La nube también toca fondo
TeleGeography proyecta que entre 2026 y 2035 se desplegarán más de 1.010.000 kilómetros de nuevos cables submarinos, con una inversión media anual cercana a los 5.000 millones de dólares (Mauldin, 2026). La previsión corresponde al mercado general de cables, no exclusivamente a la inteligencia artificial. Aun así, la expansión de los centros de datos, la nube y las cargas de entrenamiento e inferencia está modificando la demanda de conexiones de larga distancia.
La cifra permite desplazar el debate. La inteligencia artificial suele explicarse mediante modelos, chips y centros de datos, pero la coordinación entre esas instalaciones depende de una red física que atraviesa océanos. Los datos se procesan donde existen energía, suelo, refrigeración, incentivos y capacidad informática. Después deben circular entre territorios sometidos a normas distintas de soberanía, seguridad y localización de la información.
La nube, por tanto, no está fuera del mundo. Está sostenida por estaciones de amarre, buques especializados, repetidores, centros de datos, contratos de capacidad y cables depositados o enterrados en el lecho marino. La nube también toca fondo.
Los cables submarinos convierten el océano en una infraestructura material, política y territorial. Starosielski (2015) sigue estas redes desde el lecho oceánico hasta las estaciones de amarre y muestra que su funcionamiento depende de costas, territorios, empresas, marcos regulatorios y condiciones ambientales. Desde la antropología de las infraestructuras, Larkin (2013) propone entender estas redes como formas materiales que permiten la circulación a distancia y que, al mismo tiempo, organizan promesas, jerarquías y relaciones de poder.
En el caso específico de los cables submarinos, sus trazados se superponen con jurisdicciones, pesca, navegación y otros usos del espacio marítimo. Por eso constituyen un problema de gobernanza oceánica y geopolítica, no solo de ingeniería (Bueger & Liebetrau, 2021; Takei, 2012; Van Logchem, 2014). Un cable no une simplemente dos puntos en un mapa. Conecta fondos marinos, estaciones costeras, permisos, empresas, sistemas eléctricos y centros de datos. Su distribución tampoco es neutral: factores socioeconómicos, políticos y geográficos influyen en dónde se concentran los accesos y las rutas previstas (Franken et al., 2025).
¿De quién son los mares? Humboldt y Firmina
No existe una única respuesta jurídica a la pregunta por la propiedad del océano. En el mar territorial, el Estado ribereño ejerce soberanía. En la Zona Económica Exclusiva conserva derechos sobre los recursos y determinadas competencias ambientales, mientras otros Estados mantienen libertades como la navegación y el tendido de cables. En la plataforma continental existen derechos sobre el lecho y el subsuelo, pero no una facultad general para impedir cables ajenos. En alta mar no puede proclamarse soberanía estatal. El lecho situado fuera de las jurisdicciones nacionales, conocido como la Zona, y sus recursos minerales están sometidos al principio de patrimonio común de la humanidad (Davenport, 2018; Takei, 2012; United Nations, 1982; Van Logchem, 2014).
Estas divisiones tampoco explican por sí solas quién controla la circulación digital. El espacio marítimo puede estar sometido a regímenes públicos e internacionales, mientras los sistemas de cable, sus pares de fibra y la capacidad disponible pertenecen o se asignan a empresas, consorcios y organismos estatales mediante acuerdos diferentes.
El proyecto Humboldt permite observar esas capas. En junio de 2026, las autoridades chilenas aprobaron la instalación y operación del sistema que conectará Santo Domingo, en la región de Valparaíso, con Sídney, además de una segunda ruta hacia Panamá. La información oficial más reciente habla de más de 21.000 kilómetros de infraestructura submarina, instalación prevista desde el último trimestre de 2026 y entrada en servicio en 2028 (Gobierno de Chile, 2026).
Humboldt se presenta como una vía para convertir Chile en un nodo digital entre América del Sur y Asia-Pacífico. Google y la empresa pública Desarrollo País constituyeron Humboldt Connect con participaciones equivalentes. Sin embargo, esa sociedad está vinculada a la activación y comercialización de determinados pares de fibra, lo que aconseja distinguir entre propiedad del sistema, financiación del proyecto, capacidad reservada y derechos comerciales. La infraestructura no tiene una sola forma de propiedad (Desarrollo País, 2025; Gobierno de Chile, 2026).
