Un mes después de Shanghái, lo que mejor ha envejecido no es un modelo ni un robot. Es una firma. Y la respuesta que esa firma ha provocado.
El 16 de julio, representantes de veintinueve Estados firmaron el acuerdo para crear la World Artificial Intelligence Cooperation Organization (WAICO), con sede permanente en Shanghái. Al día siguiente comenzó la World Artificial Intelligence Conference 2026 y Xi Jinping situó la nueva organización en el centro de su propuesta sobre cooperación, acceso tecnológico y gobernanza global de la inteligencia artificial.
Treinta días después sabemos mejor por qué importaba. Reuters reveló el 14 de agosto que el Departamento de Estado estadounidense prepara una comunicación que plantea la incompatibilidad entre pertenecer a Pax Silica y participar en iniciativas consideradas rivales. El borrador está dirigido a los treinta y cinco países que firmaron en junio la AI Opportunity Statement; no todos pertenecen a Pax Silica, un marco no vinculante que cuenta con 24 signatarios. Kazajistán, incorporado a Pax Silica el 25 de junio y firmante de WAICO el 16 de julio, es hasta ahora el único país conocido presente en ambos espacios. El documento estadounidense puede cambiar y todavía no constituye una política pública definitiva.
Shanghái fue así algo más que una feria. Fue uno de los lugares donde la gobernanza de la IA empezó a adquirir territorio, presupuesto, miembros y fronteras.
WAICO tiene tratado, no solo comunicado
El acuerdo constitutivo establece una organización internacional intergubernamental con personalidad jurídica propia, una sede permanente en Shanghái, un Consejo compuesto por los Estados miembros y una Secretaría encargada de ejecutar sus decisiones. Cada Estado dispone de un voto; primero debe buscarse el consenso y, si fracasa, las decisiones pueden adoptarse por mayoría de dos tercios de quienes estén presentes y voten.
También existe una arquitectura financiera: contribuciones anuales de los miembros, aportaciones voluntarias y posibles ingresos derivados de proyectos de cooperación, con presupuesto y cuentas sometidos al Consejo.
La diferencia respecto de Pax Silica es importante. Este último es un marco político no vinculante destinado a reforzar cadenas consideradas confiables de minerales críticos, energía, semiconductores, fabricación avanzada e infraestructura de IA. WAICO nace, en cambio, de un tratado que crea órganos permanentes, votación, financiación y procedimientos de adhesión y retirada. No estamos ante dos organizaciones equivalentes compitiendo con distinto logotipo.
El propio tratado de WAICO incorpora además funciones económicas: conectar oferta y demanda tecnológica entre sus integrantes, desarrollar capacidades, facilitar cooperación científica y promover ecosistemas abiertos. La institución política puede convertirse también en una infraestructura para hacer circular tecnología.
La incógnita relevante ya no está en el organigrama. Está en la transición entre institución escrita e institución practicada: ratificaciones, Secretaría, presupuesto efectivo, proyectos financiados y mecanismos concretos de transparencia.
¿Qué Sur Global?
La geografía de quienes firmaron inicialmente ya constituye un argumento.
Entre los veintinueve aparecen China, Brasil, Sudáfrica, Indonesia, Malasia, Laos, Camboya, Myanmar, Pakistán, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán, Etiopía, Kenia, Senegal, Cuba, Venezuela, Rusia, Bielorrusia y Serbia, además de otros Estados africanos, asiáticos y latinoamericanos. Ningún país del G7 ni de la Unión Europea figura entre esos signatarios iniciales. India tampoco lo hizo, pese a pertenecer a BRICS. La presencia simultánea de Indonesia, Malasia, Laos, Camboya y Myanmar hace particularmente visible la dimensión del Sudeste Asiático.
China presenta esa composición como una respuesta a las demandas del Sur Global. Xi anunció cinco mil plazas de formación y seminarios sobre IA para países en desarrollo durante los próximos cinco años, además de centros de cooperación vinculados con ASEAN, la Liga Árabe, la Unión Africana, CELAC, la Organización de Cooperación de Shanghái y BRICS.
El lenguaje importa. Buena parte de los marcos internacionales que han definido hasta ahora principios, métricas y regulación de la IA proceden del Norte Global. WAICO sitúa en primer plano acceso tecnológico, desarrollo de capacidades, soberanía estatal y diversidad de las civilizaciones.
Pero representación formal y control material no son la misma cosa. Un Estado puede disponer de un voto y depender al mismo tiempo de infraestructuras, modelos, personal técnico o cadenas de suministro que no controla.
Bangladés muestra además que tampoco existe una única manera de acercarse a esta arquitectura. El 1 de agosto decidió solicitar inicialmente la condición de observador, una posición que permite acercarse a la institución sin asumir todavía una pertenencia plena.
