Antropología política e IA
Dieciséis días de ventaja no apagan un incendio

La Ecomarcha 2026 cruzó en bicicleta los montes quemados entre León y Xixón. Lo que sus crónicas registran y un modelo predictivo no puede reconstruir por sí solo.
El 18 de julio de 2026, la Ecomarcha de Ecologistas en Acción todavía no había empezado a pedalear y el fuego ya estaba allí.
El punto de encuentro era Villaquilambre, a las puertas de León. Pocos días antes, un incendio próximo a Navatejera había obligado a elevar durante unas horas el nivel de gravedad por la cercanía de viviendas y explotaciones ganaderas. Al caer la tarde, el pelotón se dirigió hacia León para inaugurar la marcha. Esa misma noche, un grupo que regresaba encontró otro conato a la entrada de Navatejera y tuvo que detenerse para avisar a los servicios de extinción. Las crónicas lo anotaron como «mal fario».
Durante las dos semanas siguientes, las bicicletas atravesarían Molezuelas de la Carballeda, Sanabria, A Mezquita, Manzaneda, Valdeorras, Las Médulas, El Bierzo, Laciana y los valles asturianos hasta alcanzar Xixón. La ruta había sido diseñada deliberadamente para recorrer algunas de las comarcas afectadas por los grandes incendios de 2025 y conocer a las comunidades que continuaban viviendo entre sus consecuencias. La convocatoria pública hablaba de más de 700 kilómetros y catorce etapas; las crónicas internas que sirven de fuente principal a esta nota cierran el itinerario en 660 kilómetros.
Pero una ruta en bicicleta difícilmente puede reducirse a una línea sobre un mapa.
En Villalverde, cuando escasea el agua durante una subida, alguien acerca la manguera del jardín para llenar los bidones. En A Mezquita, el encuentro en la Casa de Cultura reúne al pelotón con la alcaldía y con un vecindario compuesto, según la crónica, principalmente por mujeres que explican cómo vivieron el incendio del verano anterior. En Manzaneda, después de una etapa larga, la única tienda del pueblo abre fuera de horario para recibir a quienes llegan. En Las Médulas, una responsable de un proyecto rural cuenta cómo entró el fuego en un paisaje reconocido como Patrimonio Mundial.
Son episodios mínimos frente a decenas de miles de hectáreas calcinadas. Precisamente por eso interesan a la antropología.
Pedalear como método
Las Crónicas de la Ecomarcha 2026 no pretenden ser una etnografía académica. Están escritas desde dentro por personas que participan en la marcha, comparten buena parte de sus reivindicaciones y forman parte de aquello que describen. Las propias crónicas reconocen su función de conservar recuerdos, situarlos dentro del itinerario y transmitir algo del ambiente vivido. Esa posición no resta interés al material; lo vuelve situado.
Registran conversaciones, hospitalidad, discrepancias, accidentes, conocimientos locales, transformaciones del paisaje, memoria del trabajo y diferentes explicaciones sobre aquello que hace arder un monte. El cuerpo que observa llega cansado, busca una sombra, necesita agua, sube un puerto y debe encontrar dónde dormir.
Miguel Delibes entendió pronto esa relación entre movimiento y paisaje. La bicicleta fue parte importante de su biografía. Durante el noviazgo con Ángeles de Castro, ella le regaló una máquina de escribir y él le correspondió con una bicicleta. En 1988 apareció Mi querida bicicleta; al año siguiente, Mi vida al aire libre (Memorias deportivas de un hombre sedentario) reunió sus recuerdos sobre ciclismo y otras prácticas al aire libre. Escribir y desplazarse quedaron unidos en una obra que volvió repetidamente sobre la experiencia directa del campo y de quienes lo habitan.
Jorge Riechmann llevó esa materialidad al terreno político. El socialismo puede llegar sólo en bicicleta apareció en 2012 y volvió a publicarse en una edición revisada y ampliada en 2022. Cuando le preguntaron por el título, definió la bicicleta como «el artefacto ecosocialista por excelencia». No la utilizaba como símbolo de rechazo de la tecnología, sino como una máquina industrial de alta eficiencia que multiplica la movilidad humana con un consumo relativamente pequeño de materiales y energía.