El cable Firmina ofrece un contraste. Construido por Google, enlaza la costa oriental de Estados Unidos con Las Toninas, en Argentina, y cuenta con amarres en Praia Grande, Brasil, y Punta del Este, Uruguay. Su diseño permite mantener la alimentación desde un solo extremo cuando la fuente del otro queda temporalmente indisponible. Telxius participa proporcionando infraestructura y acceso comercial en varios puntos, pero esa colaboración no equivale automáticamente a una propiedad compartida del sistema (Koley, 2021).
Humboldt combina participación estatal y corporativa en nombre de la integración regional. Firmina muestra a una empresa hiperescalar construyendo una ruta adaptada a sus servicios y necesidades de resiliencia. Ambos casos permiten formular la paradoja de la soberanía digital. Un Estado puede exigir centros de datos locales o proteger la residencia nacional de la información, pero seguir dependiendo de capacidad oceánica controlada contractual y técnicamente por empresas transnacionales.
Desde enero de 2026, este despliegue convive además con la entrada en vigor del Acuerdo BBNJ sobre biodiversidad marina fuera de las jurisdicciones nacionales. El tratado incorpora mecanismos para áreas protegidas, evaluaciones de impacto, recursos genéticos marinos y transferencia de tecnología. No convierte cada cable en una actividad automáticamente sometida a una evaluación completa ni altera por sí solo su propiedad. Sí introduce un marco más exigente para observar los efectos acumulativos de nuevas actividades en alta mar (United Nations, 2026).
La investigación disponible invita a evitar el catastrofismo. Los cables de telecomunicaciones ocupan una fracción muy pequeña del fondo oceánico y sus impactos suelen ser locales, especialmente durante la instalación o la retirada. Sin embargo, las alteraciones pueden resultar más importantes en corales, praderas marinas y otros hábitats sensibles. La expansión prevista obliga a evaluar rutas, métodos de enterramiento, mantenimiento y destino de los sistemas obsoletos sin tratar el fondo marino como un soporte inerte (Calhoun et al., 2025).
Cuando la conectividad se llama desarrollo
La antropología del desarrollo permite examinar el vocabulario que legitima estas infraestructuras. Conectividad, modernización, inclusión digital, resiliencia y crecimiento nombran necesidades reales, pero también pueden presentar decisiones políticas como consecuencias inevitables del progreso técnico.
Arturo Escobar mostró que el desarrollo funciona como un régimen de representación. Define qué territorios aparecen como atrasados, qué saberes se consideran autorizados y qué intervenciones se vuelven razonables (Escobar, 1995). Mark Hobart analizó cómo el conocimiento experto puede producir ignorancia al relegar prácticas y conocimientos locales (Hobart, 1993). James Ferguson explicó que la conversión de conflictos políticos en problemas técnicos puede ampliar capacidades administrativas y empresariales mientras oculta la distribución del poder (Ferguson, 1994).
Aplicar estas perspectivas no significa negar la utilidad de los cables. Significa preguntar qué hace la conectividad además de transportar datos.
Una nueva ruta puede reducir latencia y aumentar capacidad mientras concentra propiedad. Puede convertir una costa en nodo regional sin garantizar que las comunidades próximas participen en las decisiones. Puede atraer centros de datos y, al mismo tiempo, profundizar dependencias respecto a nubes, contratos y jurisdicciones extranjeras. Puede presentarse como integración latinoamericana aunque gran parte del tráfico y del valor se dirija hacia plataformas situadas fuera de la región.
También puede entenderse como una infraestructura que hace posible la extracción y valorización de datos, en diálogo con lo que Couldry y Mejias (2019) denominan colonialismo de datos. Esta aplicación a los cables submarinos es una extensión analítica de AIthropology Lab: el cable no extrae datos del fondo marino como una explotación minera, sino que proporciona el canal material por el que circulan hacia sistemas capaces de almacenarlos, procesarlos y capturar su valor. El lecho oceánico se incorpora así a cadenas de extracción de valor que dependen también de energía, trabajo, minerales, agua y territorio.
George Marcus ofrece una metodología adecuada para estudiar esta arquitectura. Su etnografía multilocal propone seguir objetos, conexiones y conflictos a través de espacios diferentes (Marcus, 1995). En este caso, seguir el cable significa partir del centro de datos, llegar a la estación de amarre, acompañar el trazado marítimo, identificar permisos y regímenes jurídicos, reconstruir la propiedad de cada par de fibra y observar quién compra capacidad y para qué.
Ese recorrido desplaza la mirada desde la promesa abstracta de conexión hacia sus condiciones concretas.