Entre estar dentro y quedarse fuera existe también la posibilidad de mirar, negociar y evaluar.
Qué capa se comparte: el caso MAZU
Aquí la palabra “acceso” puede examinarse de forma bastante concreta.
Xi anunció la intención de extender MAZU, el sistema chino de alerta meteorológica apoyado por IA, a treinta países. Pero su situación actual contiene varias capas: más de cuarenta países han utilizado sus servicios mediante la nube y siete disponen de versiones personalizadas desplegadas sobre el terreno: Pakistán, Etiopía, Islas Salomón, Jordania, Sri Lanka, Mongolia y Yibuti.
La diferencia es importante porque acceder a una plataforma no equivale a disponer de capacidad instalada, integración con sistemas meteorológicos nacionales, personal preparado para mantenerla o autonomía para modificarla.
MAZU permite sustituir una pregunta demasiado general —si China “comparte” tecnología— por otras mucho más útiles:
¿Qué capa se comparte? ¿Quién administra el sistema? ¿Dónde residen los datos? ¿Qué capacidad permanece cuando termina la cooperación? ¿Quién puede modificar la infraestructura sin pedir permiso?
Esta misma distinción vale para los modelos abiertos. Poder descargar pesos, modificarlos o desplegarlos localmente puede reducir la dependencia respecto de APIs privadas y servicios extranjeros. Pero el modelo continúa necesitando cómputo, chips, electricidad, redes y personal.
Abrir el modelo no abre necesariamente todo aquello que permite ejecutarlo.
La respuesta estadounidense
En ese contexto, Kazajistán resulta especialmente revelador.
Pax Silica organiza su cooperación en torno a las bases materiales de la IA: minerales críticos, energía, fabricación avanzada, semiconductores, centros de datos y cadenas de suministro. WAICO formula su propuesta alrededor de cooperación entre Estados, desarrollo, normas, acceso y creación de capacidades.
Son construcciones diferentes, pero terminan llegando a una misma pregunta: quién puede utilizar qué tecnología y dentro de qué red de relaciones.
El borrador estadounidense intenta convertir esa red en una frontera de pertenencia. Si finalmente se aplica en esos términos, cooperar con Washington en unas capas y con Pekín en otras dejaría de ser una estrategia aceptable para determinados Estados.
Todavía es prematuro hablar de dos bloques perfectamente formados. Bangladés observa, India permanece fuera de WAICO y Kazajistán intenta habitar ambas arquitecturas.
Algunos actores, sin embargo, ya están intentando que el mapa funcione como si hubiera que escoger.
Cuatro mil cuatrocientos objetos
La diplomacia convivió en Shanghái con otra escena mucho más material.
La WAIC cerró con más de 100.000 metros cuadrados de exposición, 1.117 empresas, 4.486 productos y más de 400.000 visitas presenciales. La organización contabilizó 351 presentaciones como estrenos mundiales. Conviene mantener dos cautelas: se trata de visitas acumuladas, no necesariamente de personas distintas, y “estreno mundial” es también una categoría promocional. China Daily publicó ese balance el 21 de julio; una pieza posterior del 27 describió precisamente el movimiento de la IA desde el código y las pantallas hacia fábricas, farmacias y puestos de trabajo.
Robots cooperativos, manos diestras, agentes, chips y supernodos hicieron visible una inteligencia artificial que intenta salir de la pantalla.
El Atlas 950 SuperPoD de Huawei ofrece un ejemplo particularmente claro. Su arquitectura había sido presentada anteriormente, pero la WAIC acogió el debut público del hardware físico. Reuters describió el sistema como una demostración de la capacidad china para construir grandes clústeres mediante procesadores Ascend y reducir la dependencia de los aceleradores más avanzados estadounidenses.
La distinción entre software y objeto parece pequeña hasta que pensamos en infraestructura.
Un modelo puede viajar como archivo. Un supernodo necesita suelo, electricidad, refrigeración, redes, contratos, mantenimiento y una jurisdicción en la que existir.
También necesita personas.
Detrás de los agentes y los robots continúan estando quienes fabrican componentes, ensamblan equipos, mantienen centros de datos, preparan conjuntos de datos, prueban sistemas y reorganizan su trabajo alrededor de la automatización.
La inteligencia encarnada tiene cuerpo porque antes tuvo trabajo.
Diversidad: de la palabra a la institución
Hace apenas dos días este Radar preguntaba, a partir de lingüistas, especialistas en humanidades y debates intelectuales chinos, qué cultura entra en una inteligencia artificial. Dar corazón a la IA observaba cómo una tecnología presentada como universal empieza a ser reinterpretada mediante lenguas, categorías y tradiciones propias.
La documentación política de Shanghái permite conectar aquella conversación con la institución.