Hay además una coincidencia territorial especialmente sugerente. En abril de 2023, la Asociación Tierra, Cultura y Arte de Fabero invitó a Riechmann a impartir una conferencia sobre transiciones energéticas, ecológicas y decrecimiento. Tres años después, esa misma asociación recibiría a la Ecomarcha en una antigua comarca carbonífera.
La bicicleta de la Ecomarcha añade algo a esta genealogía. Establece una escala de observación. Desde un automóvil, el paisaje puede convertirse en distancia. Desde un satélite, en píxeles. Desde una bicicleta reaparecen pendientes, fuentes, olores, sombras, caminos deteriorados, animales, tiendas, ruinas industriales y conversaciones que obligan a detenerse.
El incendio antes del incendio
En Matalobos del Páramo, la marcha visita una huerta ecológica y participa después en un encuentro sobre los concejos vecinales de León. Son formas históricas de gobierno local que gestionan bienes comunales como montes, pastos, aguas y patrimonio. La Federación Leonesa de Entidades Locales Menores recuerda que el concejo abierto precede como forma de gobierno a muchas estructuras municipales actuales.
Al día siguiente el paisaje cambia.
El pelotón entra en las tierras quemadas por el incendio de Molezuelas de la Carballeda y llega a Castrocontrigo. Allí, por la tarde, una persona que trabaja en las Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales y una técnica forestal conversan con quienes participan en la marcha. Según las crónicas, hablan de prevención, medios disponibles, condiciones laborales y de algo mucho más difícil de representar sobre un mapa: el conocimiento local del territorio.
Las BRIF son unidades especializadas del dispositivo estatal de incendios, creadas para intervenir en escenarios de elevada exigencia y desplegarse donde sean necesarias. El MITECO mantiene bases en territorios atravesados o próximos a la ruta, entre ellos Tabuyo del Monte, Laza y Tineo.
La ecología política ofrece un marco particularmente útil para comprender por qué estas conversaciones forman parte de la historia del incendio. Dolors Comas d’Argemir propuso incorporar a la relación entre sociedad y ambiente las diferencias en el acceso a los recursos, las instituciones que regulan su utilización, los factores políticos, los modelos de desarrollo y la conexión entre procesos locales y globales. La degradación ambiental deja así de presentarse como un simple desajuste de la naturaleza. También es el resultado de determinadas relaciones sociales, políticas y económicas.
«Abandono del monte» describe entonces un estado visible. Todavía falta explicar cómo se produjo.
Los cambios en la propiedad, la desaparición de determinadas actividades agrarias, las transformaciones de la ganadería, la disponibilidad de servicios, el envejecimiento, la precariedad laboral, la gestión de los comunales o la posibilidad material de vivir de una actividad rural pertenecen también al paisaje sobre el que termina actuando el fuego.
La Ecomarcha va encontrando esas capas casi accidentalmente. En A Mezquita escucha al vecindario que vivió el incendio. Un día después encuentra en Manzaneda un sistema ecológico y económico diferente. Los soutos son castañares, pero también alimento, propiedad, memoria y trabajo. Allí visita Amarelante, una cooperativa fundada en 2013 para recuperar castañares abandonados y volver a hacer de ellos una actividad económica viable. La propia cooperativa explica su proyecto como una herramienta de transformación social del medio rural.
En Galicia, además, la propia forma de propiedad complica la expresión «abandono del monte». Los montes veciñais en man común son una figura singular de propiedad privada colectiva: pertenecen a agrupaciones vecinales como grupos sociales, no a los ayuntamientos ni a titulares individuales por cuotas. La Xunta registra 3.312 montes clasificados, con 664.230 hectáreas, y sitúa el 39,2 % en Ourense. La literatura gallega sobre estos comunales ha mostrado cómo su gestión articula organización parroquial, reciprocidad, acción colectiva y transformaciones socioeconómicas. Victoria Saco Lemos estudió la relación entre monte comunal y sociedad local; Damián Copena ha analizado después estas formas de gobernanza colectiva y sus desafíos sociales, económicos y ambientales.
