American Anthropologist: futuros, lenguas y formas menores de publicar

El número de junio de American Anthropologist (vol. 128, núm. 2) reúne varias pistas útiles para pensar hacia dónde se mueve hoy la disciplina, y casi todas tienen que ver con sostener lo que los marcos dominantes empujan al margen.

Una aparece en el artículo de Eliana Ritts sobre Kai Language Heroes, presentado como el primer concurso televisivo de lenguas indígenas del mundo, producido por Taiwan Indigenous Television. Lo interesante no es solo que la televisión se convierta en herramienta de revitalización lingüística, sino que el aprendizaje no se organiza únicamente alrededor del acierto y el error. Ritts describe una “cultura de producción de la ligereza” —su traducción del término mandarín qingsong— donde el humor, el juego y el cuidado permiten sostener lenguas atravesadas por historias de colonialismo, vergüenza y borrado.

El segundo hilo es el bloque sobre futuridades indígenas, una special section coeditada por Lindsay M. Montgomery y Heather Law Pezzarossi cuya introducción (“Indigenous Futurities: Theorizing Futurity in the Past and Present”) da el marco. Frente a una idea de futuro heredada del progreso moderno o de la temporalidad colonial, estos trabajos preguntan cómo la arqueología y la antropología pueden narrar pasados y presentes indígenas sin encerrarlos en la pérdida, la desaparición o la supervivencia. La cuestión no es añadir pueblos indígenas a un futuro ya diseñado por otros, sino reconocer que también producen futuros propios.

El tercer hilo, aparentemente menor pero muy sugerente, es la defensa del zine —o cuadernillo autoeditado— antropológico de Nicholas C. Kawa (“Welcome to the Anthropozine!”, publicado en acceso abierto). Kawa propone los cuadernillos autoeditados como alternativa parcial a la publicación académica convencional: más táctiles, más experimentales, más accesibles para estudiantes y más abiertos a combinar texto, imagen y teoría. En conjunto, el número recuerda que la antropología no solo cambia por sus temas; también cambia por sus medios, sus públicos y sus formas materiales de circulación.

Restos humanos, museos y restitución: cuando el archivo también es un cuerpo

Una investigación de The Guardian publicada el 7 de marzo de 2026 ofreció el recuento más completo hasta la fecha sobre los restos humanos conservados en instituciones británicas: 241 museos, universidades y administraciones declaran custodiar 263.228 ítems —huesos, esqueletos, momias, cabello, dientes, fragmentos—, de los cuales 37.996 constan como de origen extranjero (28.914 de fuera de Europa) y otros 16.236 sin continente de procedencia conocido. Solo 100 instituciones pudieron dar una cifra de individuos: 79.334 personas estimadas. La cifra real, advierten los investigadores, es casi con seguridad mayor.

El debate ya no puede formularse solo como conservación frente a investigación. También hay que preguntar quién tiene derecho a nombrar esos restos, a decidir si deben mostrarse, estudiarse, enterrarse o restituirse. Muchos llegaron por saqueo, en contextos coloniales, raciales o extractivos, a menudo con documentación incompleta. Rehumanizar no significa simplemente retirar cuerpos de las vitrinas, sino reconstruir relaciones: con comunidades de origen, descendientes, Estados y formas no occidentales de entender la muerte. La restitución aparece así menos como gesto final que como proceso político y ético: una forma de revisar qué hizo la ciencia con los cuerpos y qué responsabilidades heredan hoy los museos.

Marisol de la Cadena y los mundos que no caben

La American Academy of Arts and Sciences anunció en 2026 su nueva promoción de miembros, y la antropología tuvo un protagonismo notable: en la misma hornada entraron Marisol de la Cadena (UC Davis) y Anna Tsing (UC Santa Cruz), además de figuras como George Marcus, Barbara Mills y John L. Jackson Jr. No es un detalle menor para AIthropology: dos de las voces que seguimos —la del pluriverso ontológico y la del Antropoceno irregular— reconocidas a la vez por una de las instituciones académicas más antiguas y prestigiosas de Estados Unidos.

El caso de De la Cadena es el que mejor condensa el eje de este radar. Su trabajo sobre mundos andinos, seres-tierra y política del conocimiento —recogido en Earth Beings— ha insistido en una pregunta decisiva: qué ocurre cuando aquello que otros pueblos dicen que existe no cabe en las categorías con las que la academia, el Estado o la ciencia ordenan la realidad. Una montaña puede ser una montaña, pero no solo una montaña. Un animal puede ser ganado en una economía capitalista, pero también formar parte de otra relación de vida y cuidado. De la Cadena obliga a escuchar esos “no solo” no como metáforas culturales, sino como fricciones ontológicas: puntos donde mundos distintos se rozan sin reducirse unos a otros.

Para una antropología de la inteligencia artificial, la lectura es especialmente fértil. Los sistemas técnicos tienden a clasificar, traducir y normalizar; De la Cadena recuerda que hay formas de vida y de pensamiento cuya importancia reside precisamente en no dejarse traducir del todo. Pensar con ella —y con Tsing, que en lugar de modelos globales abstractos parte de “patches” concretos y de los ensamblajes materiales del Antropoceno— es preguntarse no solo qué puede saber una IA, sino qué mundos quedan fuera cuando saber significa convertirlo todo en datos compatibles.

Fuentes