La presidencia de la WAIC defendió que la IA debe atender distintos escenarios culturales y contribuir a preservar la diversidad de las civilizaciones. WAICO incorpora también esa diversidad entre sus principios.
La cuestión es qué ocurrirá cuando esa palabra tenga que convertirse en práctica.
¿Modificará quién diseña los sistemas, qué lenguas reciben recursos, qué conocimientos se convierten en datos, quién gobierna esos datos y qué criterios se utilizan para evaluar una tecnología?
¿O permanecerá principalmente como vocabulario diplomático?
No podremos responder leyendo otra declaración. Habrá que seguir quién diseña, quién financia, quién forma, quién hospeda y quién puede decir que no.
La institución también es una tecnología
Hay algo profundamente antropológico en mirar un tratado de dieciocho artículos junto a un pabellón lleno de robots.
Ambos organizan posibilidades.
El robot distribuye capacidad de actuar entre sensores, modelos, actuadores, infraestructuras y personas. La institución la distribuye entre Estados, votos, secretarías, presupuestos, procedimientos y normas.
WAICO introduce además una frontera especialmente interesante: su acuerdo limita expresamente su actividad al ámbito civil de la inteligencia artificial.
Esa separación parece clara jurídicamente y mucho menos clara materialmente.
Un sistema meteorológico como MAZU puede proteger cultivos, anticipar inundaciones y salvar vidas, y al mismo tiempo procesar observaciones atmosféricas y geoespaciales mediante satélites, redes y sistemas informáticos estratégicos. Un centro de datos puede entrenar modelos científicos, comerciales o de seguridad. Una misma cadena de semiconductores puede sostener múltiples usos.
Las categorías jurídicas necesitan fronteras precisas.
Las infraestructuras sociotécnicas no siempre las respetan.
El mapa que quedó
Un mes después de Shanghái, el tamaño de la WAIC es probablemente lo menos interesante.
La pregunta es qué relaciones está intentando organizar China alrededor de sus capacidades tecnológicas.
WAICO promete cooperación, formación, acceso, creación de capacidades y una presencia mayor de Estados que durante años han ocupado posiciones periféricas dentro de la economía digital.
Esa promesa merece ser tomada en serio precisamente para poder seguirla críticamente.
Ya conocemos el tratado, los votos y parte de su arquitectura financiera. Ahora habrá que mirar las ratificaciones, la Secretaría, el primer presupuesto, los proyectos concretos, los contratos, la ubicación de las infraestructuras y las condiciones de las transferencias tecnológicas.
MAZU ofrece una primera métrica: distinguir acceso en nube de capacidad instalada.
Bangladés ofrece otra: observar quién entra, quién prefiere mirar como observador y quién permanece fuera.
Kazajistán añade una tercera: comprobar hasta qué punto será posible habitar varios ecosistemas tecnológicos cuando las grandes potencias empiecen a exigir exclusividad.
La gobernanza de la inteligencia artificial está dejando de ser una colección de principios sobre máquinas futuras. Empieza a convertirse en instituciones, presupuestos, centros de datos, chips, formación, alianzas y fronteras.
Y cuando aparecen las fronteras, la pregunta antropológica vuelve a ser la misma:
quién puede atravesarlas, quién puede dibujarlas y quién tiene que vivir dentro de ellas.
Fuentes
- Digital Watch Observatory. Agreement on the Establishment of the World Artificial Intelligence Cooperation Organization.
- Ministerio de Asuntos Exteriores de China. Ceremonia de firma del acuerdo de establecimiento de WAICO, 16 de julio de 2026.
- Ministerio de Asuntos Exteriores de China. Discurso de Xi Jinping en la apertura de WAIC 2026, 17 de julio de 2026.
- Presidencia de WAIC 2026. Chair’s Statement of the 2026 World Artificial Intelligence Conference & High-Level Meeting on Global AI Governance.
- Bernama. Composición de los 29 signatarios iniciales de WAICO.
- Reuters. Xi pitches China as leader of new global AI order, challenging US dominance, 17 de julio de 2026.
- Reuters. US to tell partners they must pick sides in AI race with China, 14 de agosto de 2026.
- China Daily. WAIC ends in Shanghai on a high note, 21 de julio de 2026.
- China Daily. 2026 AI conference sets new records in scale, 27 de julio de 2026.
- South China Morning Post. China’s AI weather warning system Mazu expanding across Global South, 19 de julio de 2026.
- The Paper. Entrevista con Pan Jinjun sobre MAZU y la evolución de la meteorología mediante IA, 18 de julio de 2026.
- Ministerio competente de Kazajistán. Incorporación a Pax Silica, 25 de junio de 2026.
- Bangladesh Sangbad Sangstha / Ministerio de Exteriores de Bangladés. Decisión de solicitar inicialmente estatus de observador en WAICO, 1 de agosto de 2026.