Más adelante aparece Terra en Pé Valdeorras, nacida después de los incendios de 2025 y constituida luego como asociación. Durante las semanas del fuego llegó a superar el millar de personas coordinadas para tareas de apoyo, según declaró su presidenta a La Región.
En Ponferrada, Bierzo Aire Limpio y la Plataforma para la Defensa de la Cordillera Cantábrica incorporan nuevas capas. Hablan de incendios y biodiversidad, pero también de contaminación, industria, gestión pública, restauración y futuro económico de las montañas. La secuencia deja ver instituciones que preceden al incendio y otras que aparecen después.
Una conversación que no llegó a celebrarse
Uno de los episodios más pequeños de las crónicas quizá sea también uno de los más reveladores.
La Ecomarcha entra en Asturies atravesando el puerto de Ventana y el Parque Natural de Las Ubiñas-La Mesa. En Quirós estaba prevista una charla sobre «el valor del matorral» en la gestión del monte.
La charla no llega a celebrarse.
Según el relato de la marcha, la alcaldía considera que el debate resulta poco oportuno en plena ola de incendios. Ecoloxistes n’Aición d’Asturies decide cancelar la actividad para no aumentar la tensión, aunque mantiene que el debate sobre la gestión del territorio sigue siendo necesario.
La escena permite observar algo que una estadística de incendios difícilmente registra. Después de una catástrofe también se disputa cómo debe explicarse la catástrofe.
Matorral, pastoreo, quemas, repoblación, gestión forestal, abandono rural y prevención pueden adquirir significados políticos y afectivos. Una hipótesis técnicamente discutible puede convertirse en sentido común. Una discusión necesaria puede resultar socialmente insoportable pocos días después de un incendio.
Una etnografía del fuego incluye también esas conversaciones que no llegan a ocurrir.
Dieciséis días
La charla cancelada en Quirós muestra lo difícil que resulta discutir el monte cuando todavía arde. Tres semanas después de que la ruta llegara al Cantábrico, la Universidad de León presentó en Ponferrada CROWNFIRE-AI, una herramienta que no necesita discutir: calcula.
El sistema no predice dónde comenzará un incendio. Estima algo más concreto. A partir de imágenes Sentinel-2 y MODIS, información sobre vegetación, topografía y datos meteorológicos, calcula el riesgo de que, una vez iniciado el fuego, alcance las copas y se propague por el dosel forestal.
El modelo fue entrenado con 18.874 parcelas procedentes de 33 grandes incendios ocurridos en España entre 2017 y 2024. La configuración basada en Sentinel-2 obtuvo una exactitud global del 90,15 % durante la validación cruzada y del 91,25 % al evaluarse con datos de campo completamente independientes procedentes de los incendios de Sierra de la Culebra y Navalacruz. Las previsiones del modelo meteorológico GFS permiten generar mapas futuros hasta un máximo de dieciséis días.
Los propios investigadores matizan ese horizonte. La incertidumbre de las predicciones meteorológicas aumenta conforme se amplía el plazo; los escenarios de tres o cuatro días concentran, por ello, un mayor interés operativo, mientras que los periodos más alejados deben entenderse como orientativos y actualizarse con nuevas predicciones.
Ponferrada había sido apenas un mes antes uno de los lugares donde el pelotón se detuvo a escuchar. Ahora era el escenario donde una universidad presentaba un modelo para anticipar el comportamiento extremo del fuego.
CROWNFIRE comprime enormes volúmenes de información para reconocer una configuración peligrosa antes de que ocurra. La marcha hace prácticamente lo contrario. Avanza despacio y permite que el paisaje despliegue su historia.
El modelo puede estimar que una combinación determinada de humedad, vegetación, relieve y meteorología favorece un incendio de copas. No puede reconstruir por sí solo por qué ese monte tiene ahora esa vegetación, qué actividades desaparecieron de él, quién posee la tierra, qué institución la administra o qué posibilidades económicas existen para seguir viviendo allí.
Eso no constituye un defecto del algoritmo. Define su escala.
Dieciséis días pueden resultar enormemente valiosos para distribuir medios, intensificar la vigilancia o preparar dispositivos de emergencia. Pero son dieciséis días insertos en transformaciones territoriales que pueden haber comenzado décadas atrás.
La predicción anticipa las condiciones del fuego. La etnografía permite reconstruir algunas de las condiciones del paisaje.
Las minas que permanecen después de cerrar
El primer episodio minero llega pronto. En A Gudiña, el 23 de julio, el pelotón coincide con una protesta de Ecoloxistas en Acción de Galiza y del Movimento UIVO portugués contra la prolongación durante treinta años de la explotación de wolframio de San Xoán. Más de cien personas participan en la movilización y las organizaciones denuncian la ausencia de una evaluación ambiental transfronteriza. El Juzgado de Instrucción número 1 de Santiago había abierto en enero diligencias para investigar un presunto delito de prevaricación relacionado con la concesión de esa prórroga, procedimiento del que también informó Europa Press.
Después, en Valdeorras y El Bierzo, aparecen las explotaciones y plantas de transformación de pizarra. Y en Fabero, la Gran Corta, una antigua explotación carbonífera a cielo abierto clausurada en 2018 cuya restauración seguía pendiente. El encuentro con Tierra, Cultura y Arte mezcla memoria obrera, desindustrialización y preguntas sobre el futuro de la comarca.
Desde esas explotaciones cerradas resulta difícil no mirar hacia las que ahora se proyectan.
La Agencia Internacional de la Energía prevé que, bajo el escenario de políticas actualmente adoptadas, la demanda agregada de minerales críticos casi se duplique hasta 2040, impulsada no solo por vehículos eléctricos, baterías y redes eléctricas, sino también por la fabricación de alta tecnología, los sistemas digitales y la propia inteligencia artificial.1
La Unión Europea ha convertido esa dependencia en política industrial. El Reglamento (UE) 2024/1252 —el Critical Raw Materials Act— fija para 2030 referencias equivalentes al 10 % de las necesidades europeas cubiertas mediante extracción dentro de la Unión, el 40 % mediante transformación y el 25 % mediante reciclado. En su versión jurídica española, el reglamento utiliza la expresión «materias primas fundamentales» y distingue dentro de ellas una lista de materias primas estratégicas.
Fabero puede leerse entonces no solo como una ruina del pasado, sino también como una advertencia temporal. Toda mina que abre empieza simultáneamente la historia de su cierre.
Michael Taussig mostró en su etnografía sobre plantaciones y minas sudamericanas que una explotación minera produce mucho más que mineral. En las minas de estaño bolivianas encontró relaciones laborales, cosmologías, jerarquías y formas particulares de entender el riesgo y la transformación de la naturaleza.
Maristella Svampa ha descrito desde América Latina otro nivel del mismo proceso mediante la idea de «Consenso de los Commodities». Su argumento se refiere a un contexto histórico y político diferente del europeo, pero resulta útil como advertencia analítica. La expansión extractiva no distribuye únicamente minerales y beneficios. También genera nuevas asimetrías, disputas territoriales y conflictos sobre qué formas de valorar un lugar deben prevalecer.
El paralelismo no exige afirmar que la Europa de los minerales críticos repetirá exactamente esa trayectoria. Sí permite hacer una pregunta.
¿Qué paisaje dejará la transición de 2030 cuando se observe desde 2070?
Lo que crece entre las ruinas
Anna Tsing ofrece otra temporalidad.
En La seta del fin del mundo, el matsutake aparece precisamente en bosques modificados por la actividad humana. No representa el regreso a una naturaleza intacta. El hongo vive en paisajes perturbados y conecta árboles, suelos, personas recolectoras, precariedad laboral, migraciones y mercados internacionales.
En la propuesta de Tsing, ecología e historia no forman dominios separados. Tampoco naturaleza y política. La supervivencia ocurre mediante asociaciones entre especies, infraestructuras, mercados y formas de vida que ninguna de ellas controla completamente.