¿Quién decide la ruta?
¿Quién obtiene capacidad pública y quién depende de acuerdos privados?
¿Qué costa se convierte en nodo y cuál permanece como periferia?
¿Qué conocimientos ambientales intervienen en el trazado?
¿Quién puede reparar la conexión cuando falla?
La expansión submarina no demuestra que la inteligencia artificial esté conquistando por sí sola los océanos. Muestra algo más preciso. La reorganización global del cómputo necesita convertir el mar en una arquitectura coordinada de circulación. Allí se encuentran Estados, corporaciones, ecosistemas y poblaciones bajo relaciones desiguales.
La inteligencia artificial no flota sobre esos conflictos. Circula a través de ellos.
Referencias
Bueger, C., & Liebetrau, T. (2021). Protecting hidden infrastructure: The security politics of the global submarine data cable network. Contemporary Security Policy, 42(3), 391–413. https://doi.org/10.1080/13523260.2021.1907129
Calhoun, E., Fletcher, R., McOwen, C., Ondo, I., Kamath Cannanure, V., Wrottesley, J., Clare, M., Bressie, K., & Wopschall, R. (2025). Submarine cables and marine biodiversity. UNEP World Conservation Monitoring Centre & International Cable Protection Committee. https://doi.org/10.34892/V9NB-TR83
Couldry, N., & Mejias, U. A. (2019). Data colonialism: Rethinking big data’s relation to the contemporary subject. Television & New Media, 20(4), 336–349. https://doi.org/10.1177/1527476418796632
Davenport, T. (2018). The high seas freedom to lay submarine cables and the protection of the marine environment: Challenges in high seas governance. AJIL Unbound, 112, 139–143. https://doi.org/10.1017/aju.2018.48
Desarrollo País. (2025, 4 de junio). Desarrollo País y Google se unen para crear Humboldt Connect, empresa a cargo del primer cable submarino que cruzará el Pacífico Sur. https://desarrollopais.cl/desarrollo-pais-y-google-se-unen-para-crear-humboldt-connect-empresa-a-cargo-del-primer-cable-submarino-que-cruzara-el-pacifico-sur/
Escobar, A. (1995). Encountering development: The making and unmaking of the Third World. Princeton University Press.
Ferguson, J. (1994). The anti-politics machine: “Development,” depoliticization, and bureaucratic power in Lesotho. University of Minnesota Press.
Franken, J., Reinhold, T., Dörnfeld, T., & Reuter, C. (2025). Hidden structures of a global infrastructure: Expansion factors of the subsea data cable network. Technological Forecasting and Social Change, 215, 124068. https://doi.org/10.1016/j.techfore.2025.124068
Gobierno de Chile. (2026, 22 de junio). Cable Humboldt: Aprueban instalación del cable submarino de Google que unirá Chile con Asia-Pacífico. https://www.gob.cl/noticias/cable-humboldt-aprueban-instalacion-del-cable-submarino-de-google-que-unira-chile-con-asia-pacifico/
Hobart, M. (Ed.). (1993). An anthropological critique of development: The growth of ignorance. Routledge.
Koley, B. (2021, June 9). Hola, South America! Announcing the Firmina subsea cable. Google Cloud Blog. https://cloud.google.com/blog/products/infrastructure/announcing-the-firmina-subsea-cable
Larkin, B. (2013). The politics and poetics of infrastructure. Annual Review of Anthropology, 42, 327–343. https://doi.org/10.1146/annurev-anthro-092412-155522
Marcus, G. E. (1995). Ethnography in/of the world system: The emergence of multi-sited ethnography. Annual Review of Anthropology, 24, 95–117. https://doi.org/10.1146/annurev.an.24.100195.000523
Mauldin, A. (2026). Forecasting the next 10 years of submarine cable investment and kilometers. TeleGeography. https://resources.telegeography.com/forecasting-the-next-10-years-of-submarine-cable-investment-and-kilometers
Starosielski, N. (2015). The undersea network. Duke University Press. https://doi.org/10.1215/9780822376224
Takei, Y. (2012). Law and policy for international submarine cables: An Asia-Pacific perspective. Asian Journal of International Law, 2(2), 205–233. https://doi.org/10.1017/S204425131200001X
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Van Logchem, Y. (2014). Submarine telecommunication cables in disputed maritime areas. Ocean Development & International Law, 45(1), 107–122. https://doi.org/10.1080/00908320.2014.867195