El radar de hoy parte de una tensión común. Las instituciones intentan ordenar mundos complejos mediante estándares, rúbricas, inventarios, principios éticos y sistemas automatizados. Pero la vida social, ecológica y educativa no siempre entra limpia en esos moldes.

La pregunta antropológica no es solo si una herramienta funciona. Es qué vuelve legible, qué deja fuera y quién decide la forma que debe adoptar lo vivo, lo justo o lo verdadero para poder ser reconocido.

Anna Tsing y los hongos contra el diseño obediente

En Rotterdam, la exposición FUNGI. Anarchist Designers, en el Nieuwe Instituut, está activa entre el 20 de noviembre de 2025 y el 8 de agosto de 2026. Está comisariada por la antropóloga Anna Tsing y la arquitecta y artista Feifei Zhou. La muestra presenta los hongos como organismos independientes que prosperan en entornos multiespecie y en las ruinas del capitalismo, no como materiales dóciles para la arquitectura o el diseño sostenible.

El punto de partida es crítico. Tsing y Zhou rechazan la idea de incorporar los hongos a procesos de diseño y producción como si fueran una nueva materia prima amable. La exposición se define como “anti-diseño” y sitúa a los hongos como co-diseñadores anárquicos, inconscientes e incontrolables de mundos que solo existen mediante alianzas entre seres humanos y otros seres vivos.

Ese gesto abre bien el radar. Frente a las instituciones que necesitan hacer legible la vida para gestionarla, los hongos recuerdan que no todo puede ser escalado, optimizado o convertido en infraestructura. La muestra recorre escalas que van de la cocina al hospital, de los termiteros a las plantaciones de café, de los archivos a los bosques. En una instalación sobre la roya del café en América Latina, la exposición muestra cómo un hongo puede desarmar un sistema agrícola pensado desde el monocultivo y la maximización del rendimiento.

Clave AIthropology Lab — Tsing permite abrir desde lo que se resiste a la estandarización. No todo conocimiento es escalable. No toda práctica viva debe convertirse en dato. No toda relación entre especies puede reducirse al lenguaje de la innovación sostenible. La pregunta es qué ocurre cuando lo vivo solo puede entrar en una institución después de volverse representable, seguro y administrable.

SARI 2.0 y la automatización de la buena pregunta

En Chile, la Universidad de Chile publicó el 10 de junio de 2026 una nota sobre SARI 2.0, una herramienta de inteligencia artificial desarrollada desde el CIAE para revisar preguntas de selección múltiple en evaluaciones escolares, universitarias y de salud. La plataforma ya colabora con DEMRE y la Agencia de Calidad de la Educación, y prevé incorporar equipos vinculados a CPEIP, EUNACOM, CONACEM y ACHIEEN.

SARI 2.0 detecta imperfecciones de construcción, etiqueta problemas y entrega recomendaciones de mejora. La nueva etapa se impulsó tras la adjudicación de un proyecto Fondef IT de ANID y busca apoyar la elaboración de preguntas en distintos niveles educativos y en pruebas estandarizadas de altas consecuencias.

El punto no es solo que la IA entre en educación. El punto es que entra en una infraestructura que ya ordena trayectorias, accesos, certificaciones y oportunidades. En Chile, SARI 2.0 no llega a un vacío. Llega a un sistema de admisión donde la PAES organiza inscripción, rendición, resultados, postulación y selección.

Una pregunta de selección múltiple parece un objeto menor, pero condensa una teoría completa sobre qué significa saber algo. Define qué se puede preguntar, qué cuenta como respuesta correcta, qué formas de razonamiento se premian y qué experiencias quedan fuera del formato.

La IA no crea por sí sola la desigualdad educativa. Puede, sin embargo, optimizar una infraestructura que ya clasificaba. Mejorar técnicamente una pregunta no equivale necesariamente a hacer más justa una evaluación. Una pregunta puede estar bien redactada y seguir midiendo desde supuestos sociales, lingüísticos o territoriales estrechos.

Ahí aparece el bucle delicado. Si una herramienta aprende a reconocer la buena pregunta a partir de criterios históricos de evaluación, también puede consolidar los sesgos de esas evaluaciones. Lo que antes era una tradición psicométrica se convierte entonces en una recomendación automática.

Clave AIthropology Lab — SARI 2.0 no solo revisa ítems. Participa en la estabilización de criterios sobre claridad, validez, error, dificultad y pertinencia. En pruebas de altas consecuencias, esos criterios pueden afectar accesos universitarios, certificaciones profesionales y reconocimiento de competencias. La pregunta es si mejorar la calidad técnica de una pregunta hace la evaluación más justa, o solo la vuelve más eficiente en su injusticia.

Oaxaca y la ciudad que no cabe en el inventario

En Oaxaca, la señal ya cuenta con fuente institucional directa. UNESCO publicó el 26 de junio de 2026 una nota sobre el trabajo de comunidades de Oaxaca de Juárez para construir el primer inventario de patrimonio cultural inmaterial de la ciudad junto a UNESCO, INAH, UCUVI y SEDATU. El objetivo declarado es que el patrimonio vivo pueda integrarse en la planificación urbana y orientar un turismo responsable y sostenible en manos de sus comunidades.