La ruina tampoco equivale a vacío. Cuando una explotación termina continúan ocurriendo cosas. Crecen plantas entre edificios. Los animales atraviesan instalaciones abandonadas. Persisten enfermedades profesionales y memorias familiares. Aparecen nuevos usos, cooperativas o movimientos sociales. Un antiguo paisaje productivo puede convertirse simultáneamente en patrimonio, espacio recreativo, refugio ecológico, peligro físico o escenario de otro proyecto extractivo.
La Ecomarcha encuentra todo eso sin buscar deliberadamente una teoría de las ruinas. Encuentra el carbón de Fabero, las explotaciones de pizarra de Valdeorras, los castañares recuperados de Manzaneda, bosques quemados, embalses, poblaciones mineras y montes abandonados dentro de un mismo itinerario.
Tsing ayuda a observar qué tienen en común. La vida puede continuar después de la explotación. Eso no significa que la destrucción quede reparada. Que una seta consiga vivir entre las ruinas no convierte en aceptable la producción de ruinas.
La trama material del algoritmo
Jason W. Moore llama «trama de la vida» a una forma de pensar que rechaza una separación nítida entre capitalismo y naturaleza. Su propuesta de ecología-mundo entiende trabajo, energía, organismos, acumulación y territorios como dimensiones del mismo proceso histórico.
Desde ese punto de vista, CROWNFIRE-AI también pertenece materialmente al paisaje que observa. El algoritmo necesita satélites, sensores, centros de datos, redes eléctricas, dispositivos electrónicos, instituciones científicas y trabajo humano. Todo ese sistema necesita minerales.
La herramienta que permite representar un bosque depende de otros territorios donde se extraen cobre, silicio y otros materiales necesarios para fabricar y alimentar las infraestructuras digitales.
La oposición sencilla entre naturaleza y tecnología empieza entonces a perder utilidad.
La bicicleta también es tecnología.
El algoritmo también es territorio.
Llegar a Xixón
Las crónicas terminan junto al Cantábrico.
Quedan detrás cientos de kilómetros, puertos, caídas, ríos, pabellones municipales, castañares, antiguas minas, incendios, comidas compartidas y encuentros con organizaciones locales.
El propio balance de la Ecomarcha evita convertir el viaje en una epopeya. La asamblea final señala que había faltado más acción ecologista y mayor esfuerzo para hacer visible la marcha en algunos de los lugares atravesados.
La observación importa. Una etnografía también debe registrar sus límites.
La Ecomarcha no explica por sí sola los incendios forestales. Tampoco demuestra que los concejos, el pastoreo, una cooperativa o un determinado modelo de prevención sean respuestas suficientes. Produce otra cosa: hace visible un paisaje poblado por relaciones que desaparecen fácilmente cuando el incendio se convierte únicamente en hectáreas, temperaturas, velocidades del viento y mapas de riesgo.
CROWNFIRE puede ganar hasta dieciséis días frente a una determinada configuración del fuego. Durante dos semanas, las bicicletas hicieron una operación diferente. Encontraron decisiones tomadas décadas atrás, comunales todavía activos, minas cerradas que continúan transformando el paisaje, castañares que vuelven a cultivarse, trabajos forestales, conflictos ambientales, memorias locales y comunidades que permanecen allí después de que se marchen los medios de extinción.
El algoritmo anticipa. La Ecomarcha recuerda que, antes y después de esos dieciséis días, alguien tiene que seguir habitando el territorio.
Fuentes primarias
- Ecologistas en Acción. Ecomarcha de verano 2026. ¡Incendios nunca más!. Convocatoria oficial.
- Ecologistas en Acción. Ecomarcha 2026: el ecologismo sobre ruedas recorre las tierras heridas por el fuego entre León y Xixón. 15 de julio de 2026.
- Carlos Alonso. Crónicas de la Ecomarcha 2026. León–Xixón. ¡Incendios nunca más!. Documento de trabajo de la organización, verano de 2026. Fuente principal de las escenas, encuentros y recorrido utilizados en esta nota.
