar el mundo”. Con el tiempo empezó a desconfiar de aquella concepción del cambio y terminó estudiando Brave New Films, una organización documental más directamente vinculada con redes de activismo. La diferencia no residía únicamente en producir documentales con posiciones políticas más fuertes, sino en lo que sucedía alrededor de las películas.

Ortner recupera la idea de los powerful texts: textos que pueden convertirse en puntos de apoyo para nuevas formas de conciencia política cuando llegan a ser reconocidos como portadores de verdades importantes sobre el mundo.

Una película, sin embargo, no adquiere esa potencia por el mero hecho de existir. Brave New Films insertaba sus documentales en procesos colectivos de circulación, discusión y movilización. De ahí otro concepto central del libro, la agencia, que Ortner distingue en sus formas crítica, afectiva y conectada en red. Una producción audiovisual políticamente eficaz no solo informa: puede modificar la interpretación de una situación, despertar afectos capaces de movilizar y conectar a quienes la ven con otras personas y organizaciones.

La entrevista gana intensidad al abordar la verdad. Para Ortner, la combinación entre una pretensión de verdad y una relación cuasi-etnográfica con personas reales forma parte de la potencia histórica del documental. Pero esa potencia tropieza con un problema de escala.

Los medios independientes pueden producir perspectivas críticas y verdades incómodas, pero alcanzan públicos comparativamente pequeños. Los grandes medios disponen de audiencias y recursos capaces de intervenir en la conversación pública a otra escala.

Cuando esa infraestructura central de producción pública de verdad se deteriora, sostiene Ortner, los medios alternativos se vuelven todavía más importantes. Su argumento no trata sobre inteligencia artificial generativa, pero ilumina el ecosistema que esta está acelerando. A medida que producir imágenes, vídeos, voces y textos se abarata, la escasez puede desplazarse desde la producción de contenido hacia las relaciones capaces de otorgarle credibilidad, circulación y capacidad de actuar. El contenido sigue importando, aunque su eficacia política dependa cada vez más de las redes que lo sostienen, lo distribuyen y hacen posible que algo ocurra después de verlo.

Esa atención a las mediaciones no se limita a la vida pública de las imágenes. También alcanza los espacios por los que nos movemos, cada vez más inseparables de los dispositivos que los hacen legibles.

Tim Ingold · La geografía de una vida mediada

En agosto de 2026, Nomos publicó Mediengeographie: Handbuch für Wissenschaft und Studium, un volumen de 469 páginas editado por Tristan Thielmann y Max Kanderske.

Entre quienes contribuyen al volumen aparecen Tim Ingold, Sarah Pink, Bruno Latour, Mark Andrejevic, Caren Kaplan, James Ash y Jessica McLean, junto con otras figuras de la geografía, los estudios de medios y las ciencias sociales.

Su presentación editorial enumera Internet de las cosas, Big Data, medios asociados a drones, inteligencia artificial, GIS móvil y sensored life —vida sensorizada— como parte de una transformación en la que los geodatos participan cada vez más de la vida cotidiana y de las formas científicas utilizadas para conocerla. El handbook combina aportaciones de síntesis con textos clave anteriores traducidos al alemán; su novedad no consiste en que todo lo reunido haya sido escrito en 2026, sino en situar trabajos como el de Ingold dentro de esta constelación contemporánea de la geografía mediada.

Una de las críticas persistentes de Ingold se dirige contra la idea del espacio como superficie abstracta sobre la que después se sitúan personas, objetos y acontecimientos. Habitar significa moverse, percibir, seguir líneas, aprender recorridos y establecer relaciones dentro de un mundo. La geografía mediada añade otra capa: cada vez más, esos movimientos transcurren junto a tecnologías que localizan, calculan, orientan y representan el entorno recorrido.

Un mapa digital no se limita a decir dónde estamos. Puede decidir qué camino aparece primero, qué lugar resulta próximo, qué establecimiento se hace visible y qué trayecto parece razonable.

Así emergen lugares cuya experiencia pasa por tecnologías que los detectan, cartografían, calculan y recomiendan mientras los habitamos.

Paisaje, verdad, espacio

Leídos en relación —sin convertirlos en portavoces de una teoría común—, estos tres desarrollos trazan un movimiento afín. Con Tsing, la tierra deja de ser un objeto aislado y aparece como las relaciones que componen un paisaje. Ortner desplaza la mirada del contenido político hacia las redes que permiten que una verdad adquiera agencia. La obra de Ingold, reubicada en la geografía contemporánea de los medios, lleva del espacio abstracto a las prácticas y mediaciones mediante las que un lugar llega a ser vivido.

Una parcela está atravesada por propiedad, clima, alimento, infraestructuras y vidas humanas y no humanas; un documental, por públicos, afectos, organizaciones y tecnologías de distribución; un lugar, por movimientos, percepciones, mapas, sensores y sistemas que ordenan lo que aparece ante quienes lo recorren. La inteligencia artificial tampoco actúa sobre un mundo intacto y anterior a ella. Entra en esas relaciones y participa en la configuración de lo visible, lo creíble, lo habitable y aquello sobre lo que podemos actuar.

Fuentes