La fuente menciona expresiones como el encaje tradicional del barrio de Xochimilco, la elaboración de nieves artesanales, la mayordomía de Xochimilco y las comparsas de Jalatlaco. También subraya la participación de comunidades portadoras en procesos de registro, documentación e intercambio de saberes. Ese marco resulta prometedor, pero no basta con repetirlo como una buena práctica. La pregunta no puede limitarse a celebrar la participación. Hay que preguntar cómo se produce, quién la representa y qué voces quedan fuera.

Pero ahí mismo aparece la fisura. El turismo sostenible sigue siendo turismo. Puede redistribuir beneficios, pero también puede convertir la vida comunitaria en recurso económico, marca urbana o experiencia consumible. El patrimonio vivo corre el riesgo de quedar protegido solo en la medida en que pueda ser narrado, inventariado y visitado.

Oaxaca permite pensar dos formas de ordenar la ciudad. De un lado, la planificación tecnocrática que mide flujos, densidades, movilidad, riesgo, rentabilidad o atractivo turístico. Del otro, una planificación que intenta reconocer conocimientos situados, memorias barriales y prácticas comunitarias. La pregunta no es cuál de las dos es pura. La pregunta es qué ocurre cuando una comunidad debe traducir su vida común al lenguaje de una estrategia urbana, una organización internacional o una economía turística.

Se gana legibilidad institucional. Se puede perder opacidad, conflicto interno, autonomía y derecho a no convertirse en postal.

Clave AIthropology Lab — La planificación urbana no es solo una técnica de ordenamiento. Es una disputa sobre quién puede definir qué cuenta como ciudad, qué cuenta como patrimonio y qué formas de habitar merecen continuidad. La pregunta es si una comunidad puede ser protagonista cuando la forma reconocible de la participación la define una institución externa.

UNESCO y la ética de la IA como promesa de traducción

La Recomendación de UNESCO sobre la Ética de la Inteligencia Artificial no entra aquí como noticia regional de actualidad. Entra como marco de fondo. Fue adoptada en noviembre de 2021 por los 193 Estados miembros de UNESCO y plantea que la IA debe respetar derechos humanos y dignidad humana, con principios como transparencia, justicia, sostenibilidad ambiental y supervisión humana.

El marco también habla de gobernanza multiactor, privacidad, auditoría, trazabilidad, supervisión humana, sostenibilidad, alfabetización pública y no discriminación.

Su límite aparece precisamente en la traducción. Los principios éticos suenan fuertes en el documento, pero solo se vuelven reales cuando llegan a una base de datos, un aula, una prueba, una licencia urbana, una plataforma o un sistema de decisión pública.

SARI muestra el nivel micro donde una política algorítmica se convierte en criterio técnico. Oaxaca muestra el nivel territorial donde la participación comunitaria puede traducirse a una gramática de planificación. Tsing recuerda que siempre hay formas de vida, humanas y no humanas, que se resisten a ser domesticadas por completo.

Clave AIthropology Lab — La ética de la IA no se prueba en la declaración. Se prueba en las infraestructuras que clasifican, evalúan, recomiendan, autorizan o excluyen. La pregunta es qué vale una IA centrada en las personas si las personas solo aparecen después de que el sistema ya aprendió cómo medirlas.

Lectura transversal

Partimos de los hongos, con Tsing. Pasamos al código, con SARI. Entramos en el territorio, con Oaxaca. Y dejamos la ética de la IA como marco que promete orientar esas traducciones sin resolverlas por sí solo.

Las piezas no hablan de lo mismo, pero comparten una operación. Muestran cómo distintos mundos son traducidos para volverse gobernables.

La exposición de Tsing recuerda que lo vivo desborda el diseño. SARI convierte la evaluación en criterios revisables por una máquina. Oaxaca permite preguntar qué ocurre cuando el patrimonio vivo entra en el lenguaje de la planificación urbana. UNESCO ofrece un vocabulario ético global, pero su eficacia depende de lo que pase en las infraestructuras concretas.

Toda traducción institucional tiene costes. Para ser gobernable, una práctica debe volverse legible. Para ser legible, debe perder parte de su ambigüedad. Para entrar en una base de datos, una rúbrica, un inventario, una vitrina o un plan urbano, debe aceptar una forma.

La pregunta antropológica no es si la herramienta funciona. Es qué mundo vuelve visible. Qué saberes premia. Qué voces necesitan traducirse para ser escuchadas. Qué formas de cuidado se convierten en dato, estándar, patrimonio o producto.

En el fondo, el problema no es técnico. Es político y cultural.

¿Quién define una buena pregunta?

¿Quién escribe el guion de una ciudad viva?

¿Y qué formas de vida se resisten a convertirse en norma, dato o diseño?

Fuentes