- Universidad de León. CROWNFIRE-AI, la inteligencia artificial de la Universidad de León que anticipa el riesgo de que un incendio alcance las copas de los árboles. 24 de agosto de 2026.
- Fernández-Guisuraga, J. M. et al. CROWNFIRE-AI: Cloud-hosted software for estimating the risk of extreme crown wildfires using advanced remote sensing techniques and artificial intelligence. Ecological Informatics, 2026.
- Ecoloxistas en Acción de Galiza y Movimento UIVO. Activistas galegas e portuguesas ocupan a mina ilegal de San Xoán na Gudiña. 24 de julio de 2026.
- Europa Press. Un juzgado de Santiago abre diligencias por posible prevaricación en la concesión de una mina en A Gudiña. 14 de enero de 2026.
Referencias institucionales y lecturas
- Federación Leonesa de Entidades Locales Menores. La Federación Leonesa de Entidades Locales Menores.
- Xunta de Galicia, Consellería do Medio Rural. Os montes veciñais en man común e as súas mancomunidades.
- Saco Lemos, Victoria. «As comunidades de montes e a organización das parroquias: un estudio de caso». Cooperativismo e economía social, n.º 18, 1998, pp. 47–62.
- Copena Rodríguez, Damián. «Montes Veciñais en Man Común e Baldios: Unha análise comparativa das propiedades comunitarias de Galicia e Portugal». Sémata. Ciencias Sociais e Humanidades, n.º 30, 2018.
- Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Las Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales (BRIF) del Ministerio. Véase también Medios terrestres, donde figuran las bases de Tabuyo del Monte, Laza y Tineo.
- Amarelante Sociedade Cooperativa Galega. Proyecto.
- La Región. Terra en Pé Valdeorras se suma a la recuperación.
- Bierzo Aire Limpio. Afecciones a la biodiversidad de los incendios.
- Plataforma para la Defensa de la Cordillera Cantábrica. La Plataforma.
- Ecoloxistes n’Aición d’Asturies. Federación de Asturies.
- Fundación Miguel Delibes. Mi vida al aire libre. Incluye la referencia bibliográfica de Mi querida bicicleta (Miñón, 1988) y Mi vida al aire libre (Destino, 1989).
- Riechmann, Jorge. El socialismo puede llegar sólo en bicicleta. Ensayos ecosocialistas. Los Libros de la Catarata, 2012; edición revisada y ampliada, 2022. Véase también López Arnal, Salvador, entrevista a Jorge Riechmann, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, n.º 119, 2012.
- Comas d’Argemir, Dolors. «Ecología política y antropología social». Áreas. Revista Internacional de Ciencias Sociales, n.º 19, pp. 79–99.
- Taussig, Michael T. The Devil and Commodity Fetishism in South America. University of North Carolina Press, 1980; edición del trigésimo aniversario, 2010.
- Svampa, Maristella. «Consenso de los Commodities y lenguajes de valoración en América Latina». Nueva Sociedad, n.º 244, 2013, pp. 30–46.
- Tsing, Anna Lowenhaupt. La seta del fin del mundo. Sobre la posibilidad de vida en las ruinas capitalistas. Capitán Swing, 2021; edición original estadounidense, 2015.
- Moore, Jason W. El capitalismo en la trama de la vida. Ecología y acumulación de capital. Traficantes de Sueños, 2020; edición original, Verso, 2015.
- International Energy Agency. Global Critical Minerals Outlook 2026. París, 2026. Véase especialmente Outlook.
- Unión Europea. Reglamento (UE) 2024/1252 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 11 de abril de 2024, por el que se establece un marco para garantizar un suministro seguro y sostenible de materias primas fundamentales.
- La Nueva Crónica. El profesor Riechmann visita Fabero para hablar de ecología. 2023.
Footnotes
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Según el Global Critical Minerals Outlook 2026, la demanda de litio crecería más de tres veces hasta 2040; la de níquel, grafito y tierras raras, entre un 50 y un 90 %; y el cobre añadiría alrededor de siete millones de toneladas de demanda